30 noviembre 2021

Un principio


 

 

 

 



Continúa. Lo estás haciendo bien.

Un día te mirarás al espejo y ya no verás esa sombra gris en la que te has dejado convertir

Y  descubrirás algo parecido a una sonrisa. Es un principio.

Un día escucharás una canción, o dos, o tres, y no presionarás inmediatamente Next

Y podrás disfrutarla (s) con algo parecido a una sonrisa. Es un principio.

Un día abrirás el armario y te apetecerá ponerte guapo (o intentarlo)

Y tirarás toda la ropa vieja, amplia, muerta

Y saldrás a la calle buscando un escaparate que te diga “entra”

Y mandarás a la mierda el presupuesto mensual con algo parecido a una sonrisa. Es un principio.

Un día podrás entrar en la galería de tu móvil sin miedo a encontrar según qué fotos

Y no tendrás el impulso de eliminar cientos de ellas, o algunas

Y cuando las encuentres las mirarás con algo parecido a una sonrisa. Es un principio.

Un día encontrarás a quien tus lunares no le parezcan lindas pecas hoy y repugnantes verrugas mañana. Alguien para quien las palabras, las ideas y los hechos vivan en armonía. Alguien que te acepte, pero de verdad, y que quiera trabajar contigo para mejorarte, sin censura. Alguien que de verdad lo dé todo por ti. Alguien por quien seas capaz de volver a darlo todo, y que sea capaz de verlo, sentirlo, disfrutarlo. De momento es un deseo imaginado con algo parecido a una sonrisa. Es un principio.

Un día mirarás atrás… y ya no verás nada. Quizá esto no lo hagas con una sonrisa, porque es triste.

Pero bueno… Es un principio.

 

19 noviembre 2021

Soltar

 









El arte de Soltar...

Lo que no es tuyo, no te pertenece. Lo que no quiere quedarse, debe ser soltado. No importan las causas. No importan los modos. No importan las excusas. Si no quiere quedarse, debe ser libre, debe volar. Y lo que es más importante: si no quiere quedarse, no debes quererlo a tu lado. Por que...¿para qué vas a querer retener a quien no quiere estar contigo? No tiene sentido. Pero duele, por supuesto. 

Duele.

Y eso es algo que todos debemos aprender: nadie nos pertenece. No tenemos derecho a insistir, a coaccionar. No tenemos derecho al chantaje, a la manipulación. Pero no nos resulta fácil, sobre todo a las almas románticas. Máxime cuando creemos haber encontrado a alguien muy especial. ¿Cómo dejar que se vaya? Más difícil aún: ¿Cómo decir adiós? ¿No ve que está equivocada? ¿No ve que se va a destrozar la vida? ¿No ve que no ve?

Blablabla. No somos el padre ni la madre de nadie. Detrás de cada sincera y cándida advertencia severamente trágica sobre su forma de autodestruirse, se esconde una realidad irrefutable: el miedo a que todos aquellos negros augurios en realidad no sean sobre su vida, sino sobre la nuestra. El temor al dolor, a la angustia. Al desamor. A quedarnos vacíos sin él, sin ella. A no volver a encontrar a otra pareja igual. O mejor.

Ya nadie se muere de amor. Si acaso, se mata. Pero en ese caso el amor no será la causa, sino el detonante. Eso es lo que he pensado siempre. A veces, no obstante, cuesta tenerlo claro. A veces sentimos que no es así. A veces queremos, creemos morir. Y rezamos por no despertar. Estúpido, ¿no? ¿Quién merece que mueras por ella, por él (la corrección de género me mata, a fe mía)? ¿Merece acaso que sufras, que desees acabar con tu propia vida alguien que te está abandonando? ¿Que ya no te quiere? ¿Que quizá no te quiso nunca? ¿Que nunca se molestó en saber cómo necesitabas ser querido? ¿En esforzarse por llevarlo a la práctica? La respuesta a todas las preguntas es sólo una. Esa persona se va, posiblemente a refugiarse en los brazos de otro, o a esperar el momento adecuado para hacerlo. O a su lado, que está más a gusto (ya jode que prefiera un compañero de piso a un amante/amador) O sencillamente se va porque no te soporta. Y quizá tenga razones para ello, tantas como tú. Merece una digna despedida. Mereces una digna despedida. Y nada más.

El arte de soltar. De soltar al otro. De soltarse a uno mismo. De desprenderte de quien no te quiere. De volver a quererte a ti.