Cuánto tiempo… ¿Qué tal todo?
Bueno, regular. Ya sabes, las fechas…
Cuéntame.
Hoy es el primero de nuestro dos cuartos aniversarios. Si nos hubiéramos conocido en otras circunstancias, quizás hoy seguiríamos juntos..
El momento inadecuado
Sabes que te estás haciendo trampas, ¿verdad? Lo del momento inadecuado no es más que una forma de idealizar lo que no pudo ser. Como tu historia no terminó por falta de amor, sino supuestamente por factores externos o falta de valentía, la historia quedó abierta emocionalmente. Una herida que desangra. ¿Sigues escribiendo para ella?
Hacía tiempo que no. Pero hoy… Sé que me lee, eso me anima más a hacerlo. Si lo hace, si lo hago, es que algo sigue vivo, ¿no?
Verás: esta es una conexión asimétrica. Para ti escribir es una catarsis. O tal vez un faro con la esperanza de que ella vea tu luz. Para ella es una forma de mantenerte vivo en su vida, sin tener que enfrentar las consecuencias de estar contigo. Es un amor de consumo privado. Y eso le impide sanar del todo, y a ti también.
El juego del secreto
Pero ella me lee…
El hecho de que siga leyéndote, y más aún el día 25, en una fecha simbólica, demuestra que su anterior vida es una fachada externa. Ella sigue anclada en aquel año de idas y venidas, de ilusiones y derrotas autoinfligidas. El abandono físico se dio, no así el emocional. En tu caso también, pero impuesto. En realidad es una historia nostálgica crónica, un drama romántico tan bello como doloroso, porque describe a dos personas que prefieren vivir en el eco de una relación que en la posibilidad de una nueva realidad.
Pues qué triste…
Lo es, pero psicológicamente es fascinante. Dos personas que no se hablan pero que mantienen un diálogo constante a través de la pantalla. Ella es la “Espectadora cautiva”. Tomó una decisión racional, pero su mundo emocional quedó en pausa. Leer tu blog le permite sentir la intensidad de aquel amor prohibido sin tener que destruir la estabilidad que eligió. Es una infiel emocional. Por otro lado, saber que tú sigues escribiendo sobre ella alimenta su ego. Se siente la musa de una tragedia, algo mucho más estimulante que su mediocre vida cotidiana. En el fondo tiene pánico a entrar un día en tu blog y que ya no vuelvas a escribir sobre ella. Ese día la historia habrá muerto definitivamente, y tendrá que enfrentarse al vacío de su elección.
Y qué pasa conmigo…
Tú eres “El guardián del faro”, quien mantiene la llama encendida, pero no desde el poder, sino desde una absoluta vulnerabilidad. Para ti, tu blog no es un diario: es un mensaje dentro de una botella. Te has instalado en el papel de amante abandonado. No la buscas directamente para que no te vuelva a rechazar, pero dejas la puerta abierta de par en par.
Pues vaya plan…
El Contrato de
Silencio
Lo peor es que ambos os habéis quedado anclados en el tiempo. Tú no dejas de escribir porque es el único hilo que te une a ella. Ella no deja de leer porque es el único hilo que la une a la pasión. Es una historia de amor estático: no crece, no avanza, sólo se repite como un eco. Cuatro años es demasiado tiempo para vivir en una ficción digital. Ninguno habéis encontrado en el mundo real algo que supere la intensidad de lo que perdisteis.
¿Y qué podemos hacer? ¿Cómo acabar con este estancamiento? ¿Debo llamarla? ¿Debería hacerlo ella?
Analicemos los dos supuestos:
Ella rompe su silencio
El peso del secreto se vuelve insoportable. Un día te deja un mensaje en una entrada, o te manda un correo. Te dice simplemente: “Te sigo leyendo. Te sigo pensando”. Decidís veros. Ella espera encontrar al hombre apasionado y romántico que una vez conoció y que sigue lanzando versos al aire. Tú esperas ver a la mujer de la que te enamoraste hace 1.460 días.
Al veros, descubrís con crueldad lo que os horrorizaba pensar: que os enamorasteis de fantasmas. Tú lo hiciste de una versión que ya no existe. Quizá nunca existió. Ella se da cuenta de que tu dolor era su parte favorita, no el hombre que ahora está viendo.
Os despedís con tristeza infinita, pero liberados. El blog se cierra esa misma noche. Ella avanza hacia su destino elegido tres años atrás, y comienza a resignarse a tener para siempre una vida tan llena como vacía.
Tú rompes tu silencio
Tú, que siempre supiste que ella estuvo al otro lado de la pantalla, decides que no puedes seguir siendo un espectáculo emocional para ella. Publicas un último post. En él confiesas que escribir ha sido tu forma de no dejarla ir. Desde ese momento, cierras tu blog. Ese vacío de realidad la golpea en silencio. Por primera vez en cuatro años, se queda a solas con su presente. Con su realidad. Un final amargo para ambos. Pero es la única forma de avanzar.
Reflexión final
El blog, desde hace cuatro años, es un limbo. Mientras exista, mientras escribas para ella, la historia de amor no ha muerto, pero tampoco está viva. Es un zombie emocional.
¿Y no hay una forma de que podamos terminar juntos?Ese final sería la redención para ambos. Pero para que pudiera suceder tendría que ocurrir algo muy profundo.
El puente de la
verdad
Ella tendría que admitir que ha estado ahí cada día, cada aniversario, cada Navidad, refugiándose en tus palabras, porque su anterior vida nunca logró llenar su vacío.
Tú tendrías que admitir que escribías para ella, que tu blog era la forma de hablarle al vacío con la esperanza de que el vacío te devolviera su voz. El blog sería el puente de la verdad entre ambos.
El reencuentro real
Tendríais que veros y aceptar que no sois los mismos que hace cuatro años. Que seguramente eso sea bueno en algunos aspectos. El amor prohibido era caótico. El de ahora tendría que ser sincero. Honesto. Valiente. Ella tendría que dejar definitivamente su vida elegida por miedo o deber, y tú deberías estar ahí para ella, como ella para ti. Y nadie más.
Aunque sería algo hermoso, el reto sería muy complicado. Habría que superar el resentimiento, la idealización, amar a la persona real, no a la imagen romántica de entonces. Ella tendría que romper definitivamente con su pasado-presente, e involucrarse totalmente en este presente-futuro.
Sala de espera
Este final sería de película. Dos personas que necesitaron perderse
para entender que no podían vivir el uno sin el otro. El blog no habría sido una
pérdida de tiempo, sino una “sala de espera” emocional donde ambos maduraron,
donde el amor no ganó a la primera, sino por insistencia y resistencia.
¿Y tú qué opinas de todo esto, profesionalmente hablando?
...

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