El auto-conocimiento es un camino de largo recorrido. No se sabe con certeza cuándo comienza. Algunos lo inician voluntaria y conscientemente. Un buen día se miran al espejo y ven un interrogante. Analizan qué han hecho en su vida y por qué, y llegan a la escalofriante conclusión de que no lo saben. Entonces deciden echar a caminar hacia la luz. Otros no han tenido que planteárselo apenas. Saben perfectamente quienes son y la razón de su comportamiento. O eso creen. Tienen asumido, simplemente, que todo lo que hacen está justificado, aunque les dé miedo adentrarse en las causas. Si no quieres encontrar, no busques. Así de sencillo. También hay a quienes esa visión en el cristal les resulta absolutamente extraña. No tienen la más mínima noción de su identidad. Estos ni siquiera tienen la certeza de la corrección de sus actos. Van por la vida sin espejo retrovisor. Actúan sin pensar en nada salvo el propio momento, y meten la cabeza bajo el ala si tras su acción se oye el más mínimo ruido. Examinarse está mal, encuentras cosas que no te gustan. Entonces… para qué vas a hacerte esa putada a ti mismo? Lo peor es que, en cierto perverso modo, no les falta razón.
Existen más secciones en el catálogo del self-knowledge. Yo, sin ir más lejos, me desmarco de las anteriores. Como de costumbre, me ubico en un apartado minoritario, el de quienes llevan desde su adolescencia mirando hacia dentro, buscando en la oscuridad. Me considero una persona con principios; un ser ético que intenta llevar su vida conforme a sus valores, que busca la coherencia por encima de todo. Puedes engañar a los demás, eso está mal. Pero engañarse a uno mismo no es malo: es estúpido. Creo poder afirmar que sé quién soy. Lo cual no significa forzosamente que sea lo que quiero ser. Pero es un paso muy importante, fundamental. Son muchos años de introspección y auto-educación. Muchos años de observar a unos y otros, dentro y fuera, acción y reacción. Sin embargo, aún hay veces que me sorprendo. Cuando creo que mi cuaderno-guía está lo suficientemente implantado y asimilado; cuando pienso que domino perfectamente mis instintos y mis debilidades; cuando camino con paso seguro confiado en mi integridad y mi fortaleza de espíritu… me sorprendo haciendo algo que nunca pensé hacer. Puede ser acumulación de tensión; quizá, muy probablemente, la explosiva combinación de estrés, cansancio, decepción, rabia e impotencia, aplicadas a varias facetas importantes de mi vida, todas al alimón. (Ahora que lo pienso, no sé cómo he aguantado tanto tiempo con todo eso dentro…). Puede ser. Pero no es excusa. Soy humano, por supuesto. A veces lo olvido. A veces lo olvidan. Pero lo soy. Y eso, por sí sólo, habría de ser suficiente excusa. Pero no me lo permito. La realidad de mis debilidades y mi derecho a cometer errores no son suficientes para traspasar determinadas líneas. Quizá para otros sí. Para mí no.
No voy a castigarme por ello. No voy a torturarme por algo que no ha tenido consecuencias punibles, aunque sí morales para mí. Pero he de pedir perdón. No por el fondo del asunto. No por lo justificado de mi decisión. Sí, sin duda, por las formas. Un caballero lo es siempre, incluso a la hora de limpiarse el culo. Y lo que he limpiado aquí no ha sido detritus, precisamente. He arrancado de raíz la flor que podía haber podado. Las espinas aún se encuentran en mi mano. Justo castigo…
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