Hace tiempo comencé a grabar un video porque me rondaba algo por la cabeza. Quería -y quiero- dejar a mis hijos un pequeño legado, más allá de hechos y enseñanzas, de caricias y ternura, de consejos y (pobre) sabiduría de perro viejo. Empecé contándoles mi historia, su historia. En tiempo real. Para que nada o nadie desvirtuara con los años la verdad que la frágil memoria guarda. Después me planteé resumir mis principios -a la postre lo más importante que poseo- en una serie de sentencias, adagios, parábolas, moralejas. Que escucharan y vieran, de viva voz (y retina) la esencia de lo que para mí es ser un hombre... Y entonces me vino a la memoria un poema titulado “If”, “Si” (conjunción, no adverbio), de Rudyard Kipling. Y maldije al premio nobel, y le arranqué las barbas a mordiscos. Porque me di cuenta de que nunca podría elaborar nada tan perfecto –salvando ligeros anacronismos- como ese escrito. Así que, mientras sigo forzando mi intelecto para intentar acercarme a su brillantez y anticipada inspiración, os dejo este texto. Sublime. Maldito british……
SI (IF)
(traducción libre)
Si puedes mantener la cabeza cuando todo a tu alrededor
pierde la suya, y te culpan por ello;
Si puedes confiar en ti mismo cuando todos dudan de ti,
y a la vez admitir también sus dudas;
Si puedes esperar sin cansarte en la espera,
o, siendo engañado, no pagar con mentiras,
o, siendo odiado, no odiar también tú,
y no por ello aparentar ser demasiado bueno, ni demasiado sabio;
Si puedes soñar sin ser esclavo de tus sueños;
Si puedes pensar sin ser esclavo de tus ideas;
Si puedes enfrentarte al triunfo y al fracaso
y tratar a uno y otro impostor por igual;
Si puedes soportar oír tus propias palabras
manipuladas tramposamente por malvados,
O ver cómo todas las cosas que has puesto en tu vida se rompen
y agacharte y reconstruirlas con tus pocos medios;
Si puedes coger todos tus triunfos
y arriesgarlos a un golpe de suerte,
y perder, y empezar de nuevo desde el principio
y no volver a hablar nunca de dicha pérdida;
Si puedes alentar a tu corazón y nervios y tendones
para jugar tu mano aún cuando sientas que ya has perdido,
y así mantenerte en pie cuando no queda nada dentro de ti
excepto la Voluntad que te dice: “¡RESISTE!”
Si puedes hablar a las masas sin corromperte
o tratar con reyes sin perder el sentido común;
Si ni amigos ni enemigos pueden herirte;
Si todos cuentan contigo, pero ninguno demasiado;
Si puedes llenar un minuto inolvidable
con sesenta inolvidables segundos...
Tuya será la Tierra y todo lo que en ella habita;
Y, lo que es más importante: ¡serás un HOMBRE, hijo mío!
Rudyard Kipling.
Un espacio para mí, para escribir y, con ello, liberar mi alma en una catarsis de periodicidad aleatoria. Si, por casualidad, te encuentras con él... Bienvenid@
10 enero 2012
04 enero 2012
No dejes de besarme
Cada uno por su lado, recorrieron caminos y montañas, sendas y autopistas. Hicieron un breve alto en pro del necesario descanso, y se encontraron. Uno y otro se miraron. Se recorrieron milímetro a milímetro. Descubrieron cada poro de su piel. Se besaron y amaron como dos extraños que reconocen en el otro el pedazo perdido de su alma, la razón de su existir. Se amaron tan intensamente que lloraron. Y las lágrimas, cuando comienzan a fluir, hacen surcos y regueros. Se acostumbran, se vician, se enloquecen. Se acostumbran. Se acomodan. Permanecen.
Volaron a ras de suelo. Soñaron una vida de amor y fantasía, de anhelos y ambrosías. Soñaron que soñaban. Soñaron que vivían. Y los sueños... Alguien dijo una vez que el amor duele, y más verlo morir. Las estrellas quizá erraron su objetivo. Los guijarros del camino hicieron llagas en sus pies, atravesando piel y carne, hueso y sangre. Pero amaron. Amaron el amor. El concepto mismo del amor.
"Bésame", dijo ella cuando se encontraron. "No dejes de besarme", dijo él cuando se despidieron.
Volaron a ras de suelo. Soñaron una vida de amor y fantasía, de anhelos y ambrosías. Soñaron que soñaban. Soñaron que vivían. Y los sueños... Alguien dijo una vez que el amor duele, y más verlo morir. Las estrellas quizá erraron su objetivo. Los guijarros del camino hicieron llagas en sus pies, atravesando piel y carne, hueso y sangre. Pero amaron. Amaron el amor. El concepto mismo del amor.
"Bésame", dijo ella cuando se encontraron. "No dejes de besarme", dijo él cuando se despidieron.
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