10 junio 2011

Dama de blanco

Dama de blanco, dulce reflejo de luna,
Desde hace ya sus mejillas permanecen
Frías, mojadas, bañadas del agua salada
Del mar de la melancolía.
Su pálida piel no consigue
Dar oportunidad al dulce carmesí
Que engalanaba su cara, sus ojos, sus días.

La dama de blanco lleva tiempo
Vagando perdida por los peligrosos riscos
De la tristeza, haciendo equilibrios por no caer,
Pero sin fuerzas apenas para agarrarse
A un rayo de luz que ilumine las empedradas calles
De su particular mundo interior,
Vacío ahora de candiles y portales.

Ya no suenan los laúdes, se apagaron las guitarras.
Los clamores de épicas batallas se antojan lejanos ya.
Sentada frente a la ventana,
Dirige su mirada perdida
A través de las celosías,
Soñando que sueña una vida,
Sintiendo que siente una vida.

Y brotan de nuevo las lágrimas,
Y siente que muere por dentro,
Y sus pétalos marchitos se apagan
Como lo hacen los lirios con falta de sol.
Y pregunta, y contesta, y asiente,
Y se enfada, y se encrespa, y no entiende
Dónde está, cuál ha sido el error.

Dama de blanco, dulce reflejo de luna,
Yo quisiera mitigar tu dolor.
Cepillar tu cabello, brindarte caricias,
Susurrarte palabras y cantos
Que lograran, por un instante,
Vencer desánimo y pena,
Ganar batallas al llanto.

Algún día, espero, confío, deseo,
Tus mejillas secarán con talco el relente,
Tu alma dragará la desazón y,
Sentada frente a la ventana, a través de las celosías,
Soñarás que soñaste una vida
mientras tus manos, sobre tu vientre,
Sentirán que sienten una vida.

Y entonces, esa vez sí…
Sonreirás.

4 comentarios:

  1. Gracias, mi viejo amigo.
    Creí habértelas dado hace tiempo, y hoy he vuelto a ti y a tu rincón después de varias lunas, y he descubierto que mi memoria me engañaba.
    Gracias. Pocos se han limitado a besar mis lágrimas sin intentar enjugarlas...

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  2. Tus lágrimas son tuyas. Así debe ser. Sólo tú tienes derecho a sufrir con ellas, e incluso, de alguna manera barroca, a disfrutar de su melancolía y, sin duda, de la catársis emocional que ellas suponen.
    Sólo me hubiera gustado que mis besos fueran menos torpes y más inspirados...

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  3. Tú me entiendes...
    Cuando digo que no puedo dejar de tocar una herida abierta, la mayor parte de la gente me dice: "¿no puedes... o no quieres?".
    Pues no, no quiero. Pocos son capaces de comprender eso.

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  4. Sí, te entiendo. Te entiendo como la noche entiende al rocío. Y por eso conozco la retorcida dulzura del dolor. Pero la herida ha de cerrarse. Has de asumir que ha de llegar un momento en el que sólo la toques para taparla con sal. De lo contrario, terminará necrosando... y tú con ella. No te impongas ritmos. Pero deja que el tiempo y la naturaleza hagan lo suyo, mi dulce Aliena...
    Te entiendo. Claro que te entiendo...

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