17 octubre 2022

Sí, claro

En el cálido verano, impregnado de olor a sal de día y de noche, sabor continuo en mi boca a mar, de día. Y de noche.

En la tibia caricia de los rayos de marzo, en los campos que abrazan la esperanza del renacer de la vida y te invitan a echar raíces, y a anclarte a tu paz y tu pasión. Pasión.

En el frío invierno, perezoso y mortecino, que te lleva de la mano a desnudarte y sentir sobre la piel el peso. De las mantas. Y el calor. De las mantas. Y a abrazarte y no soltarte hasta alimentarte de su calor a través de cada poro de la miel.

En el languideciente otoño, sus paseos bajo las lluvias de agua, ocres y demás gotas multidolor, aplastando hojas, pateándolas con infantil nostalgia, bajo el amparo rojo del tamiz de la emoción.

Sí, claro.

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