08 octubre 2018

Torre de papel

Y una mañana, sin venir a cuento, te miras al espejo. Y te preguntas quién es ese que te mira con actitud desganada. Quién es ese reflejo translúcido sin apenas vida en los ojos. Quién se esconde obscenamente tras las ojeras y el vidrio de su mirada. Bajas la vista, te lavas la cara y decides no mirarle más. Dormitas mientras el café te recuerda que, al menos él, te da calor.

Y sales a la calle esperando que el día sea distinto del anterior. Ha de serlo, porque llevas una buena temporada proponiéndotelo seriamente. Y la intención, dicen, es lo que vale… Sin embargo el espectro del espejo parece presagiar lo contrario… pero no. Todo cambiará, porque así lo has decidido. Eres fuerte, estás lleno de valor, firmeza, decisión. Eres joven, aunque la luz de tu pelo cada vez sea más clara. Pero lo eres. Y nada va a poder contigo. Así que el día, éste día de mierda, pasará. Como ayer. Como el otro. Como los últimos años. Como la última década. Como…


Pero eres joven, y eso es suficiente. Al menos, eres fuerte. Y eso es suficiente. Al menos eres robusto, firme, poderoso. Nada podrá contigo. La torre es inexpugnable. Imponente. Vientos de todas direcciones la han azotado siglos y siglos y no han podido con ella. Las corrientes internas no conseguirán tumbarla, porque los cimientos son sólidos, aunque la casa esté caóticamente desordenada, la humedad manche las paredes y en las grietas cada vez quepan más monedas. Pero eres poderoso. Tienes voluntad. Decisión. Nada te hará caer.

Y un día un pequeño, insignificante agujero hace saltar las alarmas. La torre comienza a desconcharse. Levemente, sí. Pero cuidado. Aunque no pasa nada, no implica mayor problema. Pasará. Y otro día aparece otro hueco en el muro. Pequeño, también. Ya son dos. Y al siguiente, otro más… y van tres.

Y al otro día te levantas y el espectro del espejo te dice, con voz cavernosa: adiós, juventud. Hola, decadencia. Y nada vuelve a ser lo que era. Las corrientes del interior encuentran nuevas cavidades en las murallas y, a través de ellas, se convierten en torbellinos. Y salen al exterior, y vuelven a entrar. Y a salir. Y a entrar. Y a salir. Sabes que ya no volverás a ser el mismo. Eres otra persona. Tu cuerpo ya no engaña a tu alma. Comienza la cuesta abajo. Inmisericorde. Cobarde. Traicionera. No te ha dado tiempo a tomar conciencia. La subida ha sido lenta y gradual y, sin apenas avisar, ha comenzado una bajada casi vertical.

Las tornas se han vuelto. El recinto ya no puede proteger el hogar. Ahora es el alma la que ha de sostener tu cuerpo. No puedes evitar la brutal caída de las rocas que formaban tu armazón. Sólo puedes ir poniendo parches. Argamasa pobre que retrase el derrumbe. Ahora le corresponde a tu alma aguantarlo desde dentro. Esa es la solución.Y el problema. Duros tiempos se avecinan.



01 octubre 2018

Todo ya


"A veces pienso que ya he sentido todo lo que tenía que sentir. Y que a partir de ahora ya no voy a sentir nada nuevo. Sólo versiones menores de lo que ya he sentido"

Spike Jonze. "Her".