Un 19 de febrero de 2009 escribía esto. Sigue vigente hasta la última coma.
"Una mañana de sol. Un paisaje verde. Multitud de colores, tonalidades, olores. Sonidos de paz, risas, brisa cálida. Carreras por el campo. Retoces entre la hierba. El olor a tierra mojada. La lluvia chispeante. La tormenta voraz y unos enormes tubos en los que resguardarse mientras el suelo crepita tenuemente al caer el agua acariciante.
Un atardecer en la playa. Un sol que comienza a descender en la línea del horizonte, enorme, anaranjado, incandescente. El cielo multitímbrico, estratificado de menos a mas, de más a menos. El vientecillo que mima los cabellos, que besa la piel. La arena como ergonómico asiento, como lecho ideal, como voyeur privilegiado de caricias y sonrisas con los ojos cerrados.
Una cena a la luz de las sempiternas horteroides y, a la vez,
entrañables velas. Música de piano de fondo. Unos platos exquisitos
elaborados con los más elementales ingredientes, pero sazonados con la
magia del momento. Dedos que se rozan como sin querer al pasarse el pan.
Ese brillo en los ojos producto de algo más que el reflejo de la tenue
luz. Esas ansias vitales de besar, contenidas tras la copa de vino. La
piel sobre la piel mientras duermo abrazado a tu cintura y agarrado a
tus pechos. Y hacer el amor. Fabricarlo, revisarlo, reinventarlo,
superarlo, terminarlo... para volver a empezar. Y así toda la vida...
Entenderme con sólo mirarme. Leer tu alma con sólo mirarte. Compartir tu
alegría. Sufrir mi dolor. Abrazarte en tus momentos malos acariciando
tu pelo y apretando tu cabeza sobre mi pecho. Dejarme rezungar como un
niño cuando algo me disgusta, y hacerlo con una media sonrisa. Besarme
para finiquitar mi estupidez en esos ratos malos. Ilusionarnos por la
mínima nimiedad. Discutir -que no pelear- acaloradamente por cualquier
tontería divergente en nuestros criterios. Acabar la discusión haciendo
el amor en el sofá. En la cocina. Sobre el lavabo o en la taza del baño.
Contra la pared del pasillo. Sobre la encimera o en el suelo del salón.
Bueno, también en la cama, por qué no... Pensar en plural, aún cuando
sean proyectos individuales de cada uno. Ser lo más importante, sin ser
lo único. Pero lo más importante. Escucharme con una sonrisa o una
lágrima mientras derramo mi espíritu sobre las teclas del piano.
Compartir tus proyectos, ayudarte en tu trabajo cuando vuelves a casa, y
recibirte con un beso. Y que me recibas con un beso. Que me cuides como
a un niño. Cuidarte como a una niña. Amarte como nunca, hasta amarte
como siempre. Y que me ames igual. Que me tengas paciencia. Mucha
paciencia.
Que aceptes mi situación con comprensión. Que, con el tiempo, llegues a
amar a mis hijos -casi- como si fueran tuyos. Que entiendas lo que son
para mí. Que intentes entenderlo.
Eso, y mucho más, es lo que necesito de una relación. Eso, y mucho más,
es lo que quiero sentir contigo. Cuando aparezcas. Si apareces.
Eso. Y mucho más..."

