19 julio 2022

Frente al mar

Frente al mar 

Hilera de luces penitentes en procesión nocturna.

El bullicio, atrás. El mecer a contratiempo de las olas, ante mí.

Oscuridad profunda. La línea del mar que se difumina en lontananza. Agua y cielo se funden, se confunden y bailan lento apasionado en la negrura monotímbrica, de rima asonante y consumante.

A mi izquierda, una pareja juega hasta la cintura cubierta de sal y espuma, de amor y luna, de luz de noche y sol. Yo les miro con ternura, sazonada de cierta envidia. Y me pregunto. Me pregunto muchas cosas. Y no hallo respuesta alguna.

Quizá es el destino de las almas hechas de arte. Quizá la música, la poesía, la escritura, necesiten de la soledad. Quizá sea el precio a pagar para que otros vivan un poco mejor. Quizá las vibraciones de la belleza surgen y necesitan a menudo, del sufrimiento. 

Sólo sé que estoy aquí. Entre mis brazos, la nada. Estoy harto de arte. Para qué mis poemas? Para qué las teclas de mi piano?

Frente al mar. De noche. Por fuera. De noche. Por dentro.



13 julio 2022

Espejo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hoy me miré en el espejo. Lo hago todos los días. No me gustó lo que ví. Como todos los días. Hoy menos.

La imagen que me devolvió el cristal no se corresponde con la que miente a mi cerebro: alguien joven -aún-que se siente más jovén -aún- y luce -aún- más joven todavía. La cara que me miraba desde el otro lado era la de alguien cansado. Profundamente cansado. Envejecido. En poco más de un año la edad me ha atropellado, pasado por encima. 

No es sólo eso. Lo que me transmite mi yo simétrico no es edad. Esa ya la tenía. No es el paso del tiempo. Es el paso de la vida. En todos los sentidos.

Cada pelo blanco y cada vez más aislado es consecuencia de un día de preocupación, de una jornada de disquisiciones mentales, de intentar obrar milagros con manos de simple mortal. De devanarme el cerebro buscando soluciones pequeñas a problemas inmensos, soluciones inmensas a problemas pequeños... sin conseguirlo. Frustraciones en escala de grises.

Cada  matiz de color, cada milímetro de profundidad de mis ojeras son consecuencia de noches sin dormir, de días sin soñar, de sueños sin cumplir. Y de ganas, empero, de soñar.

Cada espacio de párpado retraído, cada pestaña desaparecida, cada terreno robado a mis otrora enormes ojos corresponde a litros de lágrimas generadas y no derramadas, podridas en su interior por no poder salir. Pero estar.

El brillo ausente en mis ojos, la mirada seca y perdida es la desesperanza con la que la vida a menudo te golpea, las ilusiones pateadas, los anhelos perdidos, los proyectos truncados, los sueños rotos.

Cada arruga, cada centímetro flácido de mi piel es una carretera secundaria por la que se deslizan mis emociones, mi tristeza, mi dolor. Mis besos contenidos, mis abrazos no entregados, mis caricias marchitadas en el cajón del desamor.

No, no me gusta verme. No me gusta lo que veo. Pero estoy orgulloso de ello. Porque significa que, a pesar de todos los golpes, todo el sufrimiento, desengaños, jirones de corazón... sigo aquí. En pie. Aún. Y mi rostro, ahora mismo, lleva escrita mi historia. A fuego. Y no me arrepiento de haberla vivido.

  

08 julio 2022

Cosas que no te diré


 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cosas que ya no podré decirte...

Me gustan las noches a tu lado. 

Los bailes de salón cuando, sin esperarlo, te tomo de la mano y te levanto de la mesa, y bailamos piel con piel sobre una baldosa, mientras consigo llevarte a duras penas. Siempre tan libre, hasta en eso. 

Las cenas al calor del vino y al abrigo de las velas, mientras -por fin- hablamos de cualquier cosa. De tantas cosas. Quizá sea la combinación de todos los elementos, o simplemente la relajación mental que produce el ocaso, pero en esa hora bruja sale todo. Sale solo. Sale fácil. Sale. Bien.

La post-cena, cuando los ojos se te cierran mientras, tozuda, te empeñas en negarlo. Un día te grabaré, y también lo negarás. Esas pequeñas y continuas obstinaciones que suponen un reto a mi lógica empírica y racional. Tu cabeza apoyada en mis piernas y tu respiración que se vuelve profunda, inalterable, quieta, en tanto te quedas dormida sobre ellas después de haber conseguido que ponga en la tele aquello que tan poco me gusta.

La post-cena, cuando la pasión puede al cansancio y nos dan las tantas y tantas, amándonos hasta el último poro de nuestro ser.

El momento de acostarnos, cuando te subo en brazos por la escalera hasta depositarte suavemente -o no- sobre el lecho para amarnos y volver y no dormir y no parar. De amarnos. Hasta que la ténue luz de la alborada se cuela por las rendijas de la persiana y la felicidad se vuelve angustia, sabiendo que poco queda ya hasta que te vayas. Si pudiera parar el tiempo entonces, mientras apoyas tu cabeza sobre mi pecho y aparto tu pelo de la cara, y te rodeo con mi brazo apoyando inmóvil la mano en tu piel, absorbiendo mis huellas tu esencia derramada...

Me gustan las noches. A tu lado.

01 julio 2022

Lo sé


 

 

 

 

 

Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso;

no hallar fuera del bien centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso;

huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor suave,
olvidar el provecho, amar el daño;

creer que un cielo en un infierno cabe,
dar la vida y el alma a un desengaño;
esto es amor, quien lo probó lo sabe.

Félix Lope de Vega