Tenía tantas cosas que contarte...tantas cosas que enseñarte...
Tenía que decirte que tu olor no se va de mi habitación, por más tiempo que haya pasado desde que mojaras mis sábanas por última vez... con tus lágrimas...
Tenía que contarte que mi jardín está más bonito que nunca, y más vacío y más triste también...
Me gustaría enseñarte esas pobres notas que perpetré un día al piano, ese piano que conseguí afinar yo sólo con oído, inspiración, ilusión e improvisados rudimentos de trabajo, como reto personal...
Tenía que decirte que nuestro abeto sigue en pie, y que él no puede equivocarse, porque su misma razón de ser no tendría sentido. Y la naturaleza es sabia...
Tenía que contarte que hay melodías que inevitablemente me llevan a tu recuerdo; que no consigo escuchar a Yan Tiersen sin verme frente a tí bajo aquella lampara cenital a escasos centímetros de tu tosca mesa de madera y esas maravillosas ensaladas multicolor... mirando tu mirada, sorprendiéndome de esa expresión de admiración y fantasía que no supe ponderar... y que tanto eché de menos después ...
Me gustaría enseñarte un montón de canciones "de las mías", de esas que sólo tú sabías escuchar, sentir, disfrutar, sufrir... Era tan especial comprobar cómo las entendías, tan emocionante sentirme unido a tí en esos momentos...
Tenía que decirte que lamento que se truncara esa promesa de llevarte a Paris, de pasear por los bulevares gozando de la magia bohemia de sus calles, sus tejados, el arte que lo inunda todo, en definitiva... la belleza. Y que creo que esa belleza podría haberla encontrado en cualquier rincón si hubiéramos estado juntos y hubiéramos estado bien...
Tenía que contarte que sigo sorprendiéndome mirando por mi ventana cuando oigo un motor diésel, que continúo mirando en el horizonte de mi calle un bultito verde cuando giro hacia mi casa...
Y me gustaría que supieras que me han pasado muchas cosas últimamente; que he llegado a escalones anteriores a la paz interior; que en ocasiones los momentos traumáticos, contradictoriamente, pueden llevarte hacia la serenidad; que los cambios existen, aunque lleguen a destiempo para según que cosas o según qué personas; que he aprendido que para perdonar a los demás antes has de pedir perdón a tí mismo; que sólo limpiándote por dentro puedes resplandecer por fuera, y limpiar a los demás...
Somos historia. Historia pasada. Historia perdida. Historia muerta y enterrada... aunque uno ponga el ataúd y otro eche la tierra encima. Somos historia. Como tantas otras... No. Como otras no. Pero historia, al fin y al cabo. Escrita en el libro de nuestra vida. Como tantas otras... no?
http://www.youtube.com/watch?v=ReLllNkqcxw
Un espacio para mí, para escribir y, con ello, liberar mi alma en una catarsis de periodicidad aleatoria. Si, por casualidad, te encuentras con él... Bienvenid@
28 junio 2011
10 junio 2011
Dama de blanco
Dama de blanco, dulce reflejo de luna,
Desde hace ya sus mejillas permanecen
Frías, mojadas, bañadas del agua salada
Del mar de la melancolía.
Su pálida piel no consigue
Dar oportunidad al dulce carmesí
Que engalanaba su cara, sus ojos, sus días.
La dama de blanco lleva tiempo
Vagando perdida por los peligrosos riscos
De la tristeza, haciendo equilibrios por no caer,
Pero sin fuerzas apenas para agarrarse
A un rayo de luz que ilumine las empedradas calles
De su particular mundo interior,
Vacío ahora de candiles y portales.
Ya no suenan los laúdes, se apagaron las guitarras.
Los clamores de épicas batallas se antojan lejanos ya.
Sentada frente a la ventana,
Dirige su mirada perdida
A través de las celosías,
Soñando que sueña una vida,
Sintiendo que siente una vida.
Y brotan de nuevo las lágrimas,
Y siente que muere por dentro,
Y sus pétalos marchitos se apagan
Como lo hacen los lirios con falta de sol.
Y pregunta, y contesta, y asiente,
Y se enfada, y se encrespa, y no entiende
Dónde está, cuál ha sido el error.
Dama de blanco, dulce reflejo de luna,
Yo quisiera mitigar tu dolor.
Cepillar tu cabello, brindarte caricias,
Susurrarte palabras y cantos
Que lograran, por un instante,
Vencer desánimo y pena,
Ganar batallas al llanto.
Algún día, espero, confío, deseo,
Tus mejillas secarán con talco el relente,
Tu alma dragará la desazón y,
Sentada frente a la ventana, a través de las celosías,
Soñarás que soñaste una vida
mientras tus manos, sobre tu vientre,
Sentirán que sienten una vida.
Y entonces, esa vez sí…
Sonreirás.
Desde hace ya sus mejillas permanecen
Frías, mojadas, bañadas del agua salada
Del mar de la melancolía.
Su pálida piel no consigue
Dar oportunidad al dulce carmesí
Que engalanaba su cara, sus ojos, sus días.
La dama de blanco lleva tiempo
Vagando perdida por los peligrosos riscos
De la tristeza, haciendo equilibrios por no caer,
Pero sin fuerzas apenas para agarrarse
A un rayo de luz que ilumine las empedradas calles
De su particular mundo interior,
Vacío ahora de candiles y portales.
Ya no suenan los laúdes, se apagaron las guitarras.
Los clamores de épicas batallas se antojan lejanos ya.
Sentada frente a la ventana,
Dirige su mirada perdida
A través de las celosías,
Soñando que sueña una vida,
Sintiendo que siente una vida.
Y brotan de nuevo las lágrimas,
Y siente que muere por dentro,
Y sus pétalos marchitos se apagan
Como lo hacen los lirios con falta de sol.
Y pregunta, y contesta, y asiente,
Y se enfada, y se encrespa, y no entiende
Dónde está, cuál ha sido el error.
Dama de blanco, dulce reflejo de luna,
Yo quisiera mitigar tu dolor.
Cepillar tu cabello, brindarte caricias,
Susurrarte palabras y cantos
Que lograran, por un instante,
Vencer desánimo y pena,
Ganar batallas al llanto.
Algún día, espero, confío, deseo,
Tus mejillas secarán con talco el relente,
Tu alma dragará la desazón y,
Sentada frente a la ventana, a través de las celosías,
Soñarás que soñaste una vida
mientras tus manos, sobre tu vientre,
Sentirán que sienten una vida.
Y entonces, esa vez sí…
Sonreirás.
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