15 septiembre 2021

Tengo










Tengo

Tengo la lluvia, bendita lluvia, que limpia mi interior y despierta mis sentidos con su color monocromático y olor a madre tierra.

Tengo la brisa cálida y fresca del fin del verano, del comienzo de mi otoño. Mi querido otoño.

Tengo la delicadeza de las gotas de rocío, el tacto de la piedra y sus secretos, el ruido de la tierra al caminar.

Tengo los susurros de las hojas de los árboles cuando tímidamente son cortejadas por el viento, que me cuentan tantas cosas que no siempre quiero oír.

Tengo el aroma a madera y lavanda, a tierra mojada y hierba recién peinada.

Tengo a mi amigo y confidente, de sonrisa blanca y negra, a quien le cuento mis más íntimos secretos y con quién lloro y grito cuando no puedo hacerlo de otra forma. Tantas veces...

Tengo un gran tesoro no siempre valorado que se llama familia, ascendente y en descenso elevadísimo. El amor incondicional existe. Doy Fe.

Tengo dos ojos para admirar la belleza escondida tras las apariencias. Dos oídos para escuchar la música en cada sonido. Dos manos para sentir y amar, una boca para amar y besar. Mi piel y mis placeres.

Y tengo un corazón, roto tantas veces, remendado con telitas de ilusión y bordados de esperanza. Un corazón que aún late, un corazón enorme y vivo, reservado para quien un día lo quiera y sepa valorar.

Tengo. 

Sigo vivo, joder. Sigo vivo.






10 septiembre 2021

SOMOS


 

 

 

 

 

 

Somos.

Tú y yo somos. ¿Verdad? Somos. Claro que sí. Somos. Pero...¿Qué somos?

Somos... Gotas de lágrimas de rocío de humedad de nieve y lluvia. Acaso gotas frescas sobre un capó ardiendo. Nada más.

Somos... Imágenes en color de un pasado en blanco y negro y sepia y gris y ambar brillante y azul... muy azul. Acaso figuras raras veces congeladas en formato digital. Nada más.

Somos... El suspiro de dos cuerpos que se anhelan a diario. Al diario. La exhalación profunda de un deseo interrumpido, de un reloj que ya no espera. Acaso tiempo extra rescatado aquí y allá, tan escaso siempre, tan vacío a veces. Nada más.

Somos... El latido triste y solo que tantas veces se soñó golpeando a doble tempo, bateando compases de piano dolce a presto agitato pero siempre, siempre ligato. Acaso notas sueltas de acordes de abrupta realidad inmisericorde. Nada más.

Somos... Notas sueltas, negras cada vez más separadas por silencios. Ecos de canciones que decían tanto, prometían más y se quedaron en ... poco. Muy poco. Casi nada. Acaso el reverb distorsionado de mensajes ocultos transformables en señales de un destino que a la postre no fue más que fantasía pueril de dos llamas que terminaron apagadas. Nada más.

Somos... Recuerdos de un futuro inexistente, aspas en un calendario cuyo día señalado nunca llega. Tantos días. Tantas páginas arrancadas de la pared del alma... Acaso ilusiones de planes de proyectos de viajes y descansos y descartes de tantos, tantos sueños. Nada más.

Somos... El trayecto más corto, el proyecto más lento, el olvido más largo. La lucha contra los elementos sin capa ni casco, sin armadura ni espada. Con las manos rotas, la piel rasgada, la mente destrozada y las victorias... tan escasas. Tan escasas. Acaso momentos de entrega y decenios de ausencia inagotada. Inacabada. Nada más.

Somos... El polvo de dos estrellas tan distantes, tan lejanas, que al acercarse provocaron tal perfecta fusión de amor que derivó en agujero negro, muy negro, que las engulló desintegrándolas. Acaso polvo brillante que con los días se apaga, para quedar consumidos y convertidos en... Nada más.

Somos... La más estúpida demostración de la más estúpida estupidez humana. El crimen más aberrante, el regalo más grande tirado al contenedor sin reciclaje. El desencuentro de lo imposible, el desprecio de la vida, del amor, del todo... ¿Somos todo? Somos nada. Nada más. 

Somos... Las manos entrelazadas desenlazadas. Acaso nada. Nada más.

Somos... ¿Nada?