Llevamos siglos preparándonos para la
guerra. Siglos inventando la mejor forma de matar, la manera más efectiva de
que no nos maten. La humanidad ha gastado millones de millones de sus
presupuestos públicos, esos que deben servir para dar asistencia y mejorar la
calidad de la vida del pueblo, en prepararse para matar a otra gente y que no
maten a la suya. Mientras tanto, esos a los que supuestamente han defendido a
menudo han muerto de hambre, enfermedades, necesidades…
Siempre hemos luchado contra grandes.
Siempre intentando ser más grandes que ellos. Con las armas más grandes, los
misiles más grandes, las bombas más grandes, los bombarderos más grandes… Y
resulta que el mayor enemigo de todos, oh paradoja –no aprendemos- es
invisible. Microscópico. Y mortal. Tremendamente mortal.
Mortal. Tremendamente. Mortal, porque te
mata de muchas maneras, y no puedes vencerle. Este “simple catarro sin
importancia”, como nos quisieron hacer creer desde el principio nuestros
insignes dirigentes, más preocupados por la opinión pública que por la salud
(pública), se ha revelado como un control de población ideal. Los más débiles,
los más desamparados, los más vulnerables, los más viejos… fuera. ¡Qué distopía!
¡Qué manera tan perfecta de liberarse del problema de las pensiones!… Si no se
hubiera ido de las manos y el dinero haya que gastarlo en parchear el desastre
sanitario y económico que está provocando en el país. Ese “simple catarro sin
importancia” prácticamente se come los pulmones, si eres anciano. Si entras en
la UCI no sales y, si lo haces, lo harás muy probablemente con respirador de
por vida. Corta y horrible vida. A los demás, a los que estamos sanos, nos
tocará una lotería cuyos premios van desde el reintegro, un estado febril
y respiratorio jodido, hasta problemas mucho más graves, de larga duración,
respiración asistida… Pero bueno, es simplemente un catarro sin importancia.
Vayamos a manifestarnos todos de guays, haciendo el gilipollas de guays,
ignorando las recomendaciones de la OMS respecto de las aglomeraciones porque
somos guays, porque el color morado es mucho más importante que el color verde
de los sanitarios, o el negro del interior del ataúd. Porque el fútbol y los
espectáculos no se pueden parar porque generan muchos millones y nos echamos
encima a gente muy poderosa con muchos intereses, ninguno de ellos la salud.
Vamos a figurar y a ir de guays, aún decretando a continuación la prohibición
de aglomeraciones. Vamos a dejar abiertas las fronteras mientras el resto del mundo se blinda, y dejemos entrar a todo el
mundo sin hacer controles ni filtros, porque queda mal y somo guays … No es
falsedad, ni negligencia, ni hipocresía. Es CINISMO.

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