27 marzo 2022

¿Cómo?


 

 

 

 

 

Pertenezco a una familia de amor.

Una familia que ha tenido a sus hijos desde pequeños, una familia que les ha dado amor desde el mismo principio. Una familia que hizo de la infancia el mejor de los momentos.

Una familia en la que siempre hubo besos, abrazos. Una familia que nos enseñó a manifestar los sentimientos, a tenerlos. A pedir perdón. A decir "lo siento". Una familia donde nunca faltó un "te quiero", ni aún hoy, de viejos. Una familia donde para saludarnos, sean padres, primos, hermanos, nietos, nos damos un beso. En casa, en la calle, en el cine o en el cielo. Solos o rodeados de ajenos. 

Una familia en la que siempre decimos lo que pensamos, lo que sentimos, lo que queremos. A quién queremos. Con palabras, con hechos. Una familia en la que sabemos cómo está el otro, porque lo dice, lo muestra, lo siente. Una familia que, sin vernos tanto, estamos ahí si lo necesitamos. Con sólo saberlo. 

Es importantísimo que desde pequeño te muestren amor, cuidado, celo. Te enseñen el valor de los sentimientos. El valor de preocuparte por el ser amado, algo que sale de dentro, sin tener que pedirlo ni reprocharlo. Quizá lleguemos a ser cansinos, agobiantes según el momento. Pero que quien tienes al lado se desviva por tí, le duela tu dolor, se muera de angustia si algo te afecta, te acongoja, te mata por dentro... Eso no tiene precio.

No entiendo otra forma. Por eso creo que quien no me ama así, no me ama. O no sabe amar.

Pertenezo a una familia. Una familia que me enseñó el valor de la honestidad, de los principios, de la lucha y la prudencia, pero de la sinceridad  e integridad como bandera. No importa el dinero. No importa lo que tengas, no importa lo que pierdas. Sé feliz con quien quieres, no hagas daño a nadie, y vive. Con más, con menos. Pero vive feliz. Lo importante es amar a quien tienes al lado, y que te amen.

Nunca he tenido gran cosa. Nunca me han regalado ni prometido el cielo. Nunca me he preocupado de ello. Prefiero vivir en la modestia, pagar mis facturas y sentir la felicidad inmensa, aunque a veces breve, de despertar al lado de quien quiero. ¿De qué me sirve la opulencia, el dinero, los regalos caros, los viajes, el marisco y el ribeiro, si a con quien lo comparto no le quiero? ¿Qué valor tiene? ¿De veras compensa abrir los ojos cada día y ver al lado a quien sé y quien sabe que no quiero? ¿Qué clase de persona sería? Alguien que falta a sus principios, o no los tiene. Alguien que falta a sus valores, o que los perdió hace tiempo. O que, simplemente, son así los que tiene. Qué pena. Qué feo...

Personalmente no podría, y he podido. Personalmente me repugna, lo lamento. Pero con gusto renunciaré a una mejor vida por poder dar un sólo beso cada día a la persona que realmente quiero. Eso, eso... no tiene precio. Eso trasciende. Eso es AMOR. Eso es VIVIR. Eso. El resto, personalmente, lo desprecio. Cada cual es libre, por supuesto. Pero triste. Muy triste. Si no vives para amar... ¿para qué vives? Si no hubieras conocido nunca el amor, lo entiendo. El mito de la caverna. Pero, una vez entre tus manos... ¿Cómo perderlo? ¿Cómo renunciar por.... dinero?

Somos lo que hemos vivido, cierto. Pero tenemos la capacidad de aprender, de mejorar, de crecer, de cambiar. Así que no, no es excusa. Es un lamento.... 

Un beso. A cambio de todo. Sólo un beso de amor cada día, real, auténtico. Sincero. ¿Puede haber algo más? ¿Puede haber algo mejor? Eso es todo. Eso lo es todo. El resto... basura. Desprecio.

Cada cual se define por sus actos, no por sus palabras. Los actos hablan de ti. Los actos lo son todo. Las palabras... apenas viento.

21 marzo 2022

Pero no

 


 

 

 

 

 

 

 

 

Crees que me conoces.

Crees que me conoces, pero no. Sólo has visto pinceladas de mí, sólo paletadas gruesas, brochazos de pintor de agua fuerte y gotelé, sin brillo ni pasión.

Crees que me conoces, pero no. Te han cegado mis trazos gruesos, los tonos rojo fuerte, negro intenso. Pero no. Te has perdido la mayor parte de lo que soy. Te has perdido todo yo.

Te has perdido mis caricias, esas que tanto te daban y tan rápido olvidabas. Te has perdido mis dedos en tu piel, escribiendo poemas eternos, interpretando las más bellas canciones de amor a lo largo de tu espalda.

Te has perdido todo yo. Te has perdido mis besos, no los que hablaban de lascivia y deseo, sino los que decían Amor con la más mínima brisa sobre tu olor. Te has perdido mis labios susurrando, apenas audibles, palabras que nacían del corazón.

Te has perdido mis ojos, devotos del brillo de los tuyos, mi mirada que tanto dice y tan mal lees. Te has perdido mil y una palabras sin sonido, sin fonemas, sin un son. Mil y un sonetos y secretos en confesión.

Te has perdido mis abrazos, la fusión de mi alma y la tuya cuando te tenía entre mis brazos. Te has perdido sentirme, atravesarme, entregarme. Te has perdido la profunda conexión de almas que se da cuando te rodeo con mis manos.

Te has perdido tantas cosas... Te has perdido mi locura, mi risa, mi ilusión. Los viajes, los paseos, la belleza que se esconde en una flor, en una hoja, en el susurro del viento y las gotas de lluvia calando hasta el colchón. Te has perdido mi entrega, mi lucha, mi razón. Te has perdido mi cerebro, mi mente, mi secreta perversión. Mi espíritu, mi cuerpo, tantas y tantas cosas... Te has perdido todo yo.

Y lo peor de todo, amor, es que lo has tenido. Y no has sabido verlo, leerlo, sentirlo, reconocerlo. No has sabido saberlo. Te has perdido tantas cosas... Todo yo.

Crees que me conoces. Crees que me conoces... pero no.

14 marzo 2022

Hoy sólo necesito...















A veces todo lo que necesitamos se encuentra entre las suaves costuras de un abrazo. Un abrazo cálido, tierno, cariñoso. Un abrazo sin tiempo ni reloj. Un abrazo largo, lento, amable. Un abrazo que dice "te amo", o "no te amo pero te quiero". Un abrazo que nos habla sin palabras de sentimientos, humanidad, apoyo, compañía. Un abrazo que nos dice "somos", soy" ,"eres", "estoy". Un abrazo que nos cuenta sin hablar que está, que siempre ha estado ahí.

Un abrazo que nos dice, sin sonido, que no estamos solos. Un abrazo que nos dice "puedes contar conmigo".

Un abrazo que nos calienta, nos calma, nos reinventa. Un abrazo que dice "llora lo que quieras, yo lloraré contigo" ..

Hoy "sólo" necesito un abrazo ...

06 marzo 2022

Sweet Little


 

 

 

 

 

"Siento algo aquí que

no me permite ser feliz si

NO

es a su lado"

04 marzo 2022

Máscara


 

 

 

 

 

 

 

Cuerpo sobre mente, mente sobre cuerpo. Todo íntimamente relacionado. Retroalimentación recíproca. Ajeno me siento. Mi cuerpo crea una máscara, una poker face consecuente y consecuencia. Me miro al espejo, retoco el maquillaje, y mi mente comienza a sentirse ausente, consecuencia y consecuente.

¿Qué fue primero? ¿La actitud o la consecuencia? Probablemente las dos. Y está bien así. Pero quien me conoce sabe que no soy hombre de imposturas. Mantener una pose no entra dentro de mi código conductual. Puedo parecer reflexivo y, desde luego, mental. Pero las estrategias me repugnan. La mentira, aún como método de defensa, me provoca nauseas. No hay pose, ni artificio. Actitud y consecuencia, consecuencia y actitud.

Acaba una semana gélida, con el frio emocional calando hasta los huesos. El hielo, aún de lejos, quema y congela a la par. Hay gente experta en indolencia. Probablemente una condición, su naturaleza. Algo a lo que aspiro, también. Muchas lecciones aún por aprender y más clases prácticas todavía. Pero tengo buena maestra.

Viernes noche. Monto en el coche. Cae el telón, acaba el teatrillo. Suena John Barry y, sin verlo venir, comienza a llover. Dentro. Tanta lucha, tanto asesinato emocional, tanto trabajo apagando el fuego hasta apenas reducirlo a brasas levemente humeantes... es agotador. 

Aún es pronto. Pero estoy en ello. Momento habrá en que la máscara sea asimilada por la propia piel, se funda y se confundan exterior e interior. Voy avanzando. Buena maestra.

Sigue lloviendo. Hacía mucho. Cada vez menos.

Erik.


01 marzo 2022

Ya








Ya 

Ya sentí

Ya lloré

Ya amé

Ya sufrí

Ya fui feliz 

Ya desperté 

Ya entendí 

Ya asumí... que siempre estuve sólo

Y lo que creí, lo soñé

Ahora toca vivir con uno mismo 

Encontrar la paz, mantenerla

Aceptar la vida como viene 

Y seguir luchando, como siempre

Pero con la sabiduría de la experiencia

Y la serenidad del pelo blanco

Para que cuando llegue la muerte 

Me encuentre con la sonrisa puesta 

Sea