Cada uno por su lado, recorrieron caminos y montañas, sendas y autopistas. Hicieron un breve alto en pro del necesario descanso, y se encontraron. Uno y otro se miraron. Se recorrieron milímetro a milímetro. Descubrieron cada poro de su piel. Se besaron y amaron como dos extraños que reconocen en el otro el pedazo perdido de su alma, la razón de su existir. Se amaron tan intensamente que lloraron. Y las lágrimas, cuando comienzan a fluir, hacen surcos y regueros. Se acostumbran, se vician, se enloquecen. Se acostumbran. Se acomodan. Permanecen.
Volaron a ras de suelo. Soñaron una vida de amor y fantasía, de anhelos y ambrosías. Soñaron que soñaban. Soñaron que vivían. Y los sueños... Alguien dijo una vez que el amor duele, y más verlo morir. Las estrellas quizá erraron su objetivo. Los guijarros del camino hicieron llagas en sus pies, atravesando piel y carne, hueso y sangre. Pero amaron. Amaron el amor. El concepto mismo del amor.
"Bésame", dijo ella cuando se encontraron. "No dejes de besarme", dijo él cuando se despidieron.
Erik, una vez más tremenda historia; triste, esta vez, pero preciosa.
ResponderEliminarEl amor duele, sin duda... por eso se sabe que es amor y, está visto que, los sueños... Calderón pero, te deseo que encuentres tu sueño en tu realidad y que comiences a vivir soñando, sin dolor y sin que dejen de besarte, NUNCA
Gracias por tus buenos deseos, Berta. Confío en que no dejen de besarme... NUNCA.
ResponderEliminarPor mi parte, te deseo lo mismo...