No desaparece. Pasan las brumas, las nieblas, las lluvias. Llega la primavera, con ese tibio sol traicionero y juguetón, que se esconde y aparece a voluntad. Pasan los calores del verano ruidoso y fugaz , quemando las pieles y devolviéndonos por breves instantes la ficiticia ilusión de que la vida es ese paraíso soñado de exóticos vergeles, turgentes formas y placenteras caricias sonorizadas por el rumor de las olas, lejanas ya. Vuelven los colores vivaces, ocres, displicentes del otoño a bañarnos de nostalgia y vida y muerte en sintonía. Y regresan las brumas, las nieblas, las lluvias, los fríos. Yo sigo mirando por la ventana el paisaje de mi pequeño agujero en el mundo. Me veo de nuevo sentado al piano dejando, como ahora, que los dedos transmitan, sin previa orden, lo que el corazón manda a hurtadillas, no siendo que al tirano de allá arriba le de por pensar y termine echando por tierra el monólogo emocional. Y me vuelvo a ver sólo, oculto, escondido en mi sancta-sanctorum sin puertas ni escotillas.
Vuelve el pasado, los pasados. Recuerdos de otras épocas, de otras vidas. Tantas vivencias, tantas oportunidades aprovechadas, disfrutadas, exprimidas. Y a la vez tantos sueños desvanecidos, posibilidades malogradas, historias imposibles. A veces creo que no es cierto, que he de haberme imaginado que hayan pasado tantas mujeres por mi vida, tantos labios susurrando metáforas en mi oído. Y que, sin embargo, tantas otras hayan podido ser y no hayan sido. De dónde saco tanto sentimiento? De dónde tanto amor? Y, siendo así, porqué continúa mi otro lado de la cama vacío? Hace muchos años alguien me dijo, a mis veintipocos, que cuando pensaba en mí y en mi futuro, me veía en un castillo... sólo. Joder con el oráculo.
Pasan las brumas, las nieblas, las lluvias. Llega la primavera, y sigo mirando por mi ventana. Me veo de nuevo sentado al piano, dejando, como ahora, que sin permiso ni previa orden, mis dedos hablen por mí. Que digan que sigo aquí, esperando,confiando, soñando. Soñando con una mujer vestida de blanco, en medio de un campo frondoso, con el pelo recogido, a la antigua usanza. Mirándome. Sonriendo. Tendiéndome su mano. Habrá de ser así. Quizá haya gastado el stock que la vida me tenía preparado. Habré de aceptarlo, pues. Siempre nos quedará París. Siempre los recuerdos. Vividos. Inventados. Qué más da...
Sigue escribiendo porque me encanta emocionarme leyendote. Te pediria mas y mas escritos porque me haces recordar, sentir. Gracias por transmitir. Alla donde este no dejare de leerte. Un beso
ResponderEliminarGracias a tí, María. Me alegro de que sea capaz de transmitir y emocionarte. Pero creo que eres demasiado amable. Allá donde estés.
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