23 enero 2009

Conciencia. Consciencia.

La falta de conciencia. La falta de conSciencia. Dos situaciones que marcan decisivamente la conducta humana. Las aberraciones que una persona puede ser capaz de cometer a menudo no son vistas como tales por aquellos que las cometen, si se ven afectados por la falta de conciencia, de conSciencia. Todo comienza por un hecho aislado, a hurtadillas. Sabe que la sociedad no lo ve bien, no lo entiende. Pero para él eso no es un delito. No tiene conciencia propia de que lo que hace está mal; tan sólo conciencia ajena. Pero, en un tiempo en el que se nos enseña la importancia de la individualidad, de la personalidad propia, del criterio autónomo y personal... a quién le importa si el resto no lo ve bien? Otras veces, sencillamente, el que comete la acción reprobable no sabe, no se da cuenta, no piensa que aquella es tal, que las repercusiones de sus actos serán nefastas: no hay conSciencia del mal que está ejecutando. Una y otra, con y/o sin "S", se mezclan y/o alternan en la persona, y así aberraciones como la pederastia tienen tristemente su portada dia sí, dia no, en los medios de información. O las violaciones, los maltratos, cohechos, robos en mayor y menor escala.... Se debe ingresar en prisión a un individuo que no es consciente de sus actos? O en un siquiatrico? Y a un tipo que no tiene interiorizado el concepto del mal como el resto de la sociedad? Temo yo que ni una ni otra sean la solución. Mientras no se invente un virus -o antivirus, depende como se mire- de la conciencia, mientras no llegue ese futuro cinematográfico en el que se instale un chip en el cerebro con la información moral que al sujeto le falta, el tema tiene difícil arreglo. Y, llegado ese momento... quién controlará al controlador? Quien nos asegura que esa información inoculada artificialmente en nuestro cerebro no sirve para manipularnos? Gran Hermano te observa, pequeño...

Conciencia, conSciencia... Hay quien tiene ambas. Y no obstante, hace el mal. Como el pederasta español de actualidad hace días, o la "mataviejas". Esos son una raza aparte. No son enfermos. No son amorales. Simplemente son hijos de puta. Y a ellos sí. A ellos hay que darles caña. Por todas partes. Dentro del marco de la ley y la normativa vigente blablabla... Ya me entendéis.

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