07 octubre 2021

Ciclo

 

Y con esto se cierra el ciclo.

Ya no llueve por fuera. Ya todo es en blanco. Y negro. Ya no hay sueños, ni llantos, ni besos. Ya no hay risas, ni abrazos, ni miedos. 

Ya el futuro es pasado, ya el presente está muerto. Ya los ojos no brillan, ya los gritos son ecos. De placer. O no.

Ya todo es la nada. Ya no fuimos, ni seremos. Ya está todo acabado. Ya todo está hecho. Ya todo mataste. Ya todo yo. Ya. Muerto.

Siempre nos quedará París... en nuestros sueños.

05 octubre 2021

Aforismo

 

"El orgullo es el único veneno 

que te puede intoxicar

si no te lo tragas a tiempo"

 

 


 

                                    

 

                                        


Nunca más

Y sin fuerzas para caminar, se fue arrastrando hacia la ventana. La fortaleza fingida en el momento de la lucha dejó paso, en cuanto la puerta encajó en su lugar con sonora expresión de desdén,  al enorme socavón que deja la nada cuando es el único espacio ocupado en el pecho. A una distancia prudencial pudo observar la mancha blancuzca iluminar tras largo rato el sucio asfalto hasta desaparecer, tan rápido como desaparecen las ilusiones que tanto cuesta crear y más aún alcanzar.

El amanecer le encontró despierto, al menos de mente. Se sentía fuerte, bien. El chute de adrenalina, testosterona y alcohol aún daba vueltas por su interior y le impulsaba hacia la cocina en volandas. Desayunó lo que pudo, pues el estomago era la única parte de su cuerpo en la que los restos de la batalla habian hecho mella. Se vistió y con decisión abrió la puerta de la calle. Enseguida la euforia dio paso a la desolación. Esparcidos por doquier se podían encontrar los restos del naufragio. Papeles, cristales, madera, sonrisas muertas como muertos son los sueños... le devolvieron a la realidad. Dura realidad. Cruda.

Así somos los humanos. Podemos ser adorables, encantadores, amorosos, tiernos y sensibles. Inteligentes. Casi perfectos. Pero, sin saber muy bien cómo ni por qué, sin predecir el cuándo, nos volvemos frios. Duros.  Despiadados. Damos y recibimos odio y crueldad de y a quien nunca sospechamos. Nunca. Y el resultado es la desolación. Sin más. Desolación.

Con el corazón encogido y el cuerpo ergido -a penas duras- se dirigió al trabajo. Ya no se sentía tan fuerte. Ya no se sentía tan entero. Ya no se sentía ni tan bien. Mientras progresivamente se venía abajo, ella, desde el otro lado del universo, se elevaba de sus cenizas hasta mostrarse grande, poderosa, feliz. Libre y liberada. ¿De qué?, se preguntó él. Él, que lo había dado todo. Él, que había dejado su orgullo y amor propio entre las mondas de la fruta nocturna para esperarla, guiarla, apoyarla, retenerla. Él, que había abandonado lo más preciado para estar con ella, para adorarla y colocarla en un altar. Él, que había ejercido de padre, madre, confesor, sicólogo, mientras progresivamente iba cayendo en una depresión en la que aún se ahogaba al recordar.... Él, que en muy contadas ocasiones había recibido el reconocimiento merecido, un reconocimiento que tampoco buscaba, pues sólo pretendía ayudarla a ser libre.... Él se preguntaba ahora: ¿Por qué? ¿Por qué ahora acepta por fin la libertad que le ofrece, pero para huír de él?

La vida tiene esas cosas, amigo. Haz bien, pero mira muy bien a quién. Si curas las alas de un pájaro herido, si le abres la puerta de su jaula dorada, volará... pero no a tí. Para quien ha vivido siempre en cautiverio, su prisión es su hogar. Es lo que conoce. Es el síndrome de la mujer maltratada. Cuando le curas las heridas, a menudo vuelve con su agresor... y si te dejas, te mata a tí.  

Sanarás, amigo, sanarás. No tengas duda. No volverás a ser el mismo, lo sé. No creerás en el destino, ni en el AMOR así, con mayúsculas. Los trozos arrancados a girones de tu alma serán remplazados por callo, no por ternura. No volverás a adorar a nadie como lo hiciste con ella, y será injusto, sí. Pero así es, así somos. Desconfiarás de quien se acerque para acariciarte, pensando que te va a golpear. No te entregarás al cien por cien, ni creerás en Dios cuando le hagas el amor, si se lo haces. Tus muchos años serán esos y más, no como con ella. No te fundirás con el universo cuando la beses, ni desearás morir entre sus brazos. No lo darás todo, absolutamente todo, por quien pueda no valorarlo o echartelo en cara. No te preocuparás por ella si antes no se preocupa por ti en igual medida, por temor a recibir reproches por tu atención y angustia ante su mal. No te desgastarás hasta convertirte en una sombra de lo que fuiste por cambiar y agradarla, pues temerás que igualmente aproveche cualquier oportunidad y se vaya. No maldecirás y dirás a gritos "NUNCA MÁS" mientras dejas tu puerta siempre abierta por si decide regresar.

Serás injusto con quien no lo merece, sí. Pero habrás aprendido una lección, o deberías, muy importante: Jamás, JAMÁS, dejes de quererte a ti mismo por querer a alguien más. Jamás, JAMÁS quieras a otra persona más que a tí mismo. Porque el amor comienza por tí y hacia tí. Y el amor propio no se puede nunca entregar, pues entonces no serás nada, y como nada te tratarán... y como nada te dejarán. Y cuando quieras recuperarlo, ya será demasiado tarde. Ya no serás quien eras, y ya no te querrán. Nunca más.