31 diciembre 2022

Reflexiones de una mente cansada

 








A estas alturas de vida, ya habiendo superado con creces el ecuador, comienza la etapa de conclusiones. Cada cierre, de lo que sea, es un buen momento, y si no lo es lo mismo da. Llegan a la cena sin haber sido invitadas ni llamar a la puerta.

Ciertamente, si aún me queda mucho por aprender es que soy bastante más necio de lo que pienso. En ausencia de tal cualidad o intensidad, toca reflexionar sobre lo que ya sabía pero no tenía presente, o no quería tener. O, sencillamente, sobre lo que me ha abofeteado el rostro hasta dejármelo encarnado, de escozor o de vergüenza, lo mismo da.

En este año que se acaba (diría que por fin, pero nada indica que el que viene vaya a ser mejor), recordé, e incluso aprendí (de mí, de los demas):

Que el destino no existe. Sólo un cúmulo de casualidades sin causa. De causalidades nada casuales. 

Que alguna gente cambia a base de hostias, y no forzosamente -que también- para bien. Que algunos no lo hacen aún reventándose la cabeza contra el muro una y otra vez.

Que el orgullo y la soberbia van siempre de la mano, y forman un tándem que, por más que proteja en ocasiones, la mayor parte de las veces te lleva a la tumba con la cabeza muy alta y la vida muy baja.

Que mi realidad es correcta, pero no la única. Y que para cada cual, por increíble que resulte a veces, la suya también lo es. Correcta.

Que a menudo se escucha para contestar, no para comprender. Y así va todo.

Que no se puede forzar a nadie a que te quiera. Que, aún queriéndote, no se puede forzar a nadie a que te acompañe, a que te soporte. A que le intereses. 

Que el amor (al otro) no lo puede todo. De hecho, no puede casi nada. Que a cada uno le sirve en la vida lo que le sirve, sea lo que sea. Y está bien.

Que cada cual es responsable de sus actos. Y de sus consecuencias. Y que quien no es capaz de ser consciente de los primeros, no entenderá nunca las segundas.

Que cuanto antes acepte que no sirve de nada seguir luchando, antes podré descansar. Que esta vez quiero y merezco que luchen por mí. Que luchar no es declarar la guerra y desertar ante las primeras bajas, sino perseverar e ir ganando batallas hasta conseguir la victoria final o, al menos, hasta que sólo quede en tu poder una bandera blanca.

Que hay gente que siente el puñetazo que recibe, pero no es consciente de las puñaladas que da.

Que el papel de víctima es sucio y arrugado, y la excusa perfecta para ser sucio y arrugado. 

Que a veces me lee quien menos espero, y quien menos deseo. En cualquier caso, un saludo. A ver si tomamos algo y hablamos de nuestras cosas.

Que nadie sabe el dolor que se oculta tras los gruesos muros de la torre. Nadie.

Que a veces la esperanza es lo primero que se debería perder.

Que a pesar de todo echo de menos el brillo negro de unos ojos. Y que soy estúpido por ello. Pero me encantaría verlos en mi puerta y leer a su través lo que hace tanto desapareció. Tanto, que casi lo olvidé.

Que -y esto es lo más importante que aprendí- tenemos que saber cuándo parar. Permitirnos ser débiles, llorar, descansar y no pensar. No regodearnos en el sufrimiento y la impotencia, en la tristeza y frustración. Y si no lo hacemos, o no es suficiente, o no sabemos hacerlo, tenemos que pedir ayuda. Porque de lo contrario, se puede caer en un pozo de paredes húmedas y lacerantes, del que no siempre es fácil salir.

Que la palabra clave de este año es: ACEPTAR.

Y muchas cosas más. Pero mi mente está cansada...

Feliz año. A todos.


28 diciembre 2022

28 22

Frío

Dentro y fuera

Frío

Y el calor intenso

y la sensación de estupidez

Merecida y doliente.

A veces el alma se empeña

En dejar una rendija abierta entre su puerta

Y la esperanza generosa y sin sentido.

El gélido vendaval la cierra de golpe

Destrozando las falanges de los dedos

De los hilos del adiós

Aún contenido y susurrado

En voz bajita, mientras te alejas

Del lugar donde no debiste ir,

Al que nunca has de volver.

Paso lento, mirada atrás

Y el sueño que se desvanece

Entre el cristal y la razón.

Y con él, el vacío que crece

Y la historia, que desaparece.


 

11 diciembre 2022

Sigo











Creí en la vida, pero me mató

Creí en la suerte, pero me golpeó

Creí en la lluvia, pero no mojó

Creí en el destino, pero se apagó

No importa, tengo mi paraguas rojo 

Y mis viejos zapatos azules

Caminaré solo, al lado del eco de mis pisadas.

Caminaré solo, con la única persona

Que cree en mí.

Disfrute mi némesis 

De sus victorias 

De su farsa, de su hedor. 


El viento me trae suspiros de ti 

Sonidos de otros tiempos.

No lo entendiste. 

No pudo ser. 

Sigo mi camino hacía ningún lugar,

Hacia donde me lleven

mis viejos zapatos azules.

Quién sabe si hacia la eternidad

O, simplemente, hacia la nada.




 

17 octubre 2022

Sí, claro

En el cálido verano, impregnado de olor a sal de día y de noche, sabor continuo en mi boca a mar, de día. Y de noche.

En la tibia caricia de los rayos de marzo, en los campos que abrazan la esperanza del renacer de la vida y te invitan a echar raíces, y a anclarte a tu paz y tu pasión. Pasión.

En el frío invierno, perezoso y mortecino, que te lleva de la mano a desnudarte y sentir sobre la piel el peso. De las mantas. Y el calor. De las mantas. Y a abrazarte y no soltarte hasta alimentarte de su calor a través de cada poro de la miel.

En el languideciente otoño, sus paseos bajo las lluvias de agua, ocres y demás gotas multidolor, aplastando hojas, pateándolas con infantil nostalgia, bajo el amparo rojo del tamiz de la emoción.

Sí, claro.

31 agosto 2022

Becqueriano

 

Decía Bécquer:


"De lo poco de vida que me resta 

diera con gusto los mejores años

por saber lo que a otros 

de mí has hablado"


Mal. Maaal! Qué necesidad hay, Gustavo? Para qué? Las sorpresas siempre son negativas. Fíjate, yo hubiera dado parte de esos años por NO saberlo. Por no seguir descubriendo mentiras a la cara (a la mía, no a la ajena) y la falta de elegancia respecto de aquello que pertenece a la esfera más íntima y privada de dos personas, aún y en especial en su momento más triste. Tú, que tan poco gustabas de que nadie se enterara. De lo tuyo, claro. Qué diferencia cuando se trata de quedar bien tú, verdad?

Me hubiera gustado asistir a la celebración pública de nuestro funeral. Organizar eventos en casos de divorcio es tendencia. Lamento, como protagonista principal, habérmelo perdido. No haber estado de cuerpo presente. Bonito que lo compartieras. Ante todos. Tú, que tan poco gustabas de que nadie se enterara. De lo tuyo. Claro. Qué diferente, verdad? A punto estuve de ir, sin saberlo. Hubiera sido una sorpresa preciosa. Acerté, en parte. Te imaginaba con lágrimas en los ojos, pero no de alegría. Quizá hubiéramos brindado juntos. Qué menos, no?

Tú sigue celebrando tu huida hacia adelante. Yo mientras acabaré de  entonar el Réquiem por un sueño. Acaba ya de humillarme en público, sigue confesando tu desprecio y desamor incluso ante las altas esferas. Sí, Nena, Sí. Creo que no se puede intentar hundir más al otro. Pero bueno, han sido tantas veces, ante unos y ante otros, y nunca las has visto, que tampoco verás estas. Mítica Themis que hace tiempo perdió los platos, los brazos, la justicia...

Bien. Que te haya cundido. Palmaditas en la espalda y airecito expurgardor.

Por mi parte no hay más qué decir. No podría, aunque quisiera. Yo, que tanto hablo, me he quedado sin palabras. Me has dejado sin palabras. Un vez más.

Prometo no hacer lo mismo que tú. Tu imagen quedará intacta, no te preocupes. Nadie allí sabrá la verdad de cómo has sido, de la mezquindad que a menudo has manifestado y no se ha visto.

Y aunque lo hiciera -que no, repito- quién va a creer al lobo frente a la dulce Caperucita? Asumido está. Afortunadamente hay hermosas Cenicientas que me ven como a un Príncipe, a las que no tengo que despertar de su letargo, sino tan sólo bailar con ellas y, mejor que buscarles zapato,  descalzarlas.

P.d. Me prometí no dedicarte ni una letra más. Pase lo que pase, me entere de lo que me entere -y aún he de enterarme- prometo cumplirlo.

Mucha suerte. Sin sarcasmos.

02 agosto 2022

Cansado

 

 

 

 

 


Esto de ser siempre el fuerte ya no es divertido.

Estoy cansado. Cansado de aguantar tanto vendaval en mi vida que me dobla, y no caer.

Cansado de ser fuerte desde mi propio nacimiento. Cansado de aguantar hostias en mi adolescencia. Cansado de soportar gente insoportable.

Cansado de un trabajo insatisfactorio y alienante. De una vida sin sustancia esperanzado en tiempos mejores. De luchar por ello y no obtenerlo.

Cansado de levantarme cuando me consiguieron derrumbar, mantenerme en pie durante años y dejar que, a la vejez, y por amor, me tiraran a la lona una y otra vez. 

Cansado de entregar sin reciprocidad. De comprender los defectos ajenos y que sean inmisericordes con los propios. De hacer ciento y fallar una... y como si no hicieras ninguna.

Cansado de no amar. Cansado de amar tanto para nada. Cansado de creer. Cansado de caer. Y no querer levantar. Pero hacerlo, para... volver a empezar.

Cansado de un día y otro más. Cansado de luchar. Cansado de esperar.

Cansado de ser "el fuerte", y no permitírseme debilidad.

Cansado de no haber soñado antes y ahora no poder dejar. De soñar.

Cansado de estar cansado.

Mamá... No me quiero levantar.

19 julio 2022

Frente al mar

Frente al mar 

Hilera de luces penitentes en procesión nocturna.

El bullicio, atrás. El mecer a contratiempo de las olas, ante mí.

Oscuridad profunda. La línea del mar que se difumina en lontananza. Agua y cielo se funden, se confunden y bailan lento apasionado en la negrura monotímbrica, de rima asonante y consumante.

A mi izquierda, una pareja juega hasta la cintura cubierta de sal y espuma, de amor y luna, de luz de noche y sol. Yo les miro con ternura, sazonada de cierta envidia. Y me pregunto. Me pregunto muchas cosas. Y no hallo respuesta alguna.

Quizá es el destino de las almas hechas de arte. Quizá la música, la poesía, la escritura, necesiten de la soledad. Quizá sea el precio a pagar para que otros vivan un poco mejor. Quizá las vibraciones de la belleza surgen y necesitan a menudo, del sufrimiento. 

Sólo sé que estoy aquí. Entre mis brazos, la nada. Estoy harto de arte. Para qué mis poemas? Para qué las teclas de mi piano?

Frente al mar. De noche. Por fuera. De noche. Por dentro.



13 julio 2022

Espejo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hoy me miré en el espejo. Lo hago todos los días. No me gustó lo que ví. Como todos los días. Hoy menos.

La imagen que me devolvió el cristal no se corresponde con la que miente a mi cerebro: alguien joven -aún-que se siente más jovén -aún- y luce -aún- más joven todavía. La cara que me miraba desde el otro lado era la de alguien cansado. Profundamente cansado. Envejecido. En poco más de un año la edad me ha atropellado, pasado por encima. 

No es sólo eso. Lo que me transmite mi yo simétrico no es edad. Esa ya la tenía. No es el paso del tiempo. Es el paso de la vida. En todos los sentidos.

Cada pelo blanco y cada vez más aislado es consecuencia de un día de preocupación, de una jornada de disquisiciones mentales, de intentar obrar milagros con manos de simple mortal. De devanarme el cerebro buscando soluciones pequeñas a problemas inmensos, soluciones inmensas a problemas pequeños... sin conseguirlo. Frustraciones en escala de grises.

Cada  matiz de color, cada milímetro de profundidad de mis ojeras son consecuencia de noches sin dormir, de días sin soñar, de sueños sin cumplir. Y de ganas, empero, de soñar.

Cada espacio de párpado retraído, cada pestaña desaparecida, cada terreno robado a mis otrora enormes ojos corresponde a litros de lágrimas generadas y no derramadas, podridas en su interior por no poder salir. Pero estar.

El brillo ausente en mis ojos, la mirada seca y perdida es la desesperanza con la que la vida a menudo te golpea, las ilusiones pateadas, los anhelos perdidos, los proyectos truncados, los sueños rotos.

Cada arruga, cada centímetro flácido de mi piel es una carretera secundaria por la que se deslizan mis emociones, mi tristeza, mi dolor. Mis besos contenidos, mis abrazos no entregados, mis caricias marchitadas en el cajón del desamor.

No, no me gusta verme. No me gusta lo que veo. Pero estoy orgulloso de ello. Porque significa que, a pesar de todos los golpes, todo el sufrimiento, desengaños, jirones de corazón... sigo aquí. En pie. Aún. Y mi rostro, ahora mismo, lleva escrita mi historia. A fuego. Y no me arrepiento de haberla vivido.

  

08 julio 2022

Cosas que no te diré


 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cosas que ya no podré decirte...

Me gustan las noches a tu lado. 

Los bailes de salón cuando, sin esperarlo, te tomo de la mano y te levanto de la mesa, y bailamos piel con piel sobre una baldosa, mientras consigo llevarte a duras penas. Siempre tan libre, hasta en eso. 

Las cenas al calor del vino y al abrigo de las velas, mientras -por fin- hablamos de cualquier cosa. De tantas cosas. Quizá sea la combinación de todos los elementos, o simplemente la relajación mental que produce el ocaso, pero en esa hora bruja sale todo. Sale solo. Sale fácil. Sale. Bien.

La post-cena, cuando los ojos se te cierran mientras, tozuda, te empeñas en negarlo. Un día te grabaré, y también lo negarás. Esas pequeñas y continuas obstinaciones que suponen un reto a mi lógica empírica y racional. Tu cabeza apoyada en mis piernas y tu respiración que se vuelve profunda, inalterable, quieta, en tanto te quedas dormida sobre ellas después de haber conseguido que ponga en la tele aquello que tan poco me gusta.

La post-cena, cuando la pasión puede al cansancio y nos dan las tantas y tantas, amándonos hasta el último poro de nuestro ser.

El momento de acostarnos, cuando te subo en brazos por la escalera hasta depositarte suavemente -o no- sobre el lecho para amarnos y volver y no dormir y no parar. De amarnos. Hasta que la ténue luz de la alborada se cuela por las rendijas de la persiana y la felicidad se vuelve angustia, sabiendo que poco queda ya hasta que te vayas. Si pudiera parar el tiempo entonces, mientras apoyas tu cabeza sobre mi pecho y aparto tu pelo de la cara, y te rodeo con mi brazo apoyando inmóvil la mano en tu piel, absorbiendo mis huellas tu esencia derramada...

Me gustan las noches. A tu lado.

01 julio 2022

Lo sé


 

 

 

 

 

Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso;

no hallar fuera del bien centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso;

huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor suave,
olvidar el provecho, amar el daño;

creer que un cielo en un infierno cabe,
dar la vida y el alma a un desengaño;
esto es amor, quien lo probó lo sabe.

Félix Lope de Vega

 

28 junio 2022

Mi enemigo





Qué tonto.

Ahora lo entiendo.

Mi enemigo... soy yo.

03 junio 2022

Solo

 

 

 

 

 

 

 

Hace poco alguien importante para mí quiso ser cruel. Es curioso cómo, las pocas personas a las que les damos el poder de hacernos daño,  son las que terminan haciéndolo. En este caso no fue tanto el contenido de sus palabras como el hecho de que salieran de su boca. Pero así somos los seres humanos: mezquinos, a veces.

"Estás muy solo", me dijo la persona que me había dejado solo. Curioso. Cuanta bajeza... "Estás muy solo"... No, no lo estoy. Tengo a mis hijos. Tengo a mis padres y familia. Tengo a mis amigos, pocos pero selectos. No, no estoy solo. Estoy sin pareja, que es muy distinto. Y lo estoy porque quiero, aunque suene pedante. Podría estar ya mismo con otra persona. Podría estar también con ella, si hubiera querido. Sólo tenía que fingir, que mentir, que engañar. Que manipularla. Vamos, justo de lo que también me acusa. Curioso, de nuevo. Pero no me compensa en absoluto. Si estoy con alguien no es precisamente por no estar solo, sino por sentirme lleno. No quiero alguien que llene un vacío, sino que ocupe un espacio. Y está claro que con dagas hirientes como esas quizá no merezca ocupar ese espacio. 

Hay mucha gente que entiende la soledad como un fracaso. Yo no. Para mí el auténtico fracaso es estar con alguien por no estar solo. Creo que el auténtico fracaso es vivir una mentira, una vida entera al lado de alguien a quien no quieres, sobre todo cuando te das cuenta de ello, y aún así sigues haciéndolo. Creo que el auténtico fracaso es prostituir tu alma a cambio de compañía, bienestar material y zona de confort. Eso sí es un fracaso para mí. Y vivir veinte años sin vivir. Simplemente estando.

He tenido muchas relaciones, muchas. Algo que también me espetó un día como... fracaso. Sí, he descubierto un lado cruel que nunca sospeché. No, no es un fracaso haber tenido muchas relaciones y no haber culminado con ninguna. Al menos en mi caso. He estado con muchas mujeres. Con unas duré años, con otras días, con otras meses. Y a todas -unas más, otras ...- amé profundamente. A todas amé intensamente. Y todas ellas me amaron parecido. En todas ellas dejé huella, y todas -unas más, otras menos- la dejaron en mí. Bebí los mares de su esencia a sorbos. Derramé mi alma con cada una de ellas -unas menos, otras más- y dio igual que llegara a darles un sólo beso o descubrir los más recónditos lugares de sus cuerpos. Dio igual que estuviera diez años intermitentes o un fugaz verano que duró varios inviernos. Lo que he sentido con cada una -unas, otras...- lo que me he entregado y recibido, lo que he vivido, tan intenso, tan bonito a menudo, ha valido por varias vidas que puedan vivir otras muchas personas. La eternidad en un minuto. He amado con todo mi ser, mi fuego y mi pasión, y a menudo me han amado de parecida manera.

Así que no. No es un fracaso no haber terminado al lado de ninguna de ellas. A veces me han dejado, otras muchas he dejado yo, algunas nos hemos dejado los dos. Da igual. Nos hemos amado, AMADO, con mayúsculas. Hemos entregado y derramado nuestras almas, hemos vivido y muerto cada minuto. Eso no es un fracaso. Es un grandísimo éxito. Mucha gente -¿a que sí?- no han querido de verdad a nadie, no se han sentido queridos de verdad por nadie. Yo sí. Muchas veces. ¿Fracaso?

No. Fracaso es estar, sin VIVIR. Fracaso es querer -en el mejor de los casos- sin AMAR. Fracaso es dejar pasar la vida al lado de un ser inerte en tu corazón, por no arriesgarte a AMAR y perder. Eso es fracaso, para mí.

Hay quien vive, y quien deja pasar la vida. Hay quien ama, y quien siente un cierto afecto. Hay quien vive CON alguien, y quien vive AL LADO de alguien.

Yo me puedo morir ya mismo, sabiendo que he vivido sensaciones, sentimientos, experiencias que valen varias existencias. He amado tan desgarradoramente como he sufrido, las dos caras de la moneda. Pero es el precio a pagar por sentirte vivo, y por hacer que tu corazón viva.

No, no es un fracaso...

30 mayo 2022

La voz


 

 

 

 

 


El proceso de sanación es como escalar una montaña. Cada paso que das te acerca un poco más a la meta. Cada metro en vertical te llena de orgullo, confianza, tranquilidad. Al sentarte en el pequeño recodo al final del día, no obstante, ves las huellas del camino: las llagas en las manos, los cortes en los dedos, las piernas despellejadas... Nada es gratis en esta puta vida.

Este proceso de ascensión sin sherpa ni piolets es peligrosamente engañoso. Cuando más confiado estás, aparece la gravilla en la falda (...) y, sin saber ni cómo, te encuentras rodando ladera abajo, dejándote la piel y los huesos en la caída. Cuesta volver a ponerse en pie. Cuesta tomar aire y comenzar de nuevo. Miras hacia arriba, y la cima parece más lejos que nunca. Con resignación pero dolorido hasta el alma, inicias el recorrido.

Así llevo varios meses. Hoy ha sido el último traspiés. No tengo fuerzas para seguir. Hundido el cuerpo en la tierra y el hielo, rodeado de bruma, mi cerebro ha sido tentado a dejarse ir, languidecer lentamente hasta dormir en las nieves eternas. En ese momento, una extraña figura ha emergido entre la niebla y me ha dicho, con dulce voz: Ven. Levanta y sígueme.

Y aquí estoy. Limpiando el barro de tu indolencia; curando las heridas abiertas de tu soberbia y negación. Llenando mis pulmones del oxígeno que me robó el darme cuenta de quien eres, de qué soy yo... para tí.

Voy a descansar. Mañana me espera otro duro día de escalada contra ti y mi estupidez.


23 mayo 2022

Hoy


 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los humanos somos así. Necesitamos de referencias para orientar nuestras vidas, para organizarnos, para hacer o deshacer. Para tomar decisiones, o intentarlo.

Un día como hoy es perfecto. El año realmente empieza hoy. Hoy comienza mi año nuevo. Toca pensar sobre el pasado, sobre el futuro... y volver a cagarla de nuevo...

No. Dejo mucho más atrás de lo que me espera delante, y ninguno de los dos existe. Así que, a estas alturas, lo único cierto es el presente. Y es el que tengo que plantearme muy bien.

Estoy en una edad en la que el tiempo es tan veloz que supera incluso la velocidad de los deseos. Cinco minutos de recuerdos son cinco minutos que han pasado, cinco minutos de vida que ya no tengo, que no he disfrutado. Eso, para alguien que a menudo gusta de sumergirse en la cálida y traicionera nostalgia es, literalmente, mortal.

Hoy decido, y me propongo, avanzar. Día a día, paso a paso. 

Hoy decido, y me propongo, seguir con mi búsqueda de la paz interior, y conseguirla. A ver...

Hoy decido, y me propongo, balancear mi armonía sin ayudas externas, abandonar la química artificial y dejarme llevar por la natural, mucho más placentera. Qué duda cabe.

Hoy decido, y me propongo, disfrutar de la belleza oculta en cada pequeña cosa, cada pequeño detalle de la vida.

Hoy decido, y me ratifico, seguir siendo yo. Y mucho más yo, si cabe. Aceptarme sin castigarme. Superarme sin exigirme. Tanto. Hacer gala de la maravillosa extravagancia que para el resto del mundo significa mi singularidad. (Traducción: no sólo me la pela, sino que me gusta ser "el raro", teniendo en cuenta la comparación)

Hoy me reconozco excepcional. Sé lo que valgo, cuánto, cómo. Y nadie ni nada, ni siquiera la tramposa idea del amor, me va a volver a hacer dudar de mí. Aunque quien más me importe no lo vea. Yo sí. Y me importo. De nuevo.

Hoy me reconozco imperfecto. Mucho. Pero sé de dónde viene mi oscuridad. Sé cual ha sido el camino. Sé qué me ha llevado a ser como soy, cuánto sufrimiento, soledad y amargura lo ha provocado. Y no fui culpable de ello. Casi nunca.  Sé que a su vez eso mismo ha sido germen de mis virtudes, que las tengo. Tantas como defectos. O alguna más.

Hoy reconozco que te quiero, y que tú a mí no. Si no, estaríamos juntos. Así de sencillo. Reconozco mi forma de amar, tan intensa, tan entregada, tan comprometida, tan luchadora, tan única y especial. Tan abrumadora, a veces. Para algunos. Tan distinta a lo que he recibido, aunque posiblemente parecida a lo que hubiera podido recibir. 

Hoy reconozco que mi concepción del amor es compromiso, hasta el final. Trabajo, hasta el final. Superar obstáculos, por mal que se den las cosas. No abandonar mientras ame, por mal que se den. Las cosas. Y que cualquiera diría que si hay que luchar, entonces no es amor. Que el amor es fácil y bonito. Y sí, es verdad. El amor es fácil y bonito. Las personas, no. Por eso, por conseguir llegar y vivir ese amor fácil y bonito, merece la pena luchar, sufrir, trabajar.

Hoy reconozco que, sin embargo, la lucha no siempre da sus frutos. O no siempre sabes luchar. O no es suficiente. O, sencillamente, a veces amas y no te aman igual. A veces luchas y no luchan igual. A veces, simplemente... no te aman. Igual. O, sencillamente, resultas insoportable para el otro y, para qué. Punto.

Hoy reconozco que hay que saber perder. Y que lo vivido, por más embarrado que haya sido a veces el camino, merece la pena -nunca mejor dicho- si ha sido sincero. Y yo siempre lo soy.

Hoy repito lo que tantas veces he dicho y no he podido cumplir. Con la firme pretensión de lograrlo, esta vez. Todo. Todo.

Hoy he de intentar ser feliz. O, al menos, no sentirme desgraciado tan a menudo. Será un grandísimo avance. Hoy sé que no podemos cargar a nadie con la responsabilidad de nuestra paz. No podemos supeditar nuestro bienestar a conseguir algo, alguien. Porque muy probablemente no lo logremos. Y entonces... ¿Qué? 

Hoy reconozco muchas otras cosas que parecen sacadas de un librillo de bolsillo de Coelho, pero mira, son verdad. Por suerte, o lo contrario. Pero son. Verdad.

Hoy soy. De nuevo. Sólo. Pero soy. Hoy sigo queriendo ser contigo, que seas conmigo. Pero sé que sólo soy. Hoy.

Hoy.


 

19 mayo 2022

Tendresse


 

 

 

 

 

 

No entiendo cómo puede haber gente que no la necesite. Que no la practique. Que no la de. Que no desee recibirla. 

Teniendo la oportunidad.

La vida sería tan fácil... Un poco, un mucho de ternura. Cada día. Y el resto, Dios dirá.

La ternura es la sal de la vida, el azúcar de la felicidad. Algo pequeñito, que decía la canción. Un besito, una palabra amable, un dedo sobre el dorso de la mano. Unos labios que se rozan. Una tontería cursi al oído. Una caricia en la cara. Un abrazo, un achuchón, unos ojos que te hablan sin sonido. Una nota en el escritorio, un detalle bajo la almohada. El tacto de la piel como por casualidad. Tantas pequeñas cosas, tantas...

No, no entiendo que haya quien no la practique. Pero claro, eso tiene que salir. De dentro. Si no sale, si sale forzado, no es nada. Nada.

Sin ternura no soy. O sólo lo peor de mí. Sin ternura me seco. Me agrío. Sin ternura sólo me quedan las espinas. El cadáver maloliente de lo que soy y no puedo ser. 

Sólo un poco de ternura. Un mucho. Cada día. La vida sería tan distinta...

Cómo te echo de menos. Cómo te necesito, ternura...

Tendresse. En francés, todo suena mejor... hasta las caricias. Hasta las palabras. Hasta los sueños...

Tendresse

13 mayo 2022

Pascal

No sé por qué te quiero, que decía el bolero. No, no lo sé. No lo entiendo.

Mi cabeza lleva tiempo buscando las razones que superan la lógica aplastante de olvidarte. En mi mente racional no tiene cabida la casualidad. Piensa y piensa, da vueltas en torno a las causas que me mantienen aquí, a pesar de todo... y no las encuentra. Por eso enferma. O quizá por eso: enferma. 

Existen docenas de motivos para arrancarte de mi mente. Seres pertenecientes no ya a mundos distintos, sino a planos paralelos. Asíntotas tendentes a una conjunción imposible. De dar. Usos, costumbres, pensamientos, manifestaciones, teorías, prácticas, egos... Si tú eres uno, yo soy dos. Si subo, bajas, si bajo subes y en el camino nos cruzamos en medio de un tibio destello de sol en el crepúsculo. Lobo y halcón anhelando pasiones malogradas, Etienne e Isabeau compartiendo angustia de amor en sus miradas al estar tan próximos lejanos, tan fuera y dentro del alma. Un segundo, apenas. Y la nada del querer y no tener, el tener y no poder, poder y no olvidar...

Hubo un tiempo en que fuimos. Parece mentira. Quizá lo fue. Mentira. Duró tan poco... ¿Qué fue de lo que fue? ¿Qué fue de lo que pudo ser? Tal vez sí, simple casualidad, al fin y al cabo. Nos encontramos un momento en maravillosa intersección de ilusiones y proyectos, de sensaciones, de sentimientos. Y, a partir de ahí, la contundente realidad empecinada y contumaz.

Tal vez fue culpa mia. Me empeñé en salvarte sin tú pedirlo, mientras me iba condenando lentamente. Insistí en convencerte, en demostrarte, en empujarte hacia delante cuando asi me lo pedías, y la inercia del esfuerzo siguió haciendo su trabajo por su cuenta. Hubo un tiempo en que tiré de ti, de mí, de todo. Y a trompicones esta historia fue avanzando. Hubo un tiempo en que dejé de tirar. Y la historia... se paró. Lo nuestro nunca fue nuestro, en realidad. Fue mucho más mío. Ahora me doy cuenta.

Un amor es cosa de dos. Una relación es cosa de dos. Un proyecto es cosa, de dos. Siempre que te fuiste te quise retener. Estabas equivocada, ofuscada, superada. Eso pensaba. Pero siempre te ibas, y siempre estaba. Ahí. Esperando por ti. Tirando de ti. Y llegó un momento en que dejé de tirar. Y nadie tiró de mí. Llegó un momento, más de uno, en el que me fui. Y tú... no estuviste. Ahí. Ahí. No hay más preguntas, Señoría.

Lo hemos hecho mal. Los dos. Quizá porque no debimos hacerlo. Lo hemos hecho mal. Pero yo lo he hecho mucho peor. Mi sacrificio era innecesario. No te pude retener... ni debí intentarlo. Siempre te marchaste. Debí entenderlo. Es tan fácil... Pero estaba convencido, como nunca. Tarde o temprano te darías cuenta. El destino. El hilo rojo...

Me voy. Y tú te vas más. Llevo yéndome mucho tiempo. Tú mucho más. Me voy, mientras me miras marchar desde tu atalaya de indiferencia, de complacencia ante mi partida. Lo peor es que sé que, de alguna manera extraña, retorcida, inexplicable, me quieres. Pero, como alguien dijo una vez... el amor no es suficiente. Tardas poco y nada en cambiar tu enfoque vital, centrarte en lo que de verdad te importa, donde de verdad te importa. En recuperar tu vida social y oficial. Nada ya que objetar.

Tengo docenas de motivos para odiarte. Docenas. Quizá más. Sin embargo, sigue doliéndome verte, notarte, olerte. No tiene sentido. No lo tiene. No tiene sentido esta presión entre los ojos cada día, este aviso de aguaceros permanente.

Difícil olvidar teniéndote delante. Mi corazón no puede sacarte de mi mente. Ojalá un día, antes de que desapareciera, llegaras a mi lado, y por fin viera a esa persona que siempre prometiste y nunca me mostraste. Ese fantasma sin barreras, ese ser dulce y romántico que fuera capaz, por una vez, de entregarse. A tumba abierta. De luchar. De tirar. De retenerme. Ojalá que no te diera igual. Ojalá que de verdad, de VERDAD, me quisieras.


11 mayo 2022

Geo








Geocentrismo: teoría según la cual se sitúa a la Tierra en el centro del Universo conocido -y desconocido- y los astros giran en torno a ella. Se extendió desde la más remota antigüedad hasta el siglo XVI, en el que un tal Copérnico vino a decir en voz bajita y mirando de reojo, por si los curas y su piromanía, que la cosa no era así.

Curiosas casualidades: si cambiamos el orden de las dos primeras letras, obtenemos una palabra que habla de prácticamente lo mismo, pero trasladado a la esfera personal: Egocentrismo. ¿Casualidad? No lo creo...

Para el egocéntrico, todo gira en torno a él. Él ha de ser objeto de atención y cuidado por parte del resto, nunca mejor dicho. Lo de resto. Sus intereses son el motor de su vida, por encima de los de los demás. De hecho, ni siquiera existen para él. Por ello, si alguien se atreve a insinuar su derecho a ser tenido en cuenta, se siente atacado, al desplazar su centro de gravedad y correr el riesgo de entrar en órbita con el otro. No sabe bailar si no es llevando. No sabe danzar en armonía sin marcar el ritmo.

El egocéntrico no es mala gente. En general. Simplemente no es capaz de entender que él es un planeta más, y que puede orbitar en paralelo con otros cuerpos celestes sin colisionar ni salir perjudicado, y realizar con ellos un movimiento de traslación en torno al Sol, también llamado "bien común".

Sus acciones son legítimas, cómo no. Cada una de ellas está justificada, cómo no. Justificada por la consecución de su bienestar, de su tranquilidad, de sus intereses. Pero no reconoce la legitimidad de las del otro. No reconoce su justificación, sobre todo si es contraria a la suya. Por eso se siente siempre victima. En cuanto no se hacen las cosas a su manera y voluntad, en cuanto se mueve el centro de atención hacia las necesidades del otro, se siente herido. Y nunca, salvo catástrofe y de manera muy puntual, será capaz de empatizar y entender que él también hace daño, y mucho.

Ese egocentrismo  no siempre se manifiesta, y no con todo el Universo. A veces es lo contrario. A menudo el empoderamiento del ego es consecuencia de una baja autoestima, y sólo surge con quien precisamente más le valora, y/o con quien más quiere o admira. Contradictorio, sí. Pero así es: a quien más le importa, desea o por quien más interés siente es ante el que más se reivindica, ya que el sentimiento le hace ser débil y vulnerable. El resto del mundo no le va a atacar, porque le ve como un ser encantador, y como tal se muestra. Pero aquel al que más quiere es quien cree que puede hacerle más daño, pues el amor derriba los muros y fronteras, te hace bajar la guardia y de ese modo pueden invadirte, anularte. Eso siente. Eso cree. Y, por otro lado, su baja autoestima hace que el sentirse amado, reconocido, importante para otro, genere en él una percepción de propiedad, de poder. Y surge entonces un pequeño tirano enmascarado de victimismo.

De nada sirve explicar, argumentar, intentar convencer. El egocéntrico emocional sólo va a darse cuenta de la realidad de manera muy parcial cuando se parta su dura cabeza contra el hormigón de la vida. Y lo hará de una manera tan sesgada que, una vez más, no entenderá nada más que el daño injusto que le han hecho, sin tener en cuenta el cómo, el cuando ni el porqué. Así es. ¿Podrá cambiar sin darse cuenta de que, efectivamente, así ES?

Complicado...

08 mayo 2022

Moscas













A veces recibes un golpe de quien menos esperas, de quien menos mereces. Es repentino, no lo ves venir. Y quedas en shock. Tu mundo se paraliza, tu corazón deja de palpitar por un momento, tu respiración se corta... pero no sientes dolor. La intensidad es tan grande, es tan soberbio -adjetivo acertado, a fe mía- el trauma que ni siquiera reacciona tu cerebro.

Otras veces lo ves venir. Va avisando. Ya sabes, una cosa lleva a la otra, un comportamiento implica otro, y termina ocurriendo. Ahí sí lo sientes, por imbécil,  porque nada duele más que la espera de lo inevitable. Y puede ocurrir una, dos, mil veces. Tantas como tú permitas.

Hay otras ocasiones, finalmente, que eres tú mismo quien lo busca. Quien va al encuentro de la hostia por destino. ¿Para qué esperar? Si ha de ser, cuanto antes. Así puedes reaccionar y poner punto final a tan masoquista estupidez.

Fíjate... No he sentido dolor. No tanto. Ha sido más  bien pena. Pena por mí, por supuesto. Yo soy el responsable último de todos y cada uno de mis males. Nadie tiene el poder de destruirte si tú no se lo das.
 
Pero pena por la otra persona. 
 
Pena, por descubrir que hay gente que prefiere poco para no sentirse menos. 
 
Pena, por descubrir -o constatar- que  hay gente que, inevitablemente, siempre elegirá ser mosca antes que abeja.



27 abril 2022

金継ぎ

 
El kintsugi (金継ぎ) forma parte de la tradición japonesa, tan dada ella a relacionar cuerpo y alma, materia y esencia. Según esta, todo aquello que se rompe -ya sea un vaso o el propio espíritu- no se tira a la basura sino que, muy al contrario, adquiere mucho más valor al llevar aparejada esa fractura la consiguiente experiencia vital, una intrahistoria de la cual se extrae un aprendizaje y cuyo sufrimiento lo engrandece. Para simbolizar esta idea -con la que estoy completamente de acuerdo- desde hace cientos de años reparan los objetos de cerámica con oro. De esta forma, las grietas vienen a ser cicatrices de la vida, y la utilización del oro refleja ese valor también en el mundo material.

Creen los nipones que lo viejo, lo ajado, lo usado y desechado, lo que ha sufrido y cuanto más haya sufrido, no debe esconderse o tirarse sino más bien todo lo contrario: debe mostrarse con orgullo y dignidad ante lo nuevo o lo intacto. En definitiva: el sufrimiento, la experiencia, la vida en sí... es lo que nos da entidad, importancia.

No es cuestión de ir presumiendo de nuestros fracasos, nuestras derrotas emocionales, nuestros traumas. Eso, en una sociedad como esta, queda como feo... es mucho más agradable una bonita sonrisa aséptica que un rostro que muestra las marcas del dolor, claro que sí. Pero tampoco hay que esconderse. Tampoco llevar una máscara que nos aísle de la interacción con los pocos que sean capaces de sentirla. Yo desde luego no lo hago, ni lo haré. Nunca seré una plañidera, ni el típico coñazo de tío que va contando sus cuitas a quien no le importan, pero tampoco un maniquí hueco para hacer la estancia más cómoda a los demás. Soy humano, soy espíritu, disfruto y sufro, y no quiero esconder ni una cosa ni la otra. Porque eso implicaría dos cosas: ocultar y avergonzarte de quien eres y vivir pendiente de agradar o no molestar a los demás. Y, ¿sabes una cosa? Cuando mueras, en cuarenta y ocho horas, todos aquellos que han disfrutado de tu sonrisa de cerámica harán exactamente lo mismo que los que te han visto más humano: olvidarte y seguir con sus vidas.

Este viejo jarrón roto en decenas de pedazos está ahora mismo con la última capa de dorado metal. Y seguirá su camino, sí o sí, hasta que la vida o él mismo decidan terminarlo. Por tanto continuaré, como pueda. No volveré a pararme, porque la vida es hacia delante, por pocas ganas que se tenga a veces de caminar. Así que cogeré mis pocas pertenencias y reanudaré mi camino. No puedo seguir parado. No puedo esperar por nada ni por nadie, sobre todo si ni siquiera me ha pedido que espere. Quien quiera caminar a mi lado que me lo haga saber. Quien quiera acompañarme en mis descansos, que me lo haga saber. Quien quiera iniciar un camino nuevo, en común, que me lo haga saber. Es así de simple. No quiero a mi lado a nadie que no me quiera. A nadie a quien no le guste. A nadie a quien disguste. No quiero a mi lado a quien no quiera estar. A mi lado. A quien no quiera que esté. A su lado.

¿Quieres caminar conmigo? Nada me haría más feliz. Adelante. Házmelo saber. Hablaremos de la ruta y el calzado. Pero no esperes mucho. He comenzado mi viaje. Mis pasos son lentos, pero firmes. Y quizá cuando quieras llamar esté tan lejos que no te oiga. O alguien más me haya dado su mano para avanzar suavemente hacia el tenue sol del atardecer.

Si no volvemos a vernos, si no volvemos a coincidir en el camino... sé feliz. De corazón en reparación.

Volar sin ti 


22 abril 2022

Como yo necesito (2)











Nunca renunciaré a esto. Nunca.

Nunca renunciaré a besar a mi ser amado cada día, todos los días. A recibir sus besos cada día. Todos. Los días.

Nunca renunciaré a hacerle el amor cada día, todos los días. A que me haga el amor también a mí. Cada día. Todos los días.

Nunca renunciaré a contar cómo me siento, qué me pasa. Sin que me pregunte. A que me diga cómo se siente, qué le pasa. Sin tener que preguntar.

A tener confianza plena. A que la tenga conmigo. A ser uña y carne.

A compartirlo todo. A estar encima, pero no por encima. Uno del otro, el otro del uno. A no perder nunca el contacto piel con piel.

A sentir sus abrazos que dan vida. A darle vida con mis abrazos.

A ser su prioridad y que siga siendo la mía. Dos en uno. Uno y uno. Dos. Uno.

Nunca renunciaré a escribir y abrir sus mensajes en cuanto los reciba, como si me fuera la vida en ello. Porque me va. Porque es precisamente mi vida. Sencillo, ¿no? A que me escriba y abra mis mensajes como si le fuera la vida en ello. Porque le va. Porque soy su vida.

Nunca renunciaré a pasear agarrados, abrazados, de la mano. Jugando por la calle, besándonos por las esquinas como dos adolescentes primerizos. Nunca.

Nunca renunciaré a vivir intensamente el amor. Los dos. En igual medida. Porque siempre doy. Siempre doy más, siempre empiezo yo. Y espero, un poco. La vida se va, y no quiero más vivir a medias. Pero si no recibo lo mismo, o parecido; si las promesas no se cumplen; si me vacío por ella y me siento vacío con ella... entonces me marchito. Y, desgraciadamente, lo hago mucho antes que el propio amor. Y eso no es bueno. No. Nada bueno surge. Y me aíslo, y me enfado con dios y con el mundo. Y con ella. Y, más aún, conmigo.

Pero, sin embargo... aún en el peor momento, aún cuando más lejos estoy, cuando menos doy porque menos aún recibo... una sola lágrima derrumba mi torre, derrota mi ejército. Entero.

Desgraciadamente soy así. Estúpido. Pero nunca renunciaré a amar, a ser amado, a dar y a recibir... como yo necesito.

P.D. Sí, me quedaré sólo. Pero honesto.

Y no hay más


 

 

 

 

 

 

Cuando la mente priva del amor al corazón

el corazón priva a la mente de la paz.

05 abril 2022

No puedes huir

 

 

 

 

 

 

 

No puedes huir.

No hay lugar al que puedas ir. No hay esquina en la que ocultarlo, por más oscura que esté. No hay papelera en la que vomitar tu rabia sin que desborde, ni cisterna que sea capaz de tragar tanta emoción.

De nada sirve correr. Te atrapará, porque está unido a tí. Es elástico. Cuanto más rápido corras, más se estirará. En algún momento tendrás que parar. Y, justo cuando lo hagas, llegará el doble de rápido de tanto tensarlo. Y te golpeará. Y te tumbará. Y volverás a correr, y a correr, y a parar. Y te volverá a alcanzar. Y te golpeará de nuevo. Y te tumbará. Y así toda la vida.

De nada sirve odiar. De nada sirve arrojar a la basura el lastre emocional en forma de presentes pasados, pasados presentes. Guardar papeles, tirar pictogramas emocionales en rojo y negro. Pan para hoy, bofetada para mañana. Lo que destruyes lo sustituyes, con más de lo mismo. 

De nada sirve mirar para otro lado. Mirar al lado. Beber viejas bocas despreciadas para olvidar. Buscar bocas nuevas, para olvidar. El sabor rancio, el sabor sin sabor, sólo te recordará su frescor, su dulzura, su calor. Vendrá de nuevo a tí su olor cuando otro sudor se pegue en tu piel. En ese momento sí que desearás huir. Y desaparecer. Sentirás suciedad. Suciedad en el alma. Esa que no se puede limpiar.

De nada sirve. No puedes escapar. Así que no lo hagas. Camina, disfruta del paseo. O convierte tu existencia en un bucle agotador de carreras contra el tiempo, contra la vida, contra la realidad.

Grita. Odia. Maldice. Insulta. Aplaca tu frustración. Y después, asume la verdad. Ríndete y disfrútalo. Porque casi nunca aparece. Pero cuando lo hace, cuando eres capaz de reconocerlo, ya no puedes huir de él. No puedes huir de tí.

Nadie puede.    

Nos vemos...


27 marzo 2022

¿Cómo?


 

 

 

 

 

Pertenezco a una familia de amor.

Una familia que ha tenido a sus hijos desde pequeños, una familia que les ha dado amor desde el mismo principio. Una familia que hizo de la infancia el mejor de los momentos.

Una familia en la que siempre hubo besos, abrazos. Una familia que nos enseñó a manifestar los sentimientos, a tenerlos. A pedir perdón. A decir "lo siento". Una familia donde nunca faltó un "te quiero", ni aún hoy, de viejos. Una familia donde para saludarnos, sean padres, primos, hermanos, nietos, nos damos un beso. En casa, en la calle, en el cine o en el cielo. Solos o rodeados de ajenos. 

Una familia en la que siempre decimos lo que pensamos, lo que sentimos, lo que queremos. A quién queremos. Con palabras, con hechos. Una familia en la que sabemos cómo está el otro, porque lo dice, lo muestra, lo siente. Una familia que, sin vernos tanto, estamos ahí si lo necesitamos. Con sólo saberlo. 

Es importantísimo que desde pequeño te muestren amor, cuidado, celo. Te enseñen el valor de los sentimientos. El valor de preocuparte por el ser amado, algo que sale de dentro, sin tener que pedirlo ni reprocharlo. Quizá lleguemos a ser cansinos, agobiantes según el momento. Pero que quien tienes al lado se desviva por tí, le duela tu dolor, se muera de angustia si algo te afecta, te acongoja, te mata por dentro... Eso no tiene precio.

No entiendo otra forma. Por eso creo que quien no me ama así, no me ama. O no sabe amar.

Pertenezo a una familia. Una familia que me enseñó el valor de la honestidad, de los principios, de la lucha y la prudencia, pero de la sinceridad  e integridad como bandera. No importa el dinero. No importa lo que tengas, no importa lo que pierdas. Sé feliz con quien quieres, no hagas daño a nadie, y vive. Con más, con menos. Pero vive feliz. Lo importante es amar a quien tienes al lado, y que te amen.

Nunca he tenido gran cosa. Nunca me han regalado ni prometido el cielo. Nunca me he preocupado de ello. Prefiero vivir en la modestia, pagar mis facturas y sentir la felicidad inmensa, aunque a veces breve, de despertar al lado de quien quiero. ¿De qué me sirve la opulencia, el dinero, los regalos caros, los viajes, el marisco y el ribeiro, si a con quien lo comparto no le quiero? ¿Qué valor tiene? ¿De veras compensa abrir los ojos cada día y ver al lado a quien sé y quien sabe que no quiero? ¿Qué clase de persona sería? Alguien que falta a sus principios, o no los tiene. Alguien que falta a sus valores, o que los perdió hace tiempo. O que, simplemente, son así los que tiene. Qué pena. Qué feo...

Personalmente no podría, y he podido. Personalmente me repugna, lo lamento. Pero con gusto renunciaré a una mejor vida por poder dar un sólo beso cada día a la persona que realmente quiero. Eso, eso... no tiene precio. Eso trasciende. Eso es AMOR. Eso es VIVIR. Eso. El resto, personalmente, lo desprecio. Cada cual es libre, por supuesto. Pero triste. Muy triste. Si no vives para amar... ¿para qué vives? Si no hubieras conocido nunca el amor, lo entiendo. El mito de la caverna. Pero, una vez entre tus manos... ¿Cómo perderlo? ¿Cómo renunciar por.... dinero?

Somos lo que hemos vivido, cierto. Pero tenemos la capacidad de aprender, de mejorar, de crecer, de cambiar. Así que no, no es excusa. Es un lamento.... 

Un beso. A cambio de todo. Sólo un beso de amor cada día, real, auténtico. Sincero. ¿Puede haber algo más? ¿Puede haber algo mejor? Eso es todo. Eso lo es todo. El resto... basura. Desprecio.

Cada cual se define por sus actos, no por sus palabras. Los actos hablan de ti. Los actos lo son todo. Las palabras... apenas viento.

21 marzo 2022

Pero no

 


 

 

 

 

 

 

 

 

Crees que me conoces.

Crees que me conoces, pero no. Sólo has visto pinceladas de mí, sólo paletadas gruesas, brochazos de pintor de agua fuerte y gotelé, sin brillo ni pasión.

Crees que me conoces, pero no. Te han cegado mis trazos gruesos, los tonos rojo fuerte, negro intenso. Pero no. Te has perdido la mayor parte de lo que soy. Te has perdido todo yo.

Te has perdido mis caricias, esas que tanto te daban y tan rápido olvidabas. Te has perdido mis dedos en tu piel, escribiendo poemas eternos, interpretando las más bellas canciones de amor a lo largo de tu espalda.

Te has perdido todo yo. Te has perdido mis besos, no los que hablaban de lascivia y deseo, sino los que decían Amor con la más mínima brisa sobre tu olor. Te has perdido mis labios susurrando, apenas audibles, palabras que nacían del corazón.

Te has perdido mis ojos, devotos del brillo de los tuyos, mi mirada que tanto dice y tan mal lees. Te has perdido mil y una palabras sin sonido, sin fonemas, sin un son. Mil y un sonetos y secretos en confesión.

Te has perdido mis abrazos, la fusión de mi alma y la tuya cuando te tenía entre mis brazos. Te has perdido sentirme, atravesarme, entregarme. Te has perdido la profunda conexión de almas que se da cuando te rodeo con mis manos.

Te has perdido tantas cosas... Te has perdido mi locura, mi risa, mi ilusión. Los viajes, los paseos, la belleza que se esconde en una flor, en una hoja, en el susurro del viento y las gotas de lluvia calando hasta el colchón. Te has perdido mi entrega, mi lucha, mi razón. Te has perdido mi cerebro, mi mente, mi secreta perversión. Mi espíritu, mi cuerpo, tantas y tantas cosas... Te has perdido todo yo.

Y lo peor de todo, amor, es que lo has tenido. Y no has sabido verlo, leerlo, sentirlo, reconocerlo. No has sabido saberlo. Te has perdido tantas cosas... Todo yo.

Crees que me conoces. Crees que me conoces... pero no.

14 marzo 2022

Hoy sólo necesito...















A veces todo lo que necesitamos se encuentra entre las suaves costuras de un abrazo. Un abrazo cálido, tierno, cariñoso. Un abrazo sin tiempo ni reloj. Un abrazo largo, lento, amable. Un abrazo que dice "te amo", o "no te amo pero te quiero". Un abrazo que nos habla sin palabras de sentimientos, humanidad, apoyo, compañía. Un abrazo que nos dice "somos", soy" ,"eres", "estoy". Un abrazo que nos cuenta sin hablar que está, que siempre ha estado ahí.

Un abrazo que nos dice, sin sonido, que no estamos solos. Un abrazo que nos dice "puedes contar conmigo".

Un abrazo que nos calienta, nos calma, nos reinventa. Un abrazo que dice "llora lo que quieras, yo lloraré contigo" ..

Hoy "sólo" necesito un abrazo ...

06 marzo 2022

Sweet Little


 

 

 

 

 

"Siento algo aquí que

no me permite ser feliz si

NO

es a su lado"

04 marzo 2022

Máscara


 

 

 

 

 

 

 

Cuerpo sobre mente, mente sobre cuerpo. Todo íntimamente relacionado. Retroalimentación recíproca. Ajeno me siento. Mi cuerpo crea una máscara, una poker face consecuente y consecuencia. Me miro al espejo, retoco el maquillaje, y mi mente comienza a sentirse ausente, consecuencia y consecuente.

¿Qué fue primero? ¿La actitud o la consecuencia? Probablemente las dos. Y está bien así. Pero quien me conoce sabe que no soy hombre de imposturas. Mantener una pose no entra dentro de mi código conductual. Puedo parecer reflexivo y, desde luego, mental. Pero las estrategias me repugnan. La mentira, aún como método de defensa, me provoca nauseas. No hay pose, ni artificio. Actitud y consecuencia, consecuencia y actitud.

Acaba una semana gélida, con el frio emocional calando hasta los huesos. El hielo, aún de lejos, quema y congela a la par. Hay gente experta en indolencia. Probablemente una condición, su naturaleza. Algo a lo que aspiro, también. Muchas lecciones aún por aprender y más clases prácticas todavía. Pero tengo buena maestra.

Viernes noche. Monto en el coche. Cae el telón, acaba el teatrillo. Suena John Barry y, sin verlo venir, comienza a llover. Dentro. Tanta lucha, tanto asesinato emocional, tanto trabajo apagando el fuego hasta apenas reducirlo a brasas levemente humeantes... es agotador. 

Aún es pronto. Pero estoy en ello. Momento habrá en que la máscara sea asimilada por la propia piel, se funda y se confundan exterior e interior. Voy avanzando. Buena maestra.

Sigue lloviendo. Hacía mucho. Cada vez menos.

Erik.


01 marzo 2022

Ya








Ya 

Ya sentí

Ya lloré

Ya amé

Ya sufrí

Ya fui feliz 

Ya desperté 

Ya entendí 

Ya asumí... que siempre estuve sólo

Y lo que creí, lo soñé

Ahora toca vivir con uno mismo 

Encontrar la paz, mantenerla

Aceptar la vida como viene 

Y seguir luchando, como siempre

Pero con la sabiduría de la experiencia

Y la serenidad del pelo blanco

Para que cuando llegue la muerte 

Me encuentre con la sonrisa puesta 

Sea








 

22 febrero 2022

Y así

 











Y así, en esta representación de duración incierta pero seguro final, el amor hace mutis por el foro, asomando entre bambalinas su cabeza el desconcierto. Detrás de él, casi de la mano, le sigue imponente en su presencia el dolor. 

Cambio rápido de escena: suena un tango desgarrado. Ocupan todo el escenario la ira con la decepción como pareja en soberbia ejecución.

Baja la luz. El tenue titilar de candilejas ilumina a duras penas el proscenio, mientras yace sobre él el desamor...

Telón.


17 febrero 2022

Fuego y hielo


 











El fuego da la vida, y la quita. Puede matar si te acercas demasiado. Si provocas su ira. Pero bien utilizado, sin avivarlo sin control, nos preserva. Nos calienta y da confort. Transforma el alimentarse, un simple proceso de supervivencia, en algo más agradable y saludable. Proporciona seguridad, calidez y ensueño. Hace hogar.

El hielo sólo te aísla. Congela vida y emociones. Mata de hipotermia. Es bello, pero inerte. Apaga cualquier fuego, de cualquier intensidad, aunque en ello le vaya la propia vida.

Y, por cierto... El hielo, si te acercas, también quema.

13 febrero 2022

14

 






 


Tendemos a confundir el amor con el compromiso. Cuando no existe este, decimos que no existe aquel. Negamos el amor cuando lo que deberíamos negar es la capacidad de comprometernos. Nos cagamos en el amor, cuando deberíamos cagarnos en nosotros mismos.

Se dice mucho eso de "El amor duele". ¡No! El amor no duele. Duelen las personas. Las personas que no saben amar. Las personas que no saben comprometerse. Las personas cuyo ego está por encima de todo lo demás, aunque ese afán desmedido por quererse a uno mismo, por protegerse, implique renunciar -paradójicamente- a quien más quieren.

Sí. El amor existe. Y es lo más bello del mundo. A pesar del dolor. A pesar de las decepciones, que a menudo vienen de las personas a las que más has amado. Da igual. El amor es lo más importante que te puede pasar, lo más grande que puedes sentir. Y, si eres capaz de encontrar a alguien que te ame igual que tú le amas... no le dejes ir. ¡Nunca! Porque podrás perder tu bienestar. Podrás perder tu dinero. Podrás perder tu comodidad e, incluso, perder tu salud. Pero si tienes al lado a la persona que te ama y a la que amas... nada importa. Si tienes al lado a la persona a la que amas y que te ama... todo es llevable, minimizable. Todo está bien. Incluso la muerte.

Quizá sea el último romántico, o el último estúpido, o las dos cosas. Pero si me ofrecen elegir entre una vida larga y llena de tranquilidad y abundancia pero solo, y morir este mismo año agarrado de la mano de la persona a la que amo... sé perfectamente qué elegiría.

La pregunta es... ¿qué elegirías tú?

 

Sí. Celebraré este puto San Valentín. Sólo. Pero celebraré que aún soy capaz de amar. Tanto. Tanto...

Escúchala...

LOVE EXISTS

 

 

 

12 febrero 2022

Noche







Noche dulce, amarga noche 

Déjame perder en tu negritud azulada de tenues luces salpicada, déjame volar entre tus mantras y olvidar en tí fundido mis desgracias 

Noche amable, mi hostil noche 

Llévame en volandas hasta el reino de Morfeo, y en él, al lado Baco, confesar mis devaneos, mis estúpidas penas y más íntimos deseos 

Noche amiga, esquiva noche 

Déjame flotar entre tus vientos y, cual lunático Ícaro de desamor preso, derretir mis alas al acercarme presto a la luz blanca de tu pálido astro muerto 

Noche hermosa, horrible sueño 

Fúndete conmigo en frío abrazo eterno y permíteme, congelado en tu reflejo, abandonarlo todo hasta dormir eterno, hasta  vivir en sueños

Noche dulce... Amarga noche... Llévate cada recuerdo. Llévalos, llévatelos lejos, muy muy lejos...










 

07 febrero 2022

Tengo ahora


 

 

 

 

 

 

Tengo una caricia en el dorso de mis manos que se esconde por no darse, que se enfunda por no mancharse con mi sangre

Tengo un beso en mis labios que se seca por no regalarse, que se agrieta por no entregarse, por no saber apreciarse

Tengo unas manos ausentes de unas manos que se enfrían por no agarrarse, que se hielan por no tocarse, por no vanalizarse

Tengo un “te odio” que me nace desde dentro, desde lo profundo del infierno al que fui lanzado tanto tiempo, que me callo por no herir, aunque me queme entre cien fuegos

Tengo un “te quiero” en el alma que se marchita como un lamento, que lo encierro por no desperdiciarse, que lo mato por no matarme, que me consume a verso lento

 

Tengo. Tantos “tengo”…

 

02 febrero 2022

Febrero

 

 

 

 

 

 

Ya está aquí. Por fin. Febrero, el mes del amor. Febrero.

Los escaparates de los comercios se adornan de ridículos dibujitos infantiles que, en función de la situación de cada cual, provocan emoción, risa, llanto o maldiciones. ¡Einstein, genio!

No sólo los comercios. Internet lo peta. Allá donde te metas, aparecen anuncios, promociones, llamadas a voz en grito a consumir. A consumir el amor. Qué hermosa metáfora…

¡Grandes ofertas románticas!

*¡2x1 en globos de ilusiones made in china! 

*¡Románticas palabras pastelosas con sabor a chocolate y fresa al 50% de credibilidad!

*¡Besos y abrazos a precio de saldo! Defectuosos, pero para un día, valen.

*¡“Tequieros” en liquidación! Apenas quedan. Son los del escaparate, descoloridos y ajados. ¡No deje pasar esta oportunidad increíble!

*¡Planes de futuro de mercadillo! De imitación –de película de sobremesa- pero... ¡me los quitan de las manos!

Caballero, regale usted su corazón. ¡Un detalle único! Literalmente. Sólo tiene uno y se va a quedar sin él, así que tenga claro a quién se lo entrega. O no. Al fin y al cabo, es sólo un corazón de hombre. No se pierde tanto.

Bella dama, regale promesas de amor eterno ¡completamente gratis! Además, si en cualquier momento se echa atrás, se las devolvemos -usted sólo tiene que retirar los girones de alma rota adheridos- para utilizarlas en otra ocasión. Sin coste de devolución ni penalización por incumplimiento de contrato mercantil. ¡No deje pasar esta increíble oportunidad!

Ah, Febrero… ¡Qué ganas tenía de que llegaras, al fin!.  Del gordito del arco y el santo cobarde ya hablaré otro día…