Y armándome de valor me acerqué hasta la puerta. Cuarenta. Cuarenta minutos eternos. Cuarenta minutos largos, interminables, llenos de miedos. Cuarenta minutos de interrogantes, de ganas de huir, de deseos de quedar. Cuarenta minutos en los que elucubraba sobre qué ibas a hacer, cómo ibas a reaccionar. Cuarenta "se alegrará". Cuarenta "me ignorará". Cuarenta "me despreciará con su mirada". Cuarenta canas más, una por cada vez que dudé, que decidí marchar mientras mi mano sacaba la llave del contacto.
Y noventa. Noventa minutos eternos. Noventa minutos largos, interminables, llenos de miedos. Noventa minutos de reproches, de gritos en voz baja, de susurros atronadores. Noventa minutos de bofetadas en mi alma, de desdén y desprecio. Noventa minutos de puntilla y descabello. Noventa "qué hago aquí", noventa "por qué lo he hecho". Noventa "por qué me haces esto". Noventa "me mato". Noventa "me muero". Noventa derrotadas canas más...
Yo... Yo sólo quería un abrazo...
Un espacio para mí, para escribir y, con ello, liberar mi alma en una catarsis de periodicidad aleatoria. Si, por casualidad, te encuentras con él... Bienvenid@
30 diciembre 2017
Recuerdo (algún día)
"Cuánto tiempo ha pasado
Desde los primero errores
Del interrogante en tu mirada...
Agárrate de mi mano
Que tengo miedo del futuro
Y detrás de cada huida estabas... Tú...
Antes de rendirnos
Fuimos ETERNOS
Más viejo y más cansado vuelvo a mi asiento
Aburrido vigilo las caras de los viajeros
Compañeros en la rutina y en los bostezos…"
Grande, compañero Ismael, Grande...
Desde los primero errores
Del interrogante en tu mirada...
Agárrate de mi mano
Que tengo miedo del futuro
Y detrás de cada huida estabas... Tú...
Antes de rendirnos
Fuimos ETERNOS
Más viejo y más cansado vuelvo a mi asiento
Aburrido vigilo las caras de los viajeros
Compañeros en la rutina y en los bostezos…"
Grande, compañero Ismael, Grande...
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