30 diciembre 2017

Cuarenta. Noventa.

Y armándome de valor me acerqué hasta la puerta. Cuarenta. Cuarenta minutos eternos. Cuarenta minutos largos, interminables, llenos de miedos. Cuarenta minutos de interrogantes, de ganas de huir, de deseos de quedar. Cuarenta minutos en los que elucubraba sobre qué ibas a hacer, cómo ibas a reaccionar. Cuarenta "se alegrará". Cuarenta "me ignorará". Cuarenta "me despreciará con su mirada". Cuarenta canas más, una por cada vez que dudé, que decidí marchar mientras mi mano sacaba la llave del contacto.

Y noventa. Noventa minutos eternos. Noventa minutos largos, interminables, llenos de miedos. Noventa minutos de reproches, de gritos en voz baja, de susurros atronadores. Noventa minutos de bofetadas en mi alma, de desdén y desprecio. Noventa minutos de puntilla y descabello. Noventa "qué hago aquí", noventa "por qué lo he hecho". Noventa "por qué me haces esto". Noventa "me mato". Noventa "me muero". Noventa derrotadas canas más...

Yo... Yo sólo quería un abrazo...

Recuerdo (algún día)

"Cuánto tiempo ha pasado 
Desde los primero errores
Del interrogante en tu mirada...

Agárrate de mi mano
Que tengo miedo del futuro
Y detrás de cada huida estabas... Tú...

Antes de rendirnos
Fuimos ETERNOS

Más viejo y más cansado vuelvo a mi asiento
Aburrido vigilo las caras de los viajeros
Compañeros en la rutina y en los bostezos…"

Grande, compañero Ismael, Grande...

27 diciembre 2017

Carta a Tí

Querida amiga:

Mucho tiempo sin hablar contigo. Demasiado, seguro. Pero bien, aquí vuelvo, por Navidad... ¿Recuerdas antaño, por estas mismas fechas? Ésta época siempre era especial... y si no lo era, la hacíamos especial nosotros... Comenzábamos a disfrutarla quince días antes, o más. Preparábamos casettes de villancicos (aún de mayores, en nuestro coche sonaban insistentemente desde primeros de diciembre hasta el siete de enero, pesara a quien pesara), sacábamos las figuritas del belén para limpiarlas y repintarlas, comíamos turrón y nos sabía mucho mejor que en las propias fechas... Todo olía a magia. Salíamos a pasear, lloviese o helara, sólo por sumergirnos entre las luces de colores de las pocas calles iluminadas, y ver los adornos de los escaparates, los belenes de la biblioteca o la Catedral... Ahora ya nada es igual. Sigo haciendo cedés de música, pero ya no los escucho; la dermis de los habitantes del nacimiento se impone a la pintura, y de limpiarlos... ¿Para qué? Total, el viento y el agua los van a manchar de arena! No he ido a ver ni el de la biblioteca (¿lo siguen poniendo?), ni el de la Catedral, ni el de la Encarnación... y ya ni siquiera ponen luces en mis calles, en un generoso apoyo a mi desidia emocional por parte de nuestro excedentísimo alcalde... La única tradición que continúo es la del turrón previo a las fiestas, para mi desgracia.

Pero bueno, a lo que iba, que me disperso. Quería contarte que en este tiempo sin hablar te he echado de menos. Me he sentido muy solo. Me habría venido bien tenerte para hablar, para desahogarme. Ha sido un año muy duro. Mucho. En todo éste tiempo he envejecido. Mucho también. Apenas queda rastro del azabache de mi pelo, aunque afortunadamente alguno conservo, si bien estoy tan insoportable que determinadas parroquias se han independizado y amenazan con no volver. Dicen que no toleran tanto estrés. Ando en negociaciones para facilitarles el realojamiento, aunque están siendo difíciles.

Y es que desde hace muchos meses no soy persona. Sólo vivo por y para el trabajo, mal agradecido y peor reconocido. Algo también a cambiar, en la lista de mis to do things para el 18. No soy yo. No sé quién soy. El Draven que conociste de joven me abandonó. No consigo localizarlo. Y me siento perdido. No sé quién soy. No soy yo. Y quiero volver a serlo. Pero es tan difícil...  llevará tiempo. Mucho. Paradójicamente me siento mucho más maduro, más hecho y derecho. Pero me falta un montón de cosas: ilusión, ganas, expectativas, vitalidad... Me faltas tú.

Me faltas tú, amiga. Porque sin tí, mi madurez se vuelve vejez. Porque sin tí, no estoy hecho, sino pasado. Porque sin tí, no estoy derecho, sino rígido. Sin tí... estoy muerto en vida.

Quería decirte todo esto, aunque no sabía cómo. Me daba vergüenza. No encontraba las palabras, ni el momento, ni el modo. Así que aprovecho esta misiva para confesarme contigo, para que lo sepas. Y de paso pedirte algo. ¿Podrías volver? Vuelve, mi amiga. Vuelve a mí. Y no tardes. Prometo intentar tratarte bien. Empezar por hacerlo mejor de lo que lo hice. Y, poco a poco y con tu ayuda, darte el amor, la fuerza y el lugar que te corresponde. Y que tú me lo des a mí. Volvamos a ser uno. ¡Volvamos a ser lo que fuimos! Ése es el regalo que quiero por Navidad: a tí en mi interior.

Vuelve a mí, Alma mía! Vuelve a mí, Alma...

Tuyo affmo.:

Erik Draven.

09 diciembre 2017

NO

No me mires. No me leas. No me espíes. No rellenes el vacío de tu conciencia controlando lo que hago o lo que digo. No pierdas tu tiempo. Sabes muy bien cómo suplirme. Sabes muy bien cómo llenarte. Sabes muy bien cómo ser feliz.

No necesito tus ojos tras la cortina. No necesito tu falsa disimulada preocupación. No necesito imposturas. No me vale de nada tu estúpida vigilancia en las sombras, tus gestos vacíos. Tu hipocresía. Vive como quieras, sabes muy bien cómo. Olvídate de mi existencia. Déjame morir en paz. Morir para tí.



01 febrero 2017

En pie

La vida, en sí misma, es tan larga que se aburre. Entonces te agarra de los hilos, los mueve a su antojo, te hace creer que avanzas, y cuando ves a lo lejos tu destino, tensa los hilos hacia atrás. Y te agita, y te tira, y te suelta, y te enreda, y te tumba, y te deja. Permite crear la fantasía de que tenemos el poder en nuestras manos, el albedrío suficiente para llegar donde queramos, para decidir qué ha de ser nuestra existencia, hacia dónde dirigirnos, cuándo parar y avanzar. 

Pero todo es mentira. Todo es ilusionismo vano. Somos marionetas. Más aún: peleles rellenos de paja que se humedece con mayor facilidad que se seca, que termina creando moho, siendo nido de insectos. Nada parece verdad. Crees que conoces a alguien, crees que has visto lo mejor y lo peor de él, y repentinamente la vida hace un nudo con tus hilos y la hostia que te metes te deja rotos los huesos, rasgada el alma. 

Pero nada ni nadie ha de poder con uno. Si la vida nos da la espalda... toquémosle el culo. Aunque sea arrastrándonos, aunque el corazón quede hecho girones que se enganchan con los guijarros del camino... hay que seguir, amigos míos. La muerte no es una opción. Confiemos en el destino... es lo que nos queda. Malheridos, entumecidos, marcados y rotos... pero siempre de pie. Siempre en pie!!

01-02-2012