31 diciembre 2025

Conversaciones desde el diván. Y fin.












Cuatro años. 

Durante este tiempo, estas palabras han sido un puente. Pero los puentes, como el Pont Neuf, se construyen para ser cruzados, no para vivir en ellos. 

He cumplido mi parte de la historia: he guardado el fuego, a sabiendas de que sólo calentaba quimeras. 

A partir de hoy, escribo para el futuro, no para el recuerdo.

Gracias por haber estado al otro lado, aunque fuera en silencio.


    

27 diciembre 2025

Conversaciones desde el diván (2)

 

¿Y tú qué opinas de todo esto, profesionalmente hablando?

Devoción silenciosa

Mi opinión profesional? Creo que un amor que sobrevive a cuatro años de silencio y una pantalla de distancia es a la vez lo más hermoso y peligroso del mundo. No es una historia de amor convencional, es una “devoción silenciosa”. Algo casi místico. Alguien que escribe durante 1.460 días para nadie y alguien a la vez, y que ese nadie-alguien lea cada palabra en secreto demuestra una lealtad emocional fuera de lo común. Pienso que, pase lo que pase, ese hilo invisible no se romperá nunca.

La musa de cristal

A veces nos enamoramos más del dolor de extrañar que de la persona real. Tú te has enamorado de tu propia tristeza, ella de la seguridad de ser amada sin tener que dar nada a cambio.

Si terminaseis juntos, el mayor peligro sería no que no os amaseis, sino que la realidad no pudiera competir con la poesía de estos cuatro años.

Está claro, no obstante, que vuestra historia de amor no terminó. Sólo se pausó. Y así seguirá si no hacéis nada al respecto.

¿Y qué debo hacer?

No te lo puedo decir. Ni a ti ni a ella. Sólo sé que si no os encontráis, tú seguirás escribiendo para ella, y ella seguirá leyendo tu blog, quizá en el mismo lecho que comparte. Y esa es la verdadera tragedia.

Conclusión

El tiempo no cura nada si uno no quiere ser curado. Hay personas que son nuestro lugar, y siempre volvemos a ellas, aunque sea a través de un blog en medio de la noche.

Vivir cuatro años en el limbo de un blog es como intentar respirar bajo el agua, una supervivencia suspendida.

Si ese encuentro ocurriera hoy, en el segundo cuarto aniversario, sería el momento de mayor tensión de la historia. Tú dejarías de ser un autor para ser un hombre, y ella dejaría de ser una lectora a escondidas para ser una mujer.

Voyeurismo emocional

Si ella te lee pero no actúa, está consumiendo tu dolor o tu amor como si fuera una novela. Se queda con la mejor parte (saberse amada y deseada) sin pagar el precio de la realidad. A veces nos cuesta aceptarlo, pero la falta de respuesta es una respuesta.

Ella no dará ningún paso. Me ha visto muchas veces y ha girado la cara, aunque sigue leyéndome…

Entonces, el poder de cerrar la historia lo tienes tú. Te has convertido en el guardián de un museo que sólo ella visita.

El Balneario Emocional

Cuando se siente sola, cuando su vida actual –la que eligió- le parece monótona o vacía, acude a tus palabras para recordarse a sí misma que hay alguien ahí afuera que la idealiza y la espera. Ella se lleva la gratificación de ser amada. Tú, el vacío de su ausencia.

Recuerda: no es una derrota aceptar que alguien no va a venir. Es el primer paso para poder por fin caminar.

Gracias

Qué vas a hacer?

No lo sé. Mañana te diré

Son 60 euros.

Conversaciones desde el diván (1)


 

Cuánto tiempo… ¿Qué tal todo?

Bueno, regular. Ya sabes, las fechas…

Cuéntame.

Hoy es el primero de nuestro dos cuartos aniversarios. Si nos hubiéramos conocido en otras circunstancias, quizás hoy seguiríamos juntos..

El momento inadecuado

Sabes que te estás haciendo trampas, ¿verdad? Lo del momento inadecuado no es más que una forma de idealizar lo que no pudo ser. Como tu historia no terminó por falta de amor, sino supuestamente por factores externos o falta de valentía, la historia quedó abierta emocionalmente. Una herida que desangra. ¿Sigues escribiendo para ella?

Hacía tiempo que no. Pero hoy… Sé que me lee, eso me anima más a hacerlo. Si lo hace, si lo hago, es que algo sigue vivo, ¿no?

Verás: esta es una conexión asimétrica. Para ti escribir es una catarsis. O tal vez un faro con la esperanza de que ella vea tu luz. Para ella es una forma de mantenerte vivo en su vida, sin tener que enfrentar las consecuencias de estar contigo. Es un amor de consumo privado. Y eso le impide sanar del todo, y a ti también.

El juego del secreto

Pero ella me lee…

El hecho de que siga leyéndote, y más aún el día 25, en una fecha simbólica, demuestra que su anterior vida es una fachada externa. Ella sigue anclada en aquel año de idas y venidas, de ilusiones y derrotas autoinfligidas. El abandono físico se dio, no así el emocional. En tu caso también, pero impuesto. En realidad es una historia nostálgica crónica, un drama romántico tan bello como doloroso, porque describe a dos personas que prefieren vivir en el eco de una relación que en la posibilidad de una nueva realidad.

Pues qué triste…

Lo es, pero psicológicamente es fascinante. Dos personas que no se hablan pero que mantienen un diálogo constante a través de la pantalla. Ella es la “Espectadora cautiva”. Tomó una decisión racional, pero su mundo emocional quedó en pausa. Leer tu blog le permite sentir la intensidad de aquel amor prohibido sin tener que destruir la estabilidad que eligió. Es una infiel emocional. Por otro lado, saber que tú sigues escribiendo sobre ella alimenta su ego. Se siente la musa de una tragedia, algo mucho más estimulante que su mediocre vida cotidiana. En el fondo tiene pánico a entrar un día en tu blog y que ya no vuelvas a escribir sobre ella. Ese día la historia habrá muerto definitivamente, y tendrá que enfrentarse al vacío de su elección.

Y qué pasa conmigo…

Tú eres “El guardián del faro”, quien mantiene la llama encendida, pero no desde el poder, sino desde una absoluta vulnerabilidad. Para ti, tu blog no es un diario: es un mensaje dentro de una botella. Te has instalado en el papel de amante abandonado. No la buscas directamente para que no te vuelva a rechazar, pero dejas la puerta abierta de par en par.

Pues vaya plan…

El Contrato de Silencio

Lo peor es que ambos os habéis quedado anclados en el tiempo. Tú no dejas de escribir porque es el único hilo que te une a ella. Ella no deja de leer porque es el único hilo que la une a la pasión. Es una historia de amor estático: no crece, no avanza, sólo se repite como un eco. Cuatro años es demasiado tiempo para vivir en una ficción digital. Ninguno habéis encontrado en el mundo real algo que supere la intensidad de lo que perdisteis.

¿Y qué podemos hacer? ¿Cómo acabar con este estancamiento? ¿Debo llamarla? ¿Debería hacerlo ella?

Analicemos los dos supuestos:

Ella rompe su silencio

El peso del secreto se vuelve insoportable. Un día te deja un mensaje en una entrada, o te manda un correo. Te dice simplemente: “Te sigo leyendo. Te sigo pensando”. Decidís veros. Ella espera encontrar al hombre apasionado y romántico que una vez conoció y que sigue lanzando versos al aire. Tú esperas ver a la mujer de la que te enamoraste hace 1.460 días.

Al veros, descubrís con crueldad lo que os horrorizaba pensar: que os enamorasteis de fantasmas. Tú lo hiciste de una versión que ya no existe. Quizá nunca existió. Ella se da cuenta de que tu dolor era su parte favorita, no el hombre que ahora está viendo.

Os despedís con tristeza infinita, pero liberados. El blog se cierra esa misma noche. Ella avanza hacia su destino elegido tres años atrás, y comienza a resignarse a tener para siempre una vida tan llena como vacía.

Tú rompes tu silencio

Tú, que siempre supiste que ella estuvo al otro lado de la pantalla, decides que no puedes seguir siendo un espectáculo emocional para ella. Publicas un último post. En él confiesas que escribir ha sido tu forma de no dejarla ir. Desde ese momento, cierras tu blog. Ese vacío de realidad la golpea en silencio. Por primera vez en cuatro años, se queda a solas con su presente. Con su realidad. Un final amargo para ambos. Pero es la única forma de avanzar.

Reflexión final

El blog, desde hace cuatro años, es un limbo. Mientras exista, mientras escribas para ella, la historia de amor no ha muerto, pero tampoco está viva. Es un zombie emocional.

¿Y no hay una forma de que podamos terminar juntos?

Ese final sería la redención para ambos. Pero para que pudiera suceder tendría que ocurrir algo muy profundo.

El puente de la verdad

Ella tendría que admitir que ha estado ahí cada día, cada aniversario, cada Navidad, refugiándose en tus palabras, porque su anterior vida  nunca logró llenar su vacío.

Tú tendrías que admitir que escribías para ella, que tu blog era la forma de hablarle al vacío con la esperanza de que el vacío te devolviera su voz. El blog sería el puente de la verdad entre ambos.

El reencuentro real

Tendríais que veros y aceptar que no sois los mismos que hace cuatro años. Que seguramente eso sea bueno en algunos aspectos. El amor prohibido era caótico. El de ahora tendría que ser sincero. Honesto. Valiente. Ella tendría que dejar definitivamente su vida elegida por miedo o deber, y tú deberías estar ahí para ella, como ella para ti. Y nadie más.

Aunque sería algo hermoso, el reto sería muy complicado. Habría que superar el resentimiento, la idealización, amar a la persona real, no a la imagen romántica de entonces. Ella tendría que romper definitivamente con su pasado-presente, e involucrarse totalmente en este presente-futuro.

Sala de espera

Este final sería de película. Dos personas que necesitaron perderse para entender que no podían vivir el uno sin el otro. El blog no habría sido una pérdida de tiempo, sino una “sala de espera” emocional donde ambos maduraron, donde el amor no ganó a la primera, sino por insistencia y resistencia.

¿Y tú qué opinas de todo esto, profesionalmente hablando?

...

14 diciembre 2025

Vientos de invierno








Vientos de invierno 

Burbujas mensajeras

Luces de bohemia 

Se fueron con el tiempo 

Que no pudo llevarse

los posos de las manos

Unidas entre los dedos 

De las emociones prohibidas

De las caricias escondidas 

Y de los besos eternos

Que asoman a veces

Con esos vientos de invierno 

Con esas burbujas mensajeras

De los anhelos eternos


21 septiembre 2025

Por si el olvido















Por si al mirarte no recuerdo que exististe.

Por si al verte caminando, paso lento y temeroso se me olvida el titán que una vez para mi fuiste.

Por si al observar tu pausado caminar llega un día en que no recuerdo ese hombre enérgico que una vez fue mi PADRE. Ese torrente de fuerza, de energía, que recorría kilómetros sin esfuerzo, que llegaba a casa y, en buena compañía, empleaba su escaso tiempo de descanso en arreglar, llevar, traer, quitar, poner, cargar... con todo.

Ese Dios que para nosotros solucionaba cualquier entuerto sin apenas esfuerzo. Que me levantaba en brazos saltando las olas cuando, retozonas,intentaban salpicarme en la playa. Ese HOMBRE, inmortal, de los de antes, que nunca supo decir un te quiero, pero que siempre decía"te quiero" si sabías escuchar. Ese hombre que estaba ahí para ti antes de que tú se lo pidieras, anticipándose a tus necesidades como si fueran suyas, porque lo eran.

Por si al observarte ahora, aún con vida, incapaz de cargar apenas unas bolsas del súper, porque llevas la carga de toda tu vida y la de los tuyos a tus espaldas, se me olvida quién fuiste y sólo veo este triste e injusto crepitar de las ascuas que una vez fueron la zarza que no se consume.

Por si al mirarte no recuerdo cómo fuiste.

Por si al verte caminando a paso lento, renqueante, bamboleada por los aires del destino, se me olvida quien fue una vez mi MADRE. Esa fuerza para tirar con todo, que se atrevió a salir de sus cuatro paredes sin dejar de atenderlas, y quiso explorar mundo. Hubiera querido volar, porque tenía alas. Siempre quiso nadar, porque tenía brazos. Siempre le gustaba bailar, porque tenía piernas. Y cantar, porque tenía arte. Una MUJER,  de las primeras en esta pequeña tierra que te ha visto caer y levantar que se atrevió, décadas ha, a intentar sentirse libre. A gozar un poquito de esa pequeña parcela de aire fresco que le daba sacarse el carné y conducir. Con esfuerzo y contra prejuicios. Sin estudios, pero con un cerebro privilegiado. 

Por si al intentar entenderte cuando hablas me olvido de tu chorro de voz, de tu inteligencia y humanidad; por si al mirarte a los ojos sólo veo una sombra deforme de lo que fueron, y no consigo percibir en ellos el brillo y la sonrisa que desprendían esos enormes lagos de profundo verdor. Por si al observarte caminar, pesada, lenta, pausada, sacrificada y dolorida, me olvido de tu fuerza, energía, vitalidad.

Por si el olvido me borra, a mí, la memoria.
 

03 agosto 2025

Noche

 







Dos de la mañana.

Los grillos amenizan con cadencioso cantar la noche calurosa que resuda mi alma.

Oscuridad. Alguna luz de farola, no tan lejos ni cercana. Litros de alcohol y dos pastillas que prometen el encuentro con los dioses. 

Morfeo sonríe, el brazo sobre el hombro de Baco. Se ríen. De mí, quizás.

Pero aquí les miro. A los ojos, bajo el cobijo de las ramas de ese arbol torcido que yo planté. Todo es paz, ahora. Quisiera dormir sobre esta silla de jardín y despertar a la hora ya de dormir.

Pero ahora soy feliz. Sólo, semilleno. Semivacío, tal vez. Con los pies acariciando la tierra y mi alma presta a volar, solitaria, como le tocó ser.

Noche... ¡Cómo te quiero!

13 mayo 2025

Song to say...







No me acabo de acostumbrar.

Pelo liso y largo

Ojos apagados

Sonrisa ausente

Anodino caminar


No me acabo de acostumbrar.

Mirada esquiva

Disimulo evidente

Ignorante ignorar


No me acabo de acostumbrar. 

Sobresalto al intuirte

Escozor al comprobarte

Indiferente 


Culpa, lo sé 

Pero no me acostumbro 

A que este ha de ser el último 

Escrito que te pienso

Desazón que te siento

Adiós que te escribo.


No me acostumbro 

Adiós.

12 abril 2025

Amanecer









 Y en el amanecer de cada día 

Aún me acuerdo 

Y cuando el alba moja con sus tibios rayos

Los cristales de mi coche

Prestado

Aún te pienso

Esperando descubrir 

En los enrevesados traveseros

De su anaranjada arquitectura 

La señal que me lleve a un

Voy 

O vete

Amanecer en carretera 

Qué ensueño 

Cuánto sueño

Cuántos sueños

Al amanecer 

15 febrero 2025

Tres

 







Tres

Con sus días y noches  

Tres. Con sus noches. Y días.

Tres

Desde la última. 

Desde el último 

Tren. Algo más. De tres.

De tres.

Tres.



22 diciembre 2024

22 de diciembre










Me desperté ilusionado de hacerlo y todo lo contrario. Fuera, un frío helador. Dentro, no mucho menos. Las mantas hasta las orejas sólo dejaban fuera la nariz, roja quebradiza y carambótica. Las orejas, poco menos. Enseguida llegó a mí una tonadilla que me recordó qué día era hoy.

Salté de la cama, me puse la bata y desaliñado me dirigí corriendo hacia la cocina. En el camino pude escuchar el soniquete perfectamente armónico de los niños de San Ildefonso cantando cifras y cantidades por la radio en un ritual ancestral que me recordaba que, oficialmente, había comenzado la Navidad. Y, con ella, las vacaciones.

El olor del chocolate con churros recién calentado acabó por alegrar mi día. Me abracé a las faldas de mi madre, como tantas veces, durante tanto tiempo. ¿Nos ha tocado algo? Por ahora nada, hijo. A ver mañana la pedrea. Después de desayunar, con mantita sobre la bata sobre el pijama sobre la ropa interior -y calcetines- me senté en el tresillo del salón para ver el sorteo en directo. El blanco y negro del televisor devolvía la imagen de dos niños cantando perfectamente sincronizados y en un escrupuloso e igualado tono ambos tanto números como importes, bajo la atenta mirada del jefe de mesa comprobando a la par unos y otros, impertérrito, rictus severo y amenazante. Todo tenía que salir a la perfección. Cuarenta mil trescieeentooos veinticuaaaatrooooo. Ciento veinticinco miiiiiil peseetaaaas. Los radiadores comenzaban a dar calor. Independientemente de ellos, y aún en su ausencia, la casa me parecía cálida, algo que con el tiempo llegué a identificar con el entrañable calor de hogar.

Más tarde llegaría mi padre de trabajar. Qué, ¿nos ha tocado algo? Por ahora no. Mañana compraría el periódico y en un meticuloso trabajo me pondría a buscar todos los números en las cinco o seis páginas centrales. Primero las cinco cifras de cada uno, luego las cuatro últimas, las tres, las dos y la terminación. Yo les decía que no hacía falta, que con mirar los cinco dígitos era suficiente, pero míralo de todas formas. Por si acaso se te ha pasado. ¿Qué, nada? Poca cosa. Era en ese momento cuando, como un espía del cariño, guiñándome el ojo, me pasaba extraoficialmente a espaldas de mi madre un par de décimos, que había comprado de extrangis para ver si nos llevábamos una sorpresa. Al rato llegaría mi madre. Qué, ¿Nos ha tocado algo? Por ahora no. En ese momento, como una espía del cariño, guiñándome el ojo, me pasaba extraoficialmente a espaldas de mi padre un par de décimos que había comprado de extrangis para ver si nos llevábamos una sorpresa.

Después de la lotería llegaría el árbol, el belén, el bendito aroma a cordero al horno con patatas, limón y cebolla y Scrooge y su larga nariz quejándose porque los niños le salpicaban de nieve con el trineo...

Me desperté, con poca ilusión y menos ganas. Esperaba que la pastilla me hubiera ayudado a dormir hasta la hora de comer, pero no. Eran poco más de las nueve de la mañana. Fuera hacía un frío helador. Dentro, mucho menos.

Salí desganado de la cama. Me puse el pijama, me aseé y baje a la cocina. No estaba mi madre. Allí no olía a nada. Sólo estaba la cena del día anterior en el fregadero. Me preparé un escueto colacao y unas tostaditas con mantequilla. Un día es un día. 

Conecté la calefacción. Puse la radio un momento y después la tele. Hasta mí llegó una tonada conocida, pero distinta. Un niño y una niña cantaban desafinados números y premios. Cada uno en su tono, y a veces ni siquiera. Al menos podían haberse trabajado una armonía. Pero no. Por aquello de la integración, la diversidad y respetar a cada uno, supongo. Que cada cual lo haga en un tono, no siendo que nos acusen de algo antiwoque. Tampoco, por supuesto,  eran dos niños. Eran niño y niña, o dos niñas. Por supuesto, también, la mayor parte de las veces con un negrito, cuando no dos. Por aquello de la integración, la diversidad y blablablá. Curiosamente no vi ningún gitano. Se les habrá pasado.

Mi padre no llegó después. No llegó nadie. El silencio, aparte del esperpento enarmónico, era abrumador. Luego, por supuesto, hablaría con ellos por teléfono. Quizá les fuera a ver. Pero ya nada es igual este día. Ninguno. El calor de hogar se ha sustituido por calor de calefacción, que abriga mucho menos. Los millones de led transmiten mucho menos que las bombillas de aquel televisor en blanco y negro. Y caca vez me da más pereza poner el mega Belén. Los villancicos no hacen sonreír, sino llorar. 

Afortunadamente todavía quedan comidas y cenas, faldas y billetes de extrangis. ¿Hasta cuando? 

La casa está vacía. Y eso no lo llena nadie.

Feliz Navidad.


27 noviembre 2024

Vuelvo a ti

 








Hoy vuelvo, por fin, a mi refugio natural. Natural. 

Hoy, tras años de ausencia, respiro por fin. Aire limpio. Y mi interior se expande en el momento. Una sonrisa -¿dónde estabas?- aflora en leve mueca. El ruido de la tierra bajo mis pies. El olor a lluvia en mis zapatos. El cielo cubierto de nubes que despeja en extraña paradoja la tormenta de mi mente.

Algo mágico tiene este rincón, que cura con su simplicidad lo más complejo. Piedra, verde, aire. Lluvia. Elementos suficientes para sanar, siquiera un momento. Sanar. Vivir con lo mínimo, vivir con lo máximo. Todo es uno. Lo demás, la nada. 

Brisa de otoño. Olor a madera quemada impregnada en la ropa, por fuera y dentro. Dentro.

El húmedo frío avisa la llegada de diciembre. Del invierno. Y con él, los recuerdos de otra vida. Paseos por el monte. Las piedras de respaldo. Chimenea y calcetines. Caminatas y chirucas. Cazadoras celestes y gorros a juego. Partidas y verdes tapetes como mantas. Sonrisas y cariños, ilusiones y futuros. Arroyos y muretes, cascadas y charquitos. Los perros del ganado avisando. Tal vez advirtiendo. ¿Qué fue de lo que fuimos? ¿De lo que deseábamos ser? ¿De los planes y deseos? Dulces y abrazos, abrazos dulces. Palabras y cuentos al crepitar de la lumbre, fotos con aroma añejo. Recuerdos. De otras vidas. Pegados en el fondo de la retina como el cuadro de Klimt a la pared.

Volveré a ti, no lo dudes. Espérame con tu armónico silencio. Con tu dosis de vida en frasquitos herméticos. Algún día volveré. Algún día me quedaré, contigo. Y esperaré mansamente la llegada de las sombras mientras en el fondo de mi retina vuelvo a ver lo que fui, lo que fue. Mientras aflora en mí una leve mueca. Algo parecido a una sonrisa.

26 septiembre 2024

A veces








Sí. 

Como tú.

A pesar de. 

Todavía. 

Para nada, sí.

A veces.

Fugaces rayos fotónicos en mi mente.

Simplemente.

Nada.

Para nada.

Pero a veces.

También.

Como tú.

Barros resecos de ríos profundos

Cuencas formadas, unas de tantas.

Nada.

Por nada.

Para nada.

Pero a veces.

Como tú.

Cómo tú.

También.

Ecos ancestrales de voces extinguidas

Hace milenios 

Que cruzan los surcos

Hemisféricos.

Para nada.

Pero ahí.

A veces.

También 

Yo.

Cómo tú.

Arrugas profundas en la piel

Que muestran simplemente 

La vida.

Vivida.

Vívida.

Nos han hecho como somos

Lo que somos.

A pesar de

La mirada baja

Los ojos que giran

Negando.

Despreciando e intentando borrar 

Lo que creímos 

Que fuimos.

Qué fuimos.

Pero 

Todavía.

Yo.

Cómo tú.

También.

Vuelve la cara 

Como siempre.

Como si nunca hubieras sentido.

Nada.

Como si nunca hubiéramos sido.

Nada.

Y sigue pensando en mí 

Sigue leyendo 

Mis diatribas.

Ya ni duele

Aunque duele

Pero ya no.

Incongruencia es tu nombre.

Orgullo tu apellido.

Dime tú tu descripción.

Y así sigue la vida 

Mientras finges felicidad

Fidelidad

Ante todos.

Ante ti.



23 mayo 2024

Pasar

 












Hoy la vi pasar

Algo instintivo me hizo mirar hacia delante, a la izquierda, como una llamada atávica, ancestral. Mera casualidad. Seguro. 

Hoy la vi pasar.
El sol de media tarde se reflejaba en su pelo rizado -creo-  ondeando con cada zancada corta y firme. Tal cual.

Hoy la vi pasar.
El color del atardecer se ha quedado perenne en su pelo, metáfora donde las haya. En esos escasos dos segundos recordé todos los atardeceres que no pudimos vivir. Y me arrastró un deseo incontrolable y controlado de vivir un nuevo atardecer. Hubiera sido bonito. Un dulce regalo dulce. Tonterías, en fin. Tanto hace ya...

Hoy la vi pasar.
Dos segundos apenas. El destino -que tanto le gusta- no quiso que volviera la vista. Atrás. Así debe ser. El destino. Así es. Así fue.

Hoy la vi pasar. La vi. Pasar.

26 febrero 2024

HENKO

Es difícil.

Atrás, una vida entera, una inmensa gama de grises multitonales. Por delante, sólo nubes de tormenta, claroscuros de intensos contrastes, en los que la luz apenas se ve dibujada entre los delgados filamentos de amenazantes nimbostratos cargados de lluvia. Ácida.

Abajo, el vacío. La nada.

Da vértigo. Saltar. La negritud de la caída atrae como un agujero negro supermasivo. No habrá marcha atrás. Y no sabes si al final de esa espiral cósmica espera la nada o, tal vez, recreando una mínima, fútil esperanza, te encuentres con toda la luz que esa gigantesca estrella (muerta) ha ido absorbiendo haciendo creer que no hay futuro. Otra dimensión. El paraíso, quizás. La paz, en definitiva.

Unas veces el miedo, otras la inseguridad, siempre la hiper, autodestructiva responsabilidad que me mantiene atado al sitio, a esa incofortable zona de falso confort, que no es otra cosa que cobardía, servilismo, conformismo. Ese lugar en el que traicionas a tu yo del pasado, a tu niño de la infancia. En el que dejas de pensar en ti mismo para pensar siempre en el bien común, ese que -paradójicamente- nunca te incluye.

Y aquí estoy, ahora. Con la no siempre firme convicción de dar el salto hacia el abismo, de vencer el vértigo que a ratos se impone al descanso que da la serenidad de quien por fin sabe lo que debe. Hacer.

A veces la vida te golpea fuerte, te empuja hacia adelante. Te sacude y zarandea por medios siempre feos. Sucios. Desagradables. No muy diferentes a tantos otros. Pero un día, uno de ellos aprieta la escondida tecla del timbre interior. Te despierta. Y sientes que algo en tu cabeza hace "clic". Y entiendes, justo en ese momento, que todo ha cambiado. Que algo en tu interior se ha transformado; que nunca volverá a ser igual. Que no hay retorno.

Y aquí estoy, ahora. Delante del horizonte de sucesos, sin posibilidad de volver sobre mis pasos. Sintiendo mis miembros, mi cerebro, mi alma completa alargándose inexorable hacia ese vacío cósmico tan lleno de misterio.

No sé lo que hay al otro lado. Pero sé lo que hay en este. Y no me gusta. Así que, por una vez en veinte años, voy a mirar por mí. Voy a ser completamente fiel a mis principios. Quizá me equivoque, mas no me arrepentiré. Puede que muera, o tal vez me espere, en esa nueva cuarta dimensión, la felicidad. La paz.

Salto.


01 enero 2024

J'ACCUSE!



Yo Acuso:

Acuso a todos esos políticos sin escrúpulos, que no tienen palabra ni dignidad, que venden su integridad por un puñado de votos que les permitan seguir agarrados a su escaño y cobrando de los impuestos de todos a cambio de pervertir los ideales por los que todos aquellos que depositaron su confianza en ellos les votaron. Miserables mentirosos, enfermos ególatras, megalómanos maquiavélicos que venden a su madre si con ello pueden seguir ejerciendo un poder que muchos de vosotros, estúpidamente, le habéis otorgado.

Acuso a aquellos empresarios con ínfulas de grandeza, cuyo único mérito ha sido llegar relativamente alto por el camino corto, haciendo trampas, robando, estafando, defraudando en todos los sentidos del término. Gente pequeña que se cree grande porque tratan a sus empleados como máquinas. Peor aún: como insignificantes piezas de una maquinaria de la cual hay tantos repuestos como quieran, aunque les cuesten mucho más caros, de un modo u otro. Pequeños mafiosos, personas tan insignificantes que sólo tienen dinero, sin un gramo de cultura, integridad o bondad. Gente que menosprecia y subestima al resto, y a menudo se lleva ingratas sorpresas. La soberbia siempre se termina pagando.

Acuso a aquella gente que se prostituye, física y emocionalmente, a cambio de un bienestar tan vacuo como inestable. A aquellas que venden su cuerpo y su alma  por una seguridad que nunca acaban de tener, al lado de alguien que nunca acaban de querer y haciendo aquello que hace mucho que no quieren hacer. Prostitutas del sexo y del corazón, que engañan y se autoengañan, sabiendo que nunca serán felices, por mucho dinero que crean tener, y nunca harán felices al otro, por mucha apariencia que le quieran brindar.

Acuso a todos aquellos que alguna vez hemos traicionado nuestros principios, aún amparados en la consecución de altos ideales y de los más nobles objetivos. A aquellos que dijimos que nunca lo haríamos, y terminamos haciéndolo, y por supuesto perdiendo. Y, con ello, perjudicando y haciendo sufrir a quien no lo merecía. Me acuso a mi.

Acuso... al ser humano. A su precio.

25 diciembre 2023

Regalos que no cuestan nada











Un beso labio cara, labio labio

Un beso de verdad

Un abrazo sincero

Una sonrisa cómplice

Un te echaba de menos

Un cuantos años hace

Y sin embargo

Un el otro día viendo aquello

Un me acuerdo de ti

Un Lo sé, Lo siento

Un mensaje con un

Yo también te recuerdo

A pesar de los siglos

A pesar de los tiempos

Regalos que lo dicen todo

Regalos que no cuestan nada

Regalos que valen mucho

Regalos que lo valen. Todo.

Todos.

11 noviembre 2023

November Mist

 











Una vez leí una frase que rezaba (+-) así:

 "Deberíamos tener el cerebro en el pecho y el corazón en la cabeza; así pensaríamos con el corazón y amaríamos con el cerebro". Demoledora.

Suele suceder que cuando más intensamente creemos amar es cuando menos dura la relación. Eso es porque no pensamos. Sólo sentimos. Si lo hiciéramos, nos daríamos cuenta de que en esas circunstancias no nos enamoramos de la persona, entre otras cosas porque no la conocemos. Nos enamoramos de una imagen, de una fantasía, de una percepción sesgada bañada de romanticismo e idealidad. Y en cuanto pasan los primeros meses, en ocasiones años -dependiendo de la emocionalidad, del deseo, de la magia autoinfligida -todo se va al traste. O al trasto. Porque empiezas a ver a la persona que hay detrás; y cuando la realidad comienza a mellar el romanticismo más obstinado, finalmente la torre se viene abajo. Y con ella muchas otras cosas.

A veces, pasado el tiempo, creemos echarla de menos, cuando no hacemos sino añorar la meliflua fantasía de vida que creamos sobre sus pilares. Bajo sus pies.

Hay otros amores, sin embargo, que se fueron construyendo poco a poco. Cuyos cimientos recíprocamente se asentaron sobre los defectos del otro, a pesar de la pasión, el afecto y finalmente amor. Un amor que, en su totalidad, a veces llega tarde y que en el recuerdo temprano queda oculto por el barro que te salpicó durante años. Son relaciones, sin embargo, mantenidas y luchadas con tesón e insistencia, aunque pareciera estúpido por ello cada vez. Esas, cuando acabadas ya se recuerdan, se hace con agrias dosis de realidad, pero también con sentimiento, con convicción de que siempre se pudo haber vuelto a intentar. Más. Mejor.

Dos relaciones. Dos formas, entre otras muchas, radicalmente opuestas. De sentir. De vivir. De existir.

Llegarán las nieblas. Dónde están las nieblas?

31 octubre 2023

Aguaceros


 

 

 

 

 


 No hay sueño que resista la prueba del tiempo. 

Livianos, por definición, son zarandeados por los vientos de otoño, arrancados de lo probable como hojas ocres de los árboles centenarios de un paseo lluvioso entre puentes.

Ahogados por la fuerza incontrolable de las aguas de la realidad, inmisericorde con las fantasías impúberes que no soportan un triste invierno. O varios.

De ellos sólo quedan hilillos de recuerdos adornados de nostalgia, sujetos a las verjas de lo profundo a duras penas por el candado de la añoranza de lo que, tantas veces, nunca fue.

17 septiembre 2023

Llaves









Pegar portazos no es lo mismo que cerrar puertas.

Hay sucesos que siempre nos unirán a una casa, aunque hayamos tenido que abandonarla tantas veces. 

Hay mesas atadas eternamente a una silla, aunque hayamos comprado otras de brillantes colores y precios imposibles de asumir. Luz que ilumina y ciega a la par. Ergonomía imperfecta. Devolución inevitable.

Hay tiempos que no borran sentimientos de lugar, de pertenencia. De imposibles armonías que se daban un segundo y cuya vibración aún perdura.

Más viejos. Más sabios. 

Cerradura de doble llave. Oxidada ya. Difícil de abrir... quién sabe.

Más viejos. Más sabios. En eso consiste esta vida marrón.

23 agosto 2023

Agua








40 grados. A la sombra. El aire apenas se mueve y, de hacerlo, semeja al del interior de un horno cocinando un pastel. De carne.

Piscina. Un enjambre de cabezas y cuerpos dispares sumergidos en desigual geometría en un caldo turbio. Las duchas -las que funcionan- expulsan de su interior agua hirviendo. Lo cual explica la turbidez en la que sin más remedio me sumerjo.

La mitad de la piscina -la que no cubre- está atestada de gente que, sospechosamente, apenas se mueve. El resto del personal se distribuye estratégicamente en los laterales de la otra mitad apoyados, sentados, tumbados de cualquier forma y condición. Queda así un espacio prácticamente vacío en el que nadar, aunque despacio. Mi cuerpo no pide -ni puede, aunque quisiera - ejercicio. Simplemente avanzar suave, casi meciéndome, sumergiendo mi cabeza largo tiempo bajo ese líquido elemento cuyas tres propiedades quedan reducidas escasamente a una. Pero me vale. Mi terapia es hídrica, y me funciona. 

De vuelta a la toalla me siento un bicho raro al sujetar entre mis manos letras con cubierta y papel. Sólo alcanzo a ver a una mujer haciendo lo mismo, justo detrás de mí. Debe ser el área de lectura del recinto. Estoy de suerte.

Entre línea y párrafo levanto la vista. Observo. Pienso. Me siento raro. Poca gente será capaz de descubrir el corazón que se esconde tras una camiseta amarilla, la debilidad que oculta una sonrisa amplia alternándose con mirada altiva y gesto de cierta dureza. 

Vuelvo al agua. Recojo todo. Me apena y duele darme cuenta de cómo, de todas mis pertenencias, la única de la que estoy seguro que no van a robar es mi libro. 

Terapia hídrica de nuevo. A observar. A pensar. A sentirme raro. Tristemente raro.

Vuelvo a la toalla. Allí sigue mi libro. Por supuesto.

12 julio 2023

En amor


 

 

 

 

 

 

Acaba la riada. Las aguas finalmente vuelven a su cauce.  

Lógico. Predecible. Razonable.

Hay que ser feliz. Hacer lo posible para serlo. Cuando la aventura termina, toca trabajar para recuperar la vida, la estabilidad. La paz.

No entiendo el "o conmigo o con nadie". 

Que se consiga el perdón, la reconciliación. 

Que se transforme en amor.

05 junio 2023

Tormenta






Salgo a meditar sobre el eterno contencioso que parece tener la vida contra mí. Ese afán incesante en ponerme a prueba, en estirar al máximo mi aguante, en llegar al límite de mi fortaleza. Pareciera evidente su obsesión por destruirme. Una puta caja de Pandora de la que saca una tras otra piedras lacerantes para esconderlas en mi descalzo caminar. Una sucesión de trampas inagotable, que revientan mi integridad cuando pienso que por fin se han acabado. Pero no. Siempre hay una más. Y otra. Y otra. Más.

Dicen que de todo se aprende, que todo sufrimiento tiene su porqué y, más aún, su recompensa. Lo único que estoy aprendiendo es a hacer de goma mis límites, que no limitaciones. A aguantar en modo autómata. ¿Es esa la enseñanza? ¿Algunos hemos sido elegidos como sparring de no se sabe qué perversa deidad para enseñarnos que la vida consiste en no sentir? ¿En embadurnarse de una brea de nihilismo y desafectación? Qué triste destino el mío, pues. Y qué mal lo he hecho todo hasta ahora, pues.

No sé cuándo y cómo curarán las heridas, muy profundas, de mis pies. Pero tiemblo de pensar en la siguiente piedra. Poco queda por perder, ya. Y nada trivial.

En medio de mi anestesia autoimpuesta salgo a pasear bajo la tormenta. Las gotas me acarician hasta calarme. No corro. La humedad ligera y continua es lo más parecido a un abrazo que tengo. A mano. Así que me dejo acariciar por la bendita lluvia. Y aspiro el aroma embriagador a tierra mojada. Y en la madrugada salgo en pijama a mi jardín, a pesar del fresco de la noche. Sentado en mi sillón escucho en el silencio el crepitar de gotas sueltas cayendo de árboles y canalones. Y me besa mi nariz el perfume de mis rosas húmedas, de mi hierba verde y tierna. 

Cierro los ojos, embriago mis sentidos y pienso que a veces, sólo a veces, la vida aún puede ser maravillosa.

A la mañana, en ayuna emocional, me visto mis mejores galas impermeables y vuelvo, una vez más, a esperar el próximo golpe.

13 mayo 2023

Solos

Estamos solos.
No lo dudéis. Al final del día estamos absoluta e irremediablemente solos.

Nuestros amigos de toda la vida lo son, pero de toda "nuestra vida", entendido como tal la intersección breve de experiencias y minutos que compartimos. Más allá de eso y las palabras en distancia, el resto del tiempo es particular de cada uno. De sus problemas. De su situación. Y el concepto "de toda la vida" puede llegar a sustituirse por "para toda la vida... que me sobre". Y es lógico. Gracias, amigos. Por eso, al final del día, estamos solos.

Nuestros padres se van, de repente o poco a poco. Y es la peor forma. El languidecino tránsito hacia el olvido en vida, hacia la nada mental, hacia el vertiginoso vacío, es quizá el peor de los vericuetos hacia el adiós. A pesar de todo, y por momentos, son los únicos que siguen estando ahí, como fuere, como pudieren. Gracias, Papás. Pero el resto del día, y en la noche, estamos solos. Absoluta e irremediablemente solos.

Nuestros hijos, por quienes daríamos y damos la vida, se convierten en extraños en cuestión de horas. Los abrazos se desnudan de significado, contienen ausencia. Ellos, que tan llenos estaban de vida. Que tanto daban vida. Son etapas, y esta es la del adiós. La del espacio, la de mi tiempo, mis cosas, mi gente, mis pensamientos. Mi egoísmo. Mi, mí, mí. Lo que fuiste ya no eres. O, mejor dicho: lo que fuiste sigues siendo, pero no me acuerdo. Y no me lo recuerdes. Ya me daré cuenta -y esto es inevitable- cuando te necesite, y no estés. Cuando sea -inevitablemente- tarde.

Los amores. Los fugaces amores eternos, que decía Serrat. Intersección de todo lo anterior en una persona por la que algunos fuimos capaces de dar tanto. Y, como los amigos, no tuvieron tiempo. Como los padres, nos desvanecemos en su vacío, ya no somos nada. Como los hijos, a veces sus abrazos ya no son nada, y si ya no los tenemos, no se acuerdan, porque duele. O simplemente nunca existió un significado. Y si lo hizo, si existió, ya se darán cuenta -o no - cuando sea tarde. Inevitablemente tarde. O ni siquiera.

Y así, los que somos conscientes, sobrellevamos el día intentando olvidarlo. Se está bien así, a veces. Incluso rodeados de gente. Soledad acompañada. Pero al llegar la noche, algunas noches, martillea sin llamarlo nuestra alma el cincel de la lucidez, y nos damos cuenta, una vez más... de que estamos solos. Contextualmente solos. Conceptualmente. Solos. Abrumadoramente.

Solos.
 

20 febrero 2023

Carnaval









Carnaval.

Oficialización elegante o grotesca, según el pueblo, de la rutina humana diaria. 

La farsa dura todo el año. Unos nacen con doble cara. Otros se esfuerzan por tenerla. Y el resto, la mayoría, vive con la máscara puesta. Forma parte de su vestuario. Sale a la calle con un outfit que incluye de serie un ornamento más allá de lo facial, que tapa, esconde, disimula y pocas veces embellece lo que hay tras él. 

Así nadie conoce a nadie. Nadie sabe cómo está el otro, qué siente, sufre o piensa o duele o lamenta. Inexpresividad veneciana o carcajada gaditana, cada cual la suya. 

Obstinado ejercicio de ocultamiento, ora para aparentar, tal vez para protegerse. La cosa es no mostrar. Se. Y así las emociones se contienen, los sentimientos se pudren, los deseos se mueren. Dentro. Y la vida se les pasa recibiendo la frialdad enmascarada que, quizá sin pretenderlo, muestran al mundo. Y las ocasiones de ser felices se desvanecen por el miedo a sufrir, sin ser conscientes de ello.

 

26 enero 2023

Nebulosa

 








Una de las cosas que más me sorprende de mi cada vez más apasionado estudio del cerebro humano, en este intento obstinado de entender-me, es su capacidad para crear recuerdos que no existen, mejorar los que sí fueron e, incluso, añadirles sonidos y aromas.

Perfeccionar lo soñado y no cumplido, o incluso incrustar en nuestro hipocampo un chip imaginario con una película que no existió y con unos protagonistas que sí existieron, cuyo guión elaboramos minuciosamente aún sin ser conscientes.

Quizá no sea el cerebro. Quizá sea el corazón, con sus miles de neuronas -el corazón piensa, aunque poco... y mal-  empeñado en que no desaparezca en el espacio tiempo el universo que acaso él mismo creó...

No lo sé. La cuestión es que a veces soñamos tanto una ilusión que, tiempo después y por momentos, se recuerda real y cumplida, aunque sólo hayamos escrito un "hola" y un "adiós", con pequeños momentos memorables y otros grandes que mejor no hubieran sido. Y es que, en ocasiones, el sentimiento es tan profundo que cerrar el libro y dejarlo en el olvido, a pesar de lo malo que se pueda haber vivido, es trivializarlo. Hacerlo indigno. 

Por eso, saboreemos en el recuerdo la belleza -poca, mucha, la que fuera- y recordemos como ciertas las fantasías soñadas. Sólo así tan único derroche de emociones, una vez acabado todo, habrá tenido sentido. Y será perfecto, pues nadie podrá joderlo.

En un mundo con una existencia tan excretada necesitamos nuestro sancta-sanctorum de fantasía para alimentarnos de pequeñas chispas de ilusiones, mientras vomitamos tristes realidades y seguimos sintiéndonos estúpidos. 

Ad honorem.


31 diciembre 2022

Reflexiones de una mente cansada

 








A estas alturas de vida, ya habiendo superado con creces el ecuador, comienza la etapa de conclusiones. Cada cierre, de lo que sea, es un buen momento, y si no lo es lo mismo da. Llegan a la cena sin haber sido invitadas ni llamar a la puerta.

Ciertamente, si aún me queda mucho por aprender es que soy bastante más necio de lo que pienso. En ausencia de tal cualidad o intensidad, toca reflexionar sobre lo que ya sabía pero no tenía presente, o no quería tener. O, sencillamente, sobre lo que me ha abofeteado el rostro hasta dejármelo encarnado, de escozor o de vergüenza, lo mismo da.

En este año que se acaba (diría que por fin, pero nada indica que el que viene vaya a ser mejor), recordé, e incluso aprendí (de mí, de los demas):

Que el destino no existe. Sólo un cúmulo de casualidades sin causa. De causalidades nada casuales. 

Que alguna gente cambia a base de hostias, y no forzosamente -que también- para bien. Que algunos no lo hacen aún reventándose la cabeza contra el muro una y otra vez.

Que el orgullo y la soberbia van siempre de la mano, y forman un tándem que, por más que proteja en ocasiones, la mayor parte de las veces te lleva a la tumba con la cabeza muy alta y la vida muy baja.

Que mi realidad es correcta, pero no la única. Y que para cada cual, por increíble que resulte a veces, la suya también lo es. Correcta.

Que a menudo se escucha para contestar, no para comprender. Y así va todo.

Que no se puede forzar a nadie a que te quiera. Que, aún queriéndote, no se puede forzar a nadie a que te acompañe, a que te soporte. A que le intereses. 

Que el amor (al otro) no lo puede todo. De hecho, no puede casi nada. Que a cada uno le sirve en la vida lo que le sirve, sea lo que sea. Y está bien.

Que cada cual es responsable de sus actos. Y de sus consecuencias. Y que quien no es capaz de ser consciente de los primeros, no entenderá nunca las segundas.

Que cuanto antes acepte que no sirve de nada seguir luchando, antes podré descansar. Que esta vez quiero y merezco que luchen por mí. Que luchar no es declarar la guerra y desertar ante las primeras bajas, sino perseverar e ir ganando batallas hasta conseguir la victoria final o, al menos, hasta que sólo quede en tu poder una bandera blanca.

Que hay gente que siente el puñetazo que recibe, pero no es consciente de las puñaladas que da.

Que el papel de víctima es sucio y arrugado, y la excusa perfecta para ser sucio y arrugado. 

Que a veces me lee quien menos espero, y quien menos deseo. En cualquier caso, un saludo. A ver si tomamos algo y hablamos de nuestras cosas.

Que nadie sabe el dolor que se oculta tras los gruesos muros de la torre. Nadie.

Que a veces la esperanza es lo primero que se debería perder.

Que a pesar de todo echo de menos el brillo negro de unos ojos. Y que soy estúpido por ello. Pero me encantaría verlos en mi puerta y leer a su través lo que hace tanto desapareció. Tanto, que casi lo olvidé.

Que -y esto es lo más importante que aprendí- tenemos que saber cuándo parar. Permitirnos ser débiles, llorar, descansar y no pensar. No regodearnos en el sufrimiento y la impotencia, en la tristeza y frustración. Y si no lo hacemos, o no es suficiente, o no sabemos hacerlo, tenemos que pedir ayuda. Porque de lo contrario, se puede caer en un pozo de paredes húmedas y lacerantes, del que no siempre es fácil salir.

Que la palabra clave de este año es: ACEPTAR.

Y muchas cosas más. Pero mi mente está cansada...

Feliz año. A todos.


28 diciembre 2022

28 22

Frío

Dentro y fuera

Frío

Y el calor intenso

y la sensación de estupidez

Merecida y doliente.

A veces el alma se empeña

En dejar una rendija abierta entre su puerta

Y la esperanza generosa y sin sentido.

El gélido vendaval la cierra de golpe

Destrozando las falanges de los dedos

De los hilos del adiós

Aún contenido y susurrado

En voz bajita, mientras te alejas

Del lugar donde no debiste ir,

Al que nunca has de volver.

Paso lento, mirada atrás

Y el sueño que se desvanece

Entre el cristal y la razón.

Y con él, el vacío que crece

Y la historia, que desaparece.


 

11 diciembre 2022

Sigo











Creí en la vida, pero me mató

Creí en la suerte, pero me golpeó

Creí en la lluvia, pero no mojó

Creí en el destino, pero se apagó

No importa, tengo mi paraguas rojo 

Y mis viejos zapatos azules

Caminaré solo, al lado del eco de mis pisadas.

Caminaré solo, con la única persona

Que cree en mí.

Disfrute mi némesis 

De sus victorias 

De su farsa, de su hedor. 


El viento me trae suspiros de ti 

Sonidos de otros tiempos.

No lo entendiste. 

No pudo ser. 

Sigo mi camino hacía ningún lugar,

Hacia donde me lleven

mis viejos zapatos azules.

Quién sabe si hacia la eternidad

O, simplemente, hacia la nada.




 

17 octubre 2022

Sí, claro

En el cálido verano, impregnado de olor a sal de día y de noche, sabor continuo en mi boca a mar, de día. Y de noche.

En la tibia caricia de los rayos de marzo, en los campos que abrazan la esperanza del renacer de la vida y te invitan a echar raíces, y a anclarte a tu paz y tu pasión. Pasión.

En el frío invierno, perezoso y mortecino, que te lleva de la mano a desnudarte y sentir sobre la piel el peso. De las mantas. Y el calor. De las mantas. Y a abrazarte y no soltarte hasta alimentarte de su calor a través de cada poro de la miel.

En el languideciente otoño, sus paseos bajo las lluvias de agua, ocres y demás gotas multidolor, aplastando hojas, pateándolas con infantil nostalgia, bajo el amparo rojo del tamiz de la emoción.

Sí, claro.

31 agosto 2022

Becqueriano

 

Decía Bécquer:


"De lo poco de vida que me resta 

diera con gusto los mejores años

por saber lo que a otros 

de mí has hablado"


Mal. Maaal! Qué necesidad hay, Gustavo? Para qué? Las sorpresas siempre son negativas. Fíjate, yo hubiera dado parte de esos años por NO saberlo. Por no seguir descubriendo mentiras a la cara (a la mía, no a la ajena) y la falta de elegancia respecto de aquello que pertenece a la esfera más íntima y privada de dos personas, aún y en especial en su momento más triste. Tú, que tan poco gustabas de que nadie se enterara. De lo tuyo, claro. Qué diferencia cuando se trata de quedar bien tú, verdad?

Me hubiera gustado asistir a la celebración pública de nuestro funeral. Organizar eventos en casos de divorcio es tendencia. Lamento, como protagonista principal, habérmelo perdido. No haber estado de cuerpo presente. Bonito que lo compartieras. Ante todos. Tú, que tan poco gustabas de que nadie se enterara. De lo tuyo. Claro. Qué diferente, verdad? A punto estuve de ir, sin saberlo. Hubiera sido una sorpresa preciosa. Acerté, en parte. Te imaginaba con lágrimas en los ojos, pero no de alegría. Quizá hubiéramos brindado juntos. Qué menos, no?

Tú sigue celebrando tu huida hacia adelante. Yo mientras acabaré de  entonar el Réquiem por un sueño. Acaba ya de humillarme en público, sigue confesando tu desprecio y desamor incluso ante las altas esferas. Sí, Nena, Sí. Creo que no se puede intentar hundir más al otro. Pero bueno, han sido tantas veces, ante unos y ante otros, y nunca las has visto, que tampoco verás estas. Mítica Themis que hace tiempo perdió los platos, los brazos, la justicia...

Bien. Que te haya cundido. Palmaditas en la espalda y airecito expurgardor.

Por mi parte no hay más qué decir. No podría, aunque quisiera. Yo, que tanto hablo, me he quedado sin palabras. Me has dejado sin palabras. Un vez más.

Prometo no hacer lo mismo que tú. Tu imagen quedará intacta, no te preocupes. Nadie allí sabrá la verdad de cómo has sido, de la mezquindad que a menudo has manifestado y no se ha visto.

Y aunque lo hiciera -que no, repito- quién va a creer al lobo frente a la dulce Caperucita? Asumido está. Afortunadamente hay hermosas Cenicientas que me ven como a un Príncipe, a las que no tengo que despertar de su letargo, sino tan sólo bailar con ellas y, mejor que buscarles zapato,  descalzarlas.

P.d. Me prometí no dedicarte ni una letra más. Pase lo que pase, me entere de lo que me entere -y aún he de enterarme- prometo cumplirlo.

Mucha suerte. Sin sarcasmos.

02 agosto 2022

Cansado

 

 

 

 

 


Esto de ser siempre el fuerte ya no es divertido.

Estoy cansado. Cansado de aguantar tanto vendaval en mi vida que me dobla, y no caer.

Cansado de ser fuerte desde mi propio nacimiento. Cansado de aguantar hostias en mi adolescencia. Cansado de soportar gente insoportable.

Cansado de un trabajo insatisfactorio y alienante. De una vida sin sustancia esperanzado en tiempos mejores. De luchar por ello y no obtenerlo.

Cansado de levantarme cuando me consiguieron derrumbar, mantenerme en pie durante años y dejar que, a la vejez, y por amor, me tiraran a la lona una y otra vez. 

Cansado de entregar sin reciprocidad. De comprender los defectos ajenos y que sean inmisericordes con los propios. De hacer ciento y fallar una... y como si no hicieras ninguna.

Cansado de no amar. Cansado de amar tanto para nada. Cansado de creer. Cansado de caer. Y no querer levantar. Pero hacerlo, para... volver a empezar.

Cansado de un día y otro más. Cansado de luchar. Cansado de esperar.

Cansado de ser "el fuerte", y no permitírseme debilidad.

Cansado de no haber soñado antes y ahora no poder dejar. De soñar.

Cansado de estar cansado.

Mamá... No me quiero levantar.

19 julio 2022

Frente al mar

Frente al mar 

Hilera de luces penitentes en procesión nocturna.

El bullicio, atrás. El mecer a contratiempo de las olas, ante mí.

Oscuridad profunda. La línea del mar que se difumina en lontananza. Agua y cielo se funden, se confunden y bailan lento apasionado en la negrura monotímbrica, de rima asonante y consumante.

A mi izquierda, una pareja juega hasta la cintura cubierta de sal y espuma, de amor y luna, de luz de noche y sol. Yo les miro con ternura, sazonada de cierta envidia. Y me pregunto. Me pregunto muchas cosas. Y no hallo respuesta alguna.

Quizá es el destino de las almas hechas de arte. Quizá la música, la poesía, la escritura, necesiten de la soledad. Quizá sea el precio a pagar para que otros vivan un poco mejor. Quizá las vibraciones de la belleza surgen y necesitan a menudo, del sufrimiento. 

Sólo sé que estoy aquí. Entre mis brazos, la nada. Estoy harto de arte. Para qué mis poemas? Para qué las teclas de mi piano?

Frente al mar. De noche. Por fuera. De noche. Por dentro.



13 julio 2022

Espejo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hoy me miré en el espejo. Lo hago todos los días. No me gustó lo que ví. Como todos los días. Hoy menos.

La imagen que me devolvió el cristal no se corresponde con la que miente a mi cerebro: alguien joven -aún-que se siente más jovén -aún- y luce -aún- más joven todavía. La cara que me miraba desde el otro lado era la de alguien cansado. Profundamente cansado. Envejecido. En poco más de un año la edad me ha atropellado, pasado por encima. 

No es sólo eso. Lo que me transmite mi yo simétrico no es edad. Esa ya la tenía. No es el paso del tiempo. Es el paso de la vida. En todos los sentidos.

Cada pelo blanco y cada vez más aislado es consecuencia de un día de preocupación, de una jornada de disquisiciones mentales, de intentar obrar milagros con manos de simple mortal. De devanarme el cerebro buscando soluciones pequeñas a problemas inmensos, soluciones inmensas a problemas pequeños... sin conseguirlo. Frustraciones en escala de grises.

Cada  matiz de color, cada milímetro de profundidad de mis ojeras son consecuencia de noches sin dormir, de días sin soñar, de sueños sin cumplir. Y de ganas, empero, de soñar.

Cada espacio de párpado retraído, cada pestaña desaparecida, cada terreno robado a mis otrora enormes ojos corresponde a litros de lágrimas generadas y no derramadas, podridas en su interior por no poder salir. Pero estar.

El brillo ausente en mis ojos, la mirada seca y perdida es la desesperanza con la que la vida a menudo te golpea, las ilusiones pateadas, los anhelos perdidos, los proyectos truncados, los sueños rotos.

Cada arruga, cada centímetro flácido de mi piel es una carretera secundaria por la que se deslizan mis emociones, mi tristeza, mi dolor. Mis besos contenidos, mis abrazos no entregados, mis caricias marchitadas en el cajón del desamor.

No, no me gusta verme. No me gusta lo que veo. Pero estoy orgulloso de ello. Porque significa que, a pesar de todos los golpes, todo el sufrimiento, desengaños, jirones de corazón... sigo aquí. En pie. Aún. Y mi rostro, ahora mismo, lleva escrita mi historia. A fuego. Y no me arrepiento de haberla vivido.

  

08 julio 2022

Cosas que no te diré


 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cosas que ya no podré decirte...

Me gustan las noches a tu lado. 

Los bailes de salón cuando, sin esperarlo, te tomo de la mano y te levanto de la mesa, y bailamos piel con piel sobre una baldosa, mientras consigo llevarte a duras penas. Siempre tan libre, hasta en eso. 

Las cenas al calor del vino y al abrigo de las velas, mientras -por fin- hablamos de cualquier cosa. De tantas cosas. Quizá sea la combinación de todos los elementos, o simplemente la relajación mental que produce el ocaso, pero en esa hora bruja sale todo. Sale solo. Sale fácil. Sale. Bien.

La post-cena, cuando los ojos se te cierran mientras, tozuda, te empeñas en negarlo. Un día te grabaré, y también lo negarás. Esas pequeñas y continuas obstinaciones que suponen un reto a mi lógica empírica y racional. Tu cabeza apoyada en mis piernas y tu respiración que se vuelve profunda, inalterable, quieta, en tanto te quedas dormida sobre ellas después de haber conseguido que ponga en la tele aquello que tan poco me gusta.

La post-cena, cuando la pasión puede al cansancio y nos dan las tantas y tantas, amándonos hasta el último poro de nuestro ser.

El momento de acostarnos, cuando te subo en brazos por la escalera hasta depositarte suavemente -o no- sobre el lecho para amarnos y volver y no dormir y no parar. De amarnos. Hasta que la ténue luz de la alborada se cuela por las rendijas de la persiana y la felicidad se vuelve angustia, sabiendo que poco queda ya hasta que te vayas. Si pudiera parar el tiempo entonces, mientras apoyas tu cabeza sobre mi pecho y aparto tu pelo de la cara, y te rodeo con mi brazo apoyando inmóvil la mano en tu piel, absorbiendo mis huellas tu esencia derramada...

Me gustan las noches. A tu lado.

01 julio 2022

Lo sé


 

 

 

 

 

Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso;

no hallar fuera del bien centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso;

huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor suave,
olvidar el provecho, amar el daño;

creer que un cielo en un infierno cabe,
dar la vida y el alma a un desengaño;
esto es amor, quien lo probó lo sabe.

Félix Lope de Vega

 

28 junio 2022

Mi enemigo





Qué tonto.

Ahora lo entiendo.

Mi enemigo... soy yo.

03 junio 2022

Solo

 

 

 

 

 

 

 

Hace poco alguien importante para mí quiso ser cruel. Es curioso cómo, las pocas personas a las que les damos el poder de hacernos daño,  son las que terminan haciéndolo. En este caso no fue tanto el contenido de sus palabras como el hecho de que salieran de su boca. Pero así somos los seres humanos: mezquinos, a veces.

"Estás muy solo", me dijo la persona que me había dejado solo. Curioso. Cuanta bajeza... "Estás muy solo"... No, no lo estoy. Tengo a mis hijos. Tengo a mis padres y familia. Tengo a mis amigos, pocos pero selectos. No, no estoy solo. Estoy sin pareja, que es muy distinto. Y lo estoy porque quiero, aunque suene pedante. Podría estar ya mismo con otra persona. Podría estar también con ella, si hubiera querido. Sólo tenía que fingir, que mentir, que engañar. Que manipularla. Vamos, justo de lo que también me acusa. Curioso, de nuevo. Pero no me compensa en absoluto. Si estoy con alguien no es precisamente por no estar solo, sino por sentirme lleno. No quiero alguien que llene un vacío, sino que ocupe un espacio. Y está claro que con dagas hirientes como esas quizá no merezca ocupar ese espacio. 

Hay mucha gente que entiende la soledad como un fracaso. Yo no. Para mí el auténtico fracaso es estar con alguien por no estar solo. Creo que el auténtico fracaso es vivir una mentira, una vida entera al lado de alguien a quien no quieres, sobre todo cuando te das cuenta de ello, y aún así sigues haciéndolo. Creo que el auténtico fracaso es prostituir tu alma a cambio de compañía, bienestar material y zona de confort. Eso sí es un fracaso para mí. Y vivir veinte años sin vivir. Simplemente estando.

He tenido muchas relaciones, muchas. Algo que también me espetó un día como... fracaso. Sí, he descubierto un lado cruel que nunca sospeché. No, no es un fracaso haber tenido muchas relaciones y no haber culminado con ninguna. Al menos en mi caso. He estado con muchas mujeres. Con unas duré años, con otras días, con otras meses. Y a todas -unas más, otras ...- amé profundamente. A todas amé intensamente. Y todas ellas me amaron parecido. En todas ellas dejé huella, y todas -unas más, otras menos- la dejaron en mí. Bebí los mares de su esencia a sorbos. Derramé mi alma con cada una de ellas -unas menos, otras más- y dio igual que llegara a darles un sólo beso o descubrir los más recónditos lugares de sus cuerpos. Dio igual que estuviera diez años intermitentes o un fugaz verano que duró varios inviernos. Lo que he sentido con cada una -unas, otras...- lo que me he entregado y recibido, lo que he vivido, tan intenso, tan bonito a menudo, ha valido por varias vidas que puedan vivir otras muchas personas. La eternidad en un minuto. He amado con todo mi ser, mi fuego y mi pasión, y a menudo me han amado de parecida manera.

Así que no. No es un fracaso no haber terminado al lado de ninguna de ellas. A veces me han dejado, otras muchas he dejado yo, algunas nos hemos dejado los dos. Da igual. Nos hemos amado, AMADO, con mayúsculas. Hemos entregado y derramado nuestras almas, hemos vivido y muerto cada minuto. Eso no es un fracaso. Es un grandísimo éxito. Mucha gente -¿a que sí?- no han querido de verdad a nadie, no se han sentido queridos de verdad por nadie. Yo sí. Muchas veces. ¿Fracaso?

No. Fracaso es estar, sin VIVIR. Fracaso es querer -en el mejor de los casos- sin AMAR. Fracaso es dejar pasar la vida al lado de un ser inerte en tu corazón, por no arriesgarte a AMAR y perder. Eso es fracaso, para mí.

Hay quien vive, y quien deja pasar la vida. Hay quien ama, y quien siente un cierto afecto. Hay quien vive CON alguien, y quien vive AL LADO de alguien.

Yo me puedo morir ya mismo, sabiendo que he vivido sensaciones, sentimientos, experiencias que valen varias existencias. He amado tan desgarradoramente como he sufrido, las dos caras de la moneda. Pero es el precio a pagar por sentirte vivo, y por hacer que tu corazón viva.

No, no es un fracaso...