Hay quien ante una elección entre A y B busca soledad y se aleja, pero sólo de B. Y el resultado, como es lógico, es de lo menos esclarecedor, aunque pueda parecerlo. O quizá sí, depende. Es tan importante la perspectiva... Siempre recuerdo la escena de "El club de los poetas muertos", subiendose los alumnos a la mesa para comprobar cómo un punto de vista distinto hace que un mismo, hecho, lugar, aparezca completamente nuevo...
Hay quien ante una situación oscura busca ayuda en los psicólogos, con lo que eso supone de peligro. Es menester tener en cuenta la valía del profesional, la información que le proporciones y cómo se la proporciones... A menudo, el resultado de una información sesgada o mal proporcionada es desastroso.
Hay quien en esa misma situación, realiza ejercicios de introspección. Como llevo haciendo toda la vida, pero más profundamente. Se pregunta las cinco"W" (en inglés): Qué, quién, cuándo, dónde y por qué. Y a partir de ahí, matemática pura: ecuaciones, silogismos, axiomas y corolarios. Nunca fui bueno en matemáticas. Aunque me gustan...
En estas he andado últimamente, a mayores de buscar información aquí y allá, consejos y terapias varias, dentro y fuera. Pero nada formal. A mi aire, como siempre. Desgranando trigo entre paja y fango, encontré, hace ya un tiempo, una cita atribuída a Frida Kahlo, que lleva días en mi mente: "A veces tienes que olvidar lo que sientes y recordar lo que mereces". Interesante. Contundente. Demoledora.
Y es que somos tan simples a menudo que creemos que aquello que queremos es aquello por lo que vale la pena derramar hasta la última gota de sangre. Y no siempre es verdad. Muchas más veces de las recomendables nos empeñamos en perseguir un sueño porque en su momento tenía visos de convertirse en realidad, o queríamos creerlo. En ocasiones sentimos algo fuerte, intenso, especial, único por alguien, y eso nos lleva a la cuestionable creencia de que tenemos que conseguirlo sí o sí. Porque es lo que necesitamos. Porque es lo mejor para nosotros. Otras el objeto de nuestros anhelos no es una persona, sino una cosa, un trabajo, una situación. La perseguimos, trabajamos, echamos fuerza, voluntad y lágrimas en el empeño. Suele ocurrir que casi nunca conseguimos nada de ello.
Pero a veces, sólo a veces, la vida es tan hijaputa que nuestros sueños, aquello por lo que hemos trabajado, nos lo concede. Todo bien, a priori. Felicidad e ilusión, alegría y esperanza. Y es entonces, justo en ese momento, en el mejor momento, cuando nos damos cuenta de que lo que queremos, lo que sentimos... no es lo que merecemos. Y ese instante es perturbador, dramáticamente desestabilizante. ¿Para qué entonces tanto esfuerzo? ¿Para qué tanto trabajo, tanto empeño, tantas lágrimas? ¿Para qué tantas noches sin dormir, si lo que te espera después es justo eso, más noches en vela?
No siempre lo que queremos, lo que obtenemos, es lo que merecemos. Es así. Quizá lo que hemos conseguido no sea todo lo que podemos conseguir. Quizá aún queda zumo en el limón para llenar el vaso de nuestras necesidades. Quizá cortando la parte golpeada, el resto sea perfectamente satisfactorio, refrescante y vitamínico. Vida. Por eso soy inconformista. Cada vez menos, paradójicamente. La edad pareciera que lleva a ello, pero también lleva a establecer otra serie de prioridades y tener en cuenta otros factores, propios y ajenos. Pero quedarse con el vaso medio lleno cuando lo necesitas hasta arriba, habiendo zumo de sobra que extraer... me parece una estupidez.
¿O... no?
P.D. 31-07.

No hay comentarios:
Publicar un comentario