20 abril 2012

Un ratito más

Llueve. Llueve como nunca ha llovido. Llueve por dentro y por fuera. Llueve encima y debajo. Llueve. Tras las gruesas capas de nimbostratos hay un sol que un día alumbró un paseo junto al mar que nunca llegó a suceder. Recuerdos de un futuro improbable, sabores recientes ya lejanos, nieblas en abril y aguas de otoño. Los gatos abandonan su refugio entre los coches. Uno ya no se mueve. No sigas intentándolo: se fue. El piano suena, aunque nadie más que yo lo escucha. Demasiado triste para una realidad más triste aún. Dame alegría y vitamina que me haga volar, no quiero ver más allá. Para qué. Sale el sol. Un único rayo de sol. Incide directamente en mi retina. La niña de mis ojos desaparece por un momento. Luego vuelve. Se va. Se asoma. Juega con la arena. Desaparece, una vez más. En la calle, el pueblo juega a levantar el país. Empresa gigante sin base ni estructura. Todos llevamos un entrenador dentro. Y un presidente. Tras la nación, a por el mundo. Y la casa por barrer. Somos así. Tengo que arreglar el jardín. Y recoger el armario. Algún día pondré en orden esa habitación, lo prometo. Estoy más viejo. Estos mechones blancuzcos no estaban ahí. Han tomado al asalto otrora fértiles terrenos dominados por azabache descafeinado. Sigo mirándome al espejo. Intentando reconocer al pusilánime del otro lado. Tú no eres yo. Vete. Quiero volver. Dios… esa cara no es la mía. Esos ojos, tampoco. Los míos son grandes, verdes, brillantes, derraman vitalidad y alegría. Los tuyos se ocultan bajo incipientes bolsas, y una cortina vidriosa grisácea los cubre. ¿Quién eres tú? ¡Quiero volver! Quiero volver… Afuera me espera otra interminable jornada de tedioso estrés en mi cubil. Voces malsonantes, desagradables gruñidos guturales de cretinos analfabetos que han conseguido dinero sin saber lo que es un libro, sin cultura ni educación. Sólo pisando y ejerciendo de desalmado y maltratador tratante de ganado. El país está lleno de ellos. Gente que nunca entendió lo que es la familia, que jamás dio nada a cambio de nada. Que nunca besó a sus hijos cuando dormían. Que nunca amaron a su pareja. Gente para la que la amistad es un negocio. Que tira millones a la basura y araña céntimos del bolsillo de sus trabajadores. Gente que nunca supo disfrutar de un abrazo sincero, de un emergente beso espontáneo. Que nunca sabrá ver, vivir, sentir la belleza. Que, como decía aquel, es tan pobre que sólo tiene dinero. El piano sigue sonando. Sólo yo lo escucho. Planes sin concretar. Fechas que nunca se sabe si llegarán. Ese gato sigue sin moverse. Mi alma se recoge en un rincón, a la abrigada. Tiene miedo y cierto frío. Se está tan bien ahí… en un rincón… a la abrigada… Venga, un ratito más.  No tardará en salir. Siempre acaba haciéndolo. Pero fuera llueve. Llueve como nunca ha llovido. Llueve por dentro y por fuera. Llueve encima y debajo. Llueve. Y yo sigo divagando…