23 marzo 2020

Mortal (I)


Llevamos siglos preparándonos para la guerra. Siglos inventando la mejor forma de matar, la manera más efectiva de que no nos maten. La humanidad ha gastado millones de millones de sus presupuestos públicos, esos que deben servir para dar asistencia y mejorar la calidad de la vida del pueblo, en prepararse para matar a otra gente y que no maten a la suya. Mientras tanto, esos a los que supuestamente han defendido a menudo han muerto de hambre, enfermedades, necesidades…

Siempre hemos luchado contra grandes. Siempre intentando ser más grandes que ellos. Con las armas más grandes, los misiles más grandes, las bombas más grandes, los bombarderos más grandes… Y resulta que el mayor enemigo de todos, oh paradoja –no aprendemos- es invisible. Microscópico. Y mortal. Tremendamente mortal.

Mortal. Tremendamente. Mortal, porque te mata de muchas maneras, y no puedes vencerle. Este “simple catarro sin importancia”, como nos quisieron hacer creer desde el principio nuestros insignes dirigentes, más preocupados por la opinión pública que por la salud (pública), se ha revelado como un control de población ideal. Los más débiles, los más desamparados, los más vulnerables, los más viejos… fuera. ¡Qué distopía! ¡Qué manera tan perfecta de liberarse del problema de las pensiones!… Si no se hubiera ido de las manos y el dinero haya que gastarlo en parchear el desastre sanitario y económico que está provocando en el país. Ese “simple catarro sin importancia” prácticamente se come los pulmones, si eres anciano. Si entras en la UCI no sales y, si lo haces, lo harás muy probablemente con respirador de por vida. Corta y horrible vida. A los demás, a los que estamos sanos, nos tocará una lotería cuyos premios van desde el reintegro, un estado febril y respiratorio jodido, hasta problemas mucho más graves, de larga duración, respiración asistida… Pero bueno, es simplemente un catarro sin importancia. Vayamos a manifestarnos todos de guays, haciendo el gilipollas de guays, ignorando las recomendaciones de la OMS respecto de las aglomeraciones porque somos guays, porque el color morado es mucho más importante que el color verde de los sanitarios, o el negro del interior del ataúd. Porque el fútbol y los espectáculos no se pueden parar porque generan muchos millones y nos echamos encima a gente muy poderosa con muchos intereses, ninguno de ellos la salud. Vamos a figurar y a ir de guays, aún decretando a continuación la prohibición de aglomeraciones. Vamos a  dejar abiertas las fronteras mientras el resto del mundo se blinda, y dejemos entrar a todo el mundo sin hacer controles ni filtros, porque queda mal y somo guays … No es falsedad, ni negligencia, ni hipocresía. Es CINISMO.