
Te querré siempre.
Nunca te fallaré.
Siempre voy a estar ahí.
No te olvidaré jamás.
Esta vez es la buena.
Daría mi vida por tí.
Cuando me necesites, silba...
Verdades que sentimos sabiendo que se convertirán en mentiras, si no lo son ya. Pero somos así. Vivimos de la gloria del momento, de la emoción del (re)encuentro, del sudor compartido, de la saliva entremezclada. Así somos. Así es.
Pero no sólo eso. Incluso en los peores momentos mentimos.
No quiero volver a verte jamás.
Esto no te lo perdonaré en la vida.
Vete y no vuelvas.
Sal de mi cuerpo y de mi vida.
Sal de mi vida y de mi cuerpo.
Te juro que te voy a olvidar.
El dolor me ayudará a salir adelante.
Las primeras son las peores mentiras para quien las escucha. Estas últimas, son las peores mentiras para quien las pronuncia...
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