Aquí llega la lluvia... de nuevo. Lluvia.... bendita lluvia... Limpia el aire que llena mi alma y libera las toxinas que impregnan sus paredes. Moja los campos y dame con ellos de comer, de beber, de vivir. Saca brillo a los paisajes, optimiza la luz del sol cuando respire. Lléname de humor y de melancolía y, con tu aroma, adorna los sentidos aletargados de la gente que camina maldiciendo tu presencia, ignorantes, simples, huecos de arte y de su esencia.
Bendita lluvia... Mójame entero. Recorre todo mi cuerpo cayendo en cascada desde mi pelo y por mis cejas. Inúndame de arriba a abajo. Sacia mi sed de melancolía, penetra en mí y arrastra con tu fuerza sanadora toda la tristeza, la basura, la impureza. Libérame de este mal. Y llévatela lejos. Que navegue por tus aguas o naufrague en los riscos de tu braveza. Pero llévatela. Llévatela y que no muera. Llévatela, y devuéveme su recuerdo límpido y brillante, blanco e inmaculado.
Lluvia... bendita lluvia... Libérame de mí! Pero hoy no. Déjame dormir al ro ro de tu llanto cadencioso, acunado por el suave balanceo del alcohol. Deja que haga su efecto por esta noche. Y mañana... llueve. Tras los cristales llueve... y llueve...
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