Este año que se marchita, pero no muere. Este año que marchita, y mata. Este año que acaba, pero sigue. Sigue socavando moral, integridad, miserias. Socavando el deseo de que todo empiece limpio, brillante y lleno de ilusión con el nuevo año.
Acaba diciembre, y con él la vida, el futuro, las ilusiones de muchas almas, muchos seres que no merecían el desprecio y el olvido, el entierro en una fosa común de soledad.
Acaba el año, y las redes asociales se llenan de cartelitos diciendo en una frase lo que su autor ha aprendido, lo que le ha enseñado este 2020. Yo no puedo resumirlo en una sola. Son tantas cosas...
Lo primero que he aprendido, lo más importante, por grave y trascendente: la gente, salvo contadas y honrosas excepciones, es IDIOTA. Idiota; egoísta; ignorante; insensata; insolidaria. Si esa conjunción de factores no se puede definir como maldad, se acerca mucho a ello. Con la ratificación de lo que ya se intuía a menor escala, difícil seguir subiendo en gravedad.
He aprendido, consecuentemente, que el peor virus de la naturaleza no es un ser inerte, o "no vivo", como algunas corrientes de la comunidad científica se empeñan en denominarlo. El peor virus está muy vivo, aunque cada vez menos: el ser humano. Su egocentrismo, su egoteísmo, su ego... A veces pienso que esta pandemia es la manera que ha encontrado la naturaleza, como ha hecho a lo largo de millones de años, de curar su principal enfermedad: nosotros. La madre tierra seguirá su viaje por el espacio. La vida se abrirá camino, como siempre ha sido, como ha hecho en cuanto hemos tenido que recluirnos. Animales por las calles, verde en las aceras, azul en el cielo. Ahora hemos vuelto a salir, y Gaia no va a permitir que volvamos a enfermarla.
He aprendido que el ser más fuerte puede caer como un castillo de papel con la base mojada por lágrimas derramadas sobre la mesa. Que todos, por fuertes que seamos, tenemos derecho a sentirnos débiles. Y no pasa nada. Que las lágrimas son necesarias, a veces, para regar nuestras raíces y reverdecer. No sé si más fuertes, pero al menos... vivos.
Que la soledad es más dolorosa y mortal que el propio virus. Mata despacio, en silencio. Te consume hasta secarte y convertirte en mojama emocional. Que no podemos elegir nacer, ni a menudo cómo vivir. Pero sí podemos escoger cómo, cuándo marchar. El acto de egoísmo más legítimo, aunque con él no mueras sólo tú. Yo tengo preparadas mis maletas y reservado el billete. Sólo he de esperar el momento adecuado. Y espero poder decidirlo yo.
He aprendido la verdadera importancia de los abrazos. En este año de hipersoledad elegida por hiperresoponsabilidad hacia quienes más quiero, he podido comprobar cómo la ausencia de las vibraciones, la energía del ser querido rodeándome, me ha hecho sentir un vacío tan doloroso como mortal. Un abrazo es un intercambio de vida, de emociones, de linfa vital a través del aura y su calor que te inunda y alimenta. No dejemos de abrazarnos en cuanto podamos. Más importante aún que un beso, que el mismísimo sexo. Sin esto último he podido vivir sin mayor sufrimiento. Sin los abrazos... a duras penas.
He aprendido a decir "Te quiero" a mis seres queridos. A Todos. Con la mayor parte de ellos lo he hecho mediante la literalidad de las dos simples palabras. Con alguna otra, más elaboradamente. Pero lo he hecho. Y quiero seguir haciéndolo. Siempre. Palos y piedras? Las palabras también. Y la ausencia de ellas. Por eso nunca ya dejaré de decirlo. Te quiero.
He aprendido que si alguien no te corresponde, si alguien no te quiere, si no quiere estar contigo, debes dejarle marchar, sin más. Sin más.
He aprendido tantas cosas... A caer y a levantar, a cerrar los ojos y, a mi pesar, volver a despertar con los primeros rayos del amanecer. A llorar y a sonreir. A ser menos yo y más los demás. A sacrificarme por quien lo necesita, por quien me necesita. A trascender. A seguir adelante, aunque haya de atarme saquitos de piedras en los tobillos para que el viento de la vida no me lleve ante la hoquedad de mi mochila de esperanzas.
He aprendido. He aprendido tanto...
Y mientras escribo suena esto. El descubrimiento de un alter ego emocional......

No hay comentarios:
Publicar un comentario