Dama de blanco, dulce reflejo de luna,
Desde hace ya sus mejillas permanecen
Frías, mojadas, bañadas del agua salada
Del mar de la melancolía.
Su pálida piel no consigue
Dar oportunidad al dulce carmesí
Que engalanaba su cara, sus ojos, sus días.
La dama de blanco lleva tiempo
Vagando perdida por los peligrosos riscos
De la tristeza, haciendo equilibrios por no caer,
Pero sin fuerzas apenas para agarrarse
A un rayo de luz que ilumine las empedradas calles
De su particular mundo interior,
Vacío ahora de candiles y portales.
Ya no suenan los laúdes, se apagaron las guitarras.
Los clamores de épicas batallas se antojan lejanos ya.
Sentada frente a la ventana,
Dirige su mirada perdida
A través de las celosías,
Soñando que sueña una vida,
Sintiendo que siente una vida.
Y brotan de nuevo las lágrimas,
Y siente que muere por dentro,
Y sus pétalos marchitos se apagan
Como lo hacen los lirios con falta de sol.
Y pregunta, y contesta, y asiente,
Y se enfada, y se encrespa, y no entiende
Dónde está, cuál ha sido el error.
Dama de blanco, dulce reflejo de luna,
Yo quisiera mitigar tu dolor.
Cepillar tu cabello, brindarte caricias,
Susurrarte palabras y cantos
Que lograran, por un instante,
Vencer desánimo y pena,
Ganar batallas al llanto.
Algún día, espero, confío, deseo,
Tus mejillas secarán con talco el relente,
Tu alma dragará la desazón y,
Sentada frente a la ventana, a través de las celosías,
Soñarás que soñaste una vida
mientras tus manos, sobre tu vientre,
Sentirán que sienten una vida.
Y entonces, esa vez sí…
Sonreirás.