11 agosto 2014

Deuda saldada.

Fuiste sol y mar sureño, aunque pudieran más las noches y las brumas. Fuiste camino hacia la luz y lejano faro de esperanza en la encrucijada hacia la nada de mi vida, aunque guijarros y espinas taladraran mis pies y me hicieran abandonar tantas veces. Casi tantas como vueltas al empedrado con sandalias rotas. Fuiste mano que azota y acaricia, tanto da si en sentido inverso, pero sentido al fin. Y al postre. Fuiste ojillos vigorosos, entregados, iracundos, empapados, ocultos -más si cabe- tras las cortinas de tus re-celos, tantas veces, tantas veces...

Fuiste fuego y fuiste hielo, volcán cubierto de nieve y lava, una y otra a la par. Calle de doble sentido, recorrida y desandada, sin señales con las que circular. Amante, amada, perdida. Estresable, estresada, estresante... tantas cosas!

Ilusionada al diez de cien, decepcionada al ciento diez. Intensa al mil, mil y cien, para mal... y para bien. Y para mal también. También. También.

Fuiste tantas cosas que no imaginas ni creerías... Te las dije, casi siempre. Pero tu oído, lo sabemos, nunca fue virtud. Tanto sufrí por tí, sufriste tanto por mí, que duele, o dolía, tu in-conciencia, tu in-consciencia. Mi pequeño refugio, mi hogar en tu seno, mi almohada en tu pecho... Mi vuelta a casa, continua. Mi vuelta de casa, eterna.

Fuiste. Fuiste tanto que no viste...