Tendemos a confundir el amor con el compromiso. Cuando no existe este, decimos que no existe aquel. Negamos el amor cuando lo que deberíamos negar es la capacidad de comprometernos. Nos cagamos en el amor, cuando deberíamos cagarnos en nosotros mismos.
Se dice mucho eso de "El amor duele". ¡No! El amor no duele. Duelen las personas. Las personas que no saben amar. Las personas que no saben comprometerse. Las personas cuyo ego está por encima de todo lo demás, aunque ese afán desmedido por quererse a uno mismo, por protegerse, implique renunciar -paradójicamente- a quien más quieren.
Sí. El amor existe. Y es lo más bello del mundo. A pesar del dolor. A pesar de las decepciones, que a menudo vienen de las personas a las que más has amado. Da igual. El amor es lo más importante que te puede pasar, lo más grande que puedes sentir. Y, si eres capaz de encontrar a alguien que te ame igual que tú le amas... no le dejes ir. ¡Nunca! Porque podrás perder tu bienestar. Podrás perder tu dinero. Podrás perder tu comodidad e, incluso, perder tu salud. Pero si tienes al lado a la persona que te ama y a la que amas... nada importa. Si tienes al lado a la persona a la que amas y que te ama... todo es llevable, minimizable. Todo está bien. Incluso la muerte.
Quizá sea el último romántico, o el último estúpido, o las dos cosas. Pero si me ofrecen elegir entre una vida larga y llena de tranquilidad y abundancia pero solo, y morir este mismo año agarrado de la mano de la persona a la que amo... sé perfectamente qué elegiría.
La pregunta es... ¿qué elegirías tú?
Sí. Celebraré este puto San Valentín. Sólo. Pero celebraré que aún soy capaz de amar. Tanto. Tanto...
Escúchala...