27 enero 2019

Y el lobo dejó de aullar...

Y el lobo dejó de aullar a la luna...
Cansado de admirarla y cantar sus bondades
Cansado de acudir cada noche a su llamada
De pasar largas veladas de amor acariciándola desde su colina
Cansado de recitarle poemas de amor
De mostrar cada día su disponibilidad
Su deseo, su corazón
Y recibir de ella, si acaso fuera,
Ténues rayos de hermosa luz
Titilantes reflejos de su enorme interior
Pero tan distante, tan lejana...

Cansado de que sus momentos de pasión
Se desvanecieran al llegar el día

Cansado de que sus canciones
quedaran como lúgubre eco en la noche
flotando en el denso aire húmedo
del despertar.

Cansado de mostrarse para ella, de entregarse, de adorarla
Cansado de acariciar su cara, siempre pálida, siempre bella...
Pero fría. Gélida.
Cansado de esperar impaciente, caminando en círculos,
Que le mostrara su otra faz,
La que escondía para sí sola,
La que nunca pudo ver, la que nunca pudo disfrutar...

Cansado de que lo que le daba, le ofrecía,
Nunca fuera suficiente
Cansado de que, tras sus cantos, tras sus llantos de amor
Se desvaneciera tras la colina
Y sólo quedara oscuridad
Con los primeros rayos del día...

El lobo dejó de aullar a la luna...
Decidió, y así lo haría, ésta vez,
Resistirse al deseo, al recuerdo, a la necesidad
E intentar sobrevivir.
Quiso cantarle a las estrellas, al sol, a sus congéneres
Quiso aullarle a los planetas, a las nubes, al viento y los cometas
Pero su voz estaba muda. Estaba queda.
Siempre lo supuso, pero nunca lo creyó.
Tanto objeto de loa, tanta poesía por versar...

Se aisló de la manada. Consiguió disfrutar de los pájaros, las hojas,
el olor del romero y el rocío de la madrugada
Y fue aprendiendo a ser feliz, a ratos, a momentos,

Y a sobrevivir

Sin mirar al cielo en la noche clara
Sin mirar al cielo en la noche fría
Aunque de vez en cuando, sin quererlo,
Ve su reflejo sobre el agua de la charca,
En los ojos de los búhos, en el temblor de la hojarasca
Y no puede evitar dar un respingo en su interior
Mirar de reojo y desear, por un segundo,
La piel que tanto amó.

Pero no puede volver a subir al cerro,
y su canto, mudo y muerto,
ya no llena el bosque ni lo hará... nevermore...

El lobo dejó de aullar a la luna...