Estamos solos.
No lo dudéis. Al final del día estamos absoluta e irremediablemente solos.
Nuestros amigos de toda la vida lo son, pero de toda "nuestra vida", entendido como tal la intersección breve de experiencias y minutos que compartimos. Más allá de eso y las palabras en distancia, el resto del tiempo es particular de cada uno. De sus problemas. De su situación. Y el concepto "de toda la vida" puede llegar a sustituirse por "para toda la vida... que me sobre". Y es lógico. Gracias, amigos. Por eso, al final del día, estamos solos.
Nuestros padres se van, de repente o poco a poco. Y es la peor forma. El languidecino tránsito hacia el olvido en vida, hacia la nada mental, hacia el vertiginoso vacío, es quizá el peor de los vericuetos hacia el adiós. A pesar de todo, y por momentos, son los únicos que siguen estando ahí, como fuere, como pudieren. Gracias, Papás. Pero el resto del día, y en la noche, estamos solos. Absoluta e irremediablemente solos.
Nuestros hijos, por quienes daríamos y damos la vida, se convierten en extraños en cuestión de horas. Los abrazos se desnudan de significado, contienen ausencia. Ellos, que tan llenos estaban de vida. Que tanto daban vida. Son etapas, y esta es la del adiós. La del espacio, la de mi tiempo, mis cosas, mi gente, mis pensamientos. Mi egoísmo. Mi, mí, mí. Lo que fuiste ya no eres. O, mejor dicho: lo que fuiste sigues siendo, pero no me acuerdo. Y no me lo recuerdes. Ya me daré cuenta -y esto es inevitable- cuando te necesite, y no estés. Cuando sea -inevitablemente- tarde.
Los amores. Los fugaces amores eternos, que decía Serrat. Intersección de todo lo anterior en una persona por la que algunos fuimos capaces de dar tanto. Y, como los amigos, no tuvieron tiempo. Como los padres, nos desvanecemos en su vacío, ya no somos nada. Como los hijos, a veces sus abrazos ya no son nada, y si ya no los tenemos, no se acuerdan, porque duele. O simplemente nunca existió un significado. Y si lo hizo, si existió, ya se darán cuenta -o no - cuando sea tarde. Inevitablemente tarde. O ni siquiera.
Y así, los que somos conscientes, sobrellevamos el día intentando olvidarlo. Se está bien así, a veces. Incluso rodeados de gente. Soledad acompañada. Pero al llegar la noche, algunas noches, martillea sin llamarlo nuestra alma el cincel de la lucidez, y nos damos cuenta, una vez más... de que estamos solos. Contextualmente solos. Conceptualmente. Solos. Abrumadoramente.
Solos.
