21 diciembre 2011

Bésame

Cada uno por su lado, recorrieron caminos y montañas, sendas y autopistas. Vadearon ríos y lagos, charcos y océanos. Se adentraron en junglas y bosques, áridas estepas y abruptas selvas. Pasearon iluminados por la tenue luz de una cerilla, pensando que les amparaba el fulgor de una estrella… y se quemaron los dedos cada vez. Pero siguieron caminando. Siempre hacia delante. Cuando el cansancio les venció, descansaron al margen de la senda, por momentos unas veces, por días y semanas otras. Y aunque el desánimo amenazaba con hacer mella, no cejaron en su empeño. Cuando el destino te lleva hacia delante, parar es morir. Y la muerte no es opción. Nunca.

Los guijarros de la vía hicieron llagas en sus pies. Sentados en la orilla, descalzos, ateridos, hicieron un alto en pro del necesario descanso. Miraron al horizonte. Entonces ocurrió. A través de la bruma y el rocío, cruzaron sus miradas. Fijaron sus pupilas en las del otro. Y se conocieron. Se reconocieron. “Llevo toda la vida buscándote, antes aún de existir”, le dijo él. “Te quiero” dijeron los ojitos de ella, mientras su boca pronunciaba una hermosa palabra: “Bésame”. Rozaron sus labios, levemente. Recorrieron cada espacio, cada piel, cada pliegue. Como una oración. Como una dulce letanía. Sus lenguas se fundieron en un beso profundo, intenso, delicado, apasionado, tierno, sensible, agradecido. Regalado. Sus pieles desnudas encontraron en el otro reconfortante cobijo, aterciopelado pijama de calor. Y sus cuerpos se fundieron en un conmovedor y húmedo abrazo, amándose como nadie en la historia hizo nunca. No había sexo, no existía. No había intimidad privada, ni física anatómica. No eran dos. Eran uno regalándose a sí mismo. Rozando sus almas. Acariciándose por dentro. Dando un nuevo sentido a lo que hasta entonces habían entendido por hacer el amor. Reinventándolo. Haciéndolo único. Ofreciendo a Dios la más pura de las ofrendas. “Es el final de nuestro camino”, se dijeron.

Yo creo que no. Aquello quedará en la memoria como la más bella entrega de amor nunca conocida y, por descontado, experimentada. Y fue el final de un camino, por supuesto. Pero también, más importante, el inicio de uno nuevo. Uno por el que habían luchado, vivido, soñado, sufrido, desesperado, ilusionado, desesperanzado, sobrevivido. No se sabe dónde les llevará, ni cuanto durará su recorrido de la mano. Pero sí que saben una cosa: lleve donde lleve, dure lo que dure…habrá merecido la pena.

http://www.youtube.com/watch?v=5iXV93M-Sa8