Tengo una caricia en el dorso de mis manos que se esconde por no darse, que se enfunda por no mancharse con mi sangre
Tengo un beso en mis labios que se seca por no regalarse, que se agrieta por no entregarse, por no saber apreciarse
Tengo unas manos ausentes de unas manos que se enfrían por no agarrarse, que se hielan por no tocarse, por no vanalizarse
Tengo un “te odio” que me nace desde dentro, desde lo profundo del infierno al que fui lanzado tanto tiempo, que me callo por no herir, aunque me queme entre cien fuegos
Tengo un “te quiero” en el alma que se marchita como un lamento, que lo encierro por no desperdiciarse, que lo mato por no matarme, que me consume a verso lento
Tengo. Tantos “tengo”…