Vamos por la vida con una convicción, la de que somos los dueños de nuestro destino. Creemos que mandamos, que tenemos el poder. Que podemos decidir hacia dónde dirigirnos. Que nada ni nadie puede separarnos del camino elegido. Nos inflamos de ego, nos rodeamos de brillante aura y desprendemos infulas de grandeza y autosuficiencia. Pero... ¿y si no fuera así? ¿Y si en realidad tal convicción no fuera sino una triste, patética fantasía? ¿Y si nuestro libre albedrío no fuera ni una cosa ni la otra? ¿Y si tal consistiera únicamente en poder elegir uno de entre decenas de vericuetos que llevan igualmente al mismo final?
A veces un rayo de luz ilumina nuestra oscuridad. A veces un sol cegador clarea nuestras sombras cuasieternas, justo cuando pensábamos que viviríamos en la penumbra perpetua, que nunca encontraríamos un haz fotónico entre los resquicios de las petreas paredes de nuestra platónica cueva. Pero... ¿y si ese rayo de luz no fuera más que el brillo de una luciérnaga? ¿Y si ese sol cegador simplemente fuera el engañoso fulgor de una piedra contra otra al chocar? ¿O la chispa de una cerilla defectuosa y gastada?
Y volvemos a creer. Volvemos a confiar. Desenterramos las siete llaves de nuestra cajita, abrimos puertas y ventanas para ventilar la estancia interior, para que el aire corra y se lleve el olor a moho y humedad, para que el corazón respire y disfrute del tibio calor del astro rey. Y poco a poco volvemos a latir. Y poco a poco nuestra sangre vuelve a fluir, al tiempo que las lágrimas vuelven a generarse y humedecer, siquiera de emoción, nuestros cansados y resecos ojos. Volvemos a vivir. Más aún: a sentir que vivimos. Pero... ¿y si en lo que creemos es sólo una ficción? ¿Y si la persona en quien confiamos nos deja de lado justo cuando más necesitamos de ella? ¿Y si sentimos su abandono como la más alta traición, como un arpón que atraviesa nuestro pecho? ¿Qué hacemos entonces? ¿Qué podemos hacer? ¿Qué hacemos con nuestro amor, con nuestra esperanza, con nuestra pasión? ¿Qué hacemos con nuestras ilusiones, con nuestros planes de vida, con las dulces lágrimas de emoción que se vuelven amargas? ¿Qué hacemos con ese lado de la cama, ahora vacío? ¿Qué hacemos sin nuestro hueco?
Sentimos que nada de lo que hemos hecho ha servido para algo. Que nuestra dedicación, nuestra entrega, nuestra preocupación constante, nuestra voluntaria exclusividad, todo, ha sido burlado. Que las palabras vertidas hacia nuestros oídos han sido simplemente bellos pero mentirosos, o tal vez sólo ingenuos sonidos. Que "siempre", "nunca", ´"jamás" y "todo" son únicamente adverbios retóricos fruto de la emoción del momento, pero vacíos de contenido en cuanto surge la ocasión de contrastarlos y enfrentarlos a la realidad cotidiana. Y pensamos que somos personas de palabra, que no decimos nada por decir, y no entendemos por qué la otra persona no es así. Por qué el amor, tanto amor, no conlleva capacidad de sacrificio y, sobre todo, humildad y lucha. Lucha eterna por aquel a quien quieres. Por aquel por quien mueres. Y nos sentimos humillados, engañados, derrotados una vez más. Creíamos que el amor entre un hombre y una mujer existía en realidad. Pero... ¿y si no es verdad? ¿Y si tan sólo el amor entre un padre y un hijo es el verdaderamente único y (no siempre) desinteresado? ¿Y si las personas que buscamos algo más en la vida que estar, sino más bien SER, estamos condenadas a sufrir, a la soledad, a la marginación? ¿Y si el amor, el concepto clásico del amor, el AMOR... no existe? ¿Y si tan sólo de pensar esta hipótesis mis dedos tiemblan y mis ojos se humedecen, una vez más? ¿Y si.... todo hubiera sido un mal sueño? ¿Y si Calderón por una vez sentenciara en mi favor? ¿Y si...?
Y si en lugar de pensar en lo que podria habersido y no fue no disfrutas el momento, le vives intensamente y que la luz que ilumine tu camino sea la tuya y tu olvido?
ResponderEliminarEn ocasiones las cosas no ocurren para bien.
Hay muchas personas que merecen la pena y te necesitan alegre y con buen humor. Que sea por ti y tambien por ellos.
Sonrie a la vida que ya te reiras con ella.
Gracias, María. Viniendo precisamente de tí, me aplicaré muy mucho el cuento. Me permito, no obstante, divagar, reflexionar y, en último extremo, desahogarme por este medio. Todos necesitamos liberarnos del lastre de la pena y el dolor, gritar profundamente y, ya vacíos de lastre (o casi)levantarnos y seguir nuestro camino. Besos.
ResponderEliminarhttp://www.youtube.com/watch?v=cCg5FUr-mUU (tB)
ResponderEliminarGran aporte, Anónim@. Es justo el "Y si..." que me faltaba.No entiendo cómo no lo he tenido en cuenta. A veces estamos tan ciegos mirando al sol... Gracias! Saludos.
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