Por eso nos gustan las cifras. Las fechas. Dotarlas de un significado simbólico. Elegimos un día, un mes, que nos sirva para vivir. Para revivir. Para recordar -re cordis, volver a pasar por el corazón- aquello que fue especial. Por eso cobra singular importancia elegir también el día, el mes con el que sellar el ciclo, unir los puntos que terminan la forma.
6-12 es una de esas fechas redondas. Ambas cifras son pares. Armónicas. El 6 es bello. Agradable en su curvatura. Como el yang. La fuerza del universo masculina, incorpórea. Espiritual. Aire. El 12 es el mes más triste y a la vez nostálgico. Blanco y negro a la par. Redondo por sí solo. Con él acaba el año, y metafóricamente cualquier círculo vital. A su vez, es el doble de 6. Diríase que en su interior lleva recogido, junto con aquel, el Yin. La parte femenina del universo. Terrenal. Tierra. Por tanto, es una fecha ideal para empezar una vida y, por ende, para acabarla. Armónicamente. En paz.
6-12 para mí es la sorpresa. La manifestación palpable de que, a veces, a la vida le gusta darte una colleja cuando te empeñas en desafiarla. Una demostración de fuerza, de poder. De autoridad. Las cosas no son como uno quiere, como uno piensa. Son como la vida dice que son. Punto. Y si tienes prejuicios, recelos, ideas estancas, no importa: ahí está la vida para soplar fuerte y derribar tus "sólidos" cimientos mentales. Así es ella. Imperativa. Taxativa. Tiránica.
6-12 es también el juego del universo. Nosotros no somos sino fichas de baratillo. Ese yin, ese yang, entran en completa controversia cada vez. Opuestos. Opuestos tan potentes que se atraen irremediablemente, irresistiblemente. Opuestos que se unen tan fuertemente que, una vez conectados, resulta una quimera separarlos. Opuestos tan potentes que cuando entran en conflicto se destruyen, saltan chispas de fricción no precisamente pasional. Opuestos que se desintegran. Y la energía del cosmos, manipulada a su antojo por el propio universo, se encarga de reconstruirlos. Y vuelta a empezar.
6-12 es una sonrisa en el recuerdo. Una pequeña mueca labial entre la bruma. Un cachorro entre mis brazos. Pis de perro en mi camisa.Un café en un icónico lugar. Otro café, tramposo y traicionero. El inicio del fin.
6-12 es la llamada perdida. El mensaje que se borra. El timbre que no suena. El teléfono mudo y ciego. Los adioses para siempre hasta mañana. Los regalos de envoltorio ajado por el transcurso de los años acumulados en el armario. Los viajes no viajados. Los abrazos no abrazados. Ilusiones, rotas. Deseos, frustrados. Proyectos, incumplidos.
6-12 es días, meses, años. Es tantas cosas que es una vida entera que comienza. Y que termina. Que acaba no cuando muere, sino cuando la matas. Y yo no me resignaba a enterrarla viva. No hay opción, ya. Llegó el momento. Cuál mejor...