03 diciembre 2010

Banda Sonora (IV)

Cada año sucede lo mismo. Y van dieciséis… Con la llegada de los primeros fríos vuelven a mi los recuerdos de un gran amor. Otro más. Distinto, como todos. Especial, como pocos. Mientras la escarcha amorata mis dedos y amenaza con quebrar mi piel, mis pasos  me llevan instintivamente a la salida de aquel instituto. Yo la esperaba semiescondido, impaciente por verla aparecer en el recreo con su coleta trenzada y el bocadillito de margarina y azucar envuelto diligentemente en papel albal. Paso rápidamente, mirando de reojo al interior, por si su figura se recortara entre las alumnas que hablan en corro con la carpeta forrada sobre sus pechos. O me sitúo en aquel viejo patio desde el que aguardaba la hora de la salida, con la vista fija en el interior, intentando sin esfuerzo dibujar su cuerpecito saliendo del hall. Yo tenía veintitrés. Ella, aún no había cumplido los dieciocho. No consigo localizar en mi memoria una piel tan delicada, una blancura decimonónica como aquella. Sus mejillas se sonrojaban tenue y dulcemente a cada palabra cariñosa, cada ironía picante, con cada doble sentido. Estaba continuamente sonrojada…

Cuando la descubrí yo me hallaba perdido. Después de mi traumática ruptura con P., mi interior se hallaba en ebullición. Sentimientos negativos, destructivos, invadían mi alma de veinteañero. Un peligroso abismo de desolación y tristeza me consumía, mientras la desesperanza iba acomodándose con pretensiones de permanencia. Y apareció ella. Sin darme cuenta. Caminando despacito, casi de puntillas. Un día me miró desde lejos, tímida y cabizbaja. Apenas noté su presencia. Cada nueva ocasión se iba acercando un poco más. Pero yo seguía sin percibirla. Una tarde tendió su mano. Agarró las mías y me miró. La miré. Nos miramos. Supe entonces que no podría olvidarla nunca. Y así ha sido. El nuestro fue un amor imposible, desde sus propios inicios. Pero, y quizá por ello, una de las más bellas historias de amor que he vivido. Yo era Romeo. Ella asomaba por el oriente con su vestido de época y su tez empolvada en aromático talco. El sol tibio de invierno que derrite el relente. El sol cálido de mayo, que acaricia las primeras pieles desnudas. Pero no podía ser. Yo era un Montesco, y sus padres, Capuletos de pro. El morbo añadido de lo prohibido fomentó aún más nuestro deseo, nuestra necesidad. Maestro de la vida, alumna del amor. Fortaleza y debilidad, experiencia e inocencia. Un explorador descubriendo nuevas especies, flores que explotaban a borbotones impregnando mi piel con su exótico y delicado olor. Qué bonito ser su llave secreta, su experto guía, su sumiso señor. Pasión, ternura, dedicación. Devoción, entrega, tragedia, dolor. Deseo. Amor. Sumisión.

Ella está superada, como no podía ser de otra manera. Me costó más de tres años, no obstante. Hace poco la ví. Hacía muchos años que no me la encontraba. Creo que no me vió. Yo a ella sí. A ella, o a lo que quedaba de ella. Me costó reconocerla, a pesar de conservar un cuerpo similar. Las personas no somos una sola. Somos prismas que, siendo en esencia el mismo cristal, reflejamos una luz distinta en cada momento, dependiendo del ángulo de visión, del ambiente, del emisor. Aquella persona por la que dimos la vida años ha, no es la misma ahora. Y nosotros tampoco. Cada sentimiento se debe a cada vivencia. Y estas suceden una sóla vez. Y caducan. Lo que pensamos, cómo nos sentimos cuando recordamos, ocurre precisamente por eso: por recordar. Y los recuerdos son pasados. Son historias cerradas, que se han convertido en una película con el transcurso del tiempo. Y las películas son ficción, grabaciones de algo que ocurrió en un momento y unas circunstancias que no volverán a repetirse. Por eso las segundas oportunidades, con el paso de los años, no son más que intentos de vivir un recuerdo, un sueño. Una ilusión del alma que la realidad acabará por ensuciar.

Con ella me sentí amado de una forma tan singular, tan hermosa, tan dulce… Por mi parte, no he vuelto a amar a nadie igual. Lo que sentí por E. marcó y definió la manera en la que necesito, deseo, siento, aspiro querer a una mujer. Un día me preguntó qué había aprendido con ella. No supe contestar. Hoy sí lo sé. Aprendí a amar al amor.

Como buen maestro, parte de mi doctrina consistía en enseñarle a apreciar la música, la que formaba parte de mí. De entre todos, hubo un tema que le llegó especialmente. Helo aquí.

Some Other Time. The Alan Parsons Project

In a matter of a moment
Lost till the end of time
It's the evening of another day
And the end of mine

Now the starlight which has found me
Lost for a million years
Tries to linger as it fills my eyes
Till it disappears

Could it be that somebody else is
Looking into my mind

Some other place
Somewhere
Some other time

Some other place
Somewhere
Some other time

Like a mirror held before me
Large as the sky is wide
And the image is reflected
Back to the other side

Could it be that somebody else is
Looking into my mind

Some other place
Somewhere
Some other time

Some other place
Somewhere
Some other time

http://www.youtube.com/watch?v=ECUfp0I0XLs

Traducción aproximada:

En Algún Otro Momento.

En cuestión de un instante, perdida en el fin del tiempo,
Está la tarde de otro día
Y el final del mío.

Ahora la luz de la estrella que me encontró
Tras estar perdido durante un millón de años
Se va desvaneciendo mientras llena mis ojos
Hasta que desaparece

Puede ser que alguien más esté
Mirando dentro de mi mente?

Algún otro sitio
En algún lugar
En algún otro momento

Como en un espejo colocado frente a mí
Tan largo como ancho es el cielo
La imagen es reflejada
De nuevo al otro lado

Puede ser que alguien más esté
Mirando dentro de mi mente?

Algún otro sitio
En algún lugar
En algún otro momento

Algún otro sitio
En algún lugar
En algún otro momento

6 comentarios:

  1. No tantos, aunque muchos más de los que pudiera imaginar, teniendo en cuenta que no me promociono personalmente... Gracias a todos.

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  2. Me emociona lo que cuentas y cómo lo cuentas. Gracias.

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  3. Gracias a tí, Anónimo.

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  4. Precioso recuerdo. Y muy acertado. Me alegro de leerte, Erik, y de comprobar que el tiempo no te ha cambiado. Brindo por los recuerdos.

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  5. Por ellos, y por sus protagonistas. Por los recuerdos vividos, y por los recuerdos soñados. No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió... que decía Sabina. Gracias por volver, Aliena.

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