05 agosto 2018

Imán

Esta tarde estaba haciendo una reparación casera.Utilicé un juego de imanes para facilitar el cierre automático de una puerta. Uno de ellos quedó mal colocado, pegado ligeramente desplazado del lugar en el que debía fijarse. Para conseguir quitarlo, tuve que utilizar un destornillador plano como palanca. Así conseguí despegarlo, pero con efectos secundarios: el imán, grande pero fino, se rompió en dos. Aunque los trozos eran similares, no hubo manera de volver a juntarlos. Un imán cuyos polos positivo y negativo estaban en plena armonía y estabilidad, se convirtió en dos cuya polaridad interna les impide volver a unirse.

Lo mismo ocurre con dos corazones que fueron uno. Cuando la pareja se rompe de verdad, la unión perfecta, piel con piel, abrazados, estables, sin fisuras... es imposible. Condenados a estar desunidos, por más cerca que estén o quieran estar, y por más que lo intenten.