27 noviembre 2009

A quien respire...

Escribo para mí. Y como todo lo que hago para mí, me descuido. Me mimo muy de vez en cuando. Ojalá tú también te mimes de cuando en vez, leyendome. Nada me gustaría más. Si quieres, dame un pequeño impulso. Háblame, dime que te quiera. Que te cuente. Que, desde este sancta-sanctorum, te puedo servir. Alimentémonos mutuamente, allá donde estemos. Allá donde estés...