Pegar portazos no es lo mismo que cerrar puertas.
Hay sucesos que siempre nos unirán a una casa, aunque hayamos tenido que abandonarla tantas veces.
Hay mesas atadas eternamente a una silla, aunque hayamos comprado otras de brillantes colores y precios imposibles de asumir. Luz que ilumina y ciega a la par. Ergonomía imperfecta. Devolución inevitable.
Hay tiempos que no borran sentimientos de lugar, de pertenencia. De imposibles armonías que se daban un segundo y cuya vibración aún perdura.
Más viejos. Más sabios.
Cerradura de doble llave. Oxidada ya. Difícil de abrir... quién sabe.
Más viejos. Más sabios. En eso consiste esta vida marrón.
